BUSCAR en este Blog

miércoles, 12 de julio de 2017

Thomas Dalton - Reconsiderando "Mein Kampf"



     En el sitio inconvenienthistory.com de ensayos e investigaciones de la Historia contemporánea se publicó en Marzo de 2016 (vol. 8 Nº 1) el siguiente interesante estudio, que ofrecemos en castellano, del libro de Adolf Hitler editado como un solo volumen, uniendo sus dos partes, en 1927. El escritor de este texto, Thomas Dalton, presenta los antecedentes históricos generales que son necesarios para explicar dicha obra, las circunstacias biógraficas de su autor, los acontecimientos de la historia alemana que incidieron en ella, su estructura interna, los problemas de las traducciones al inglés (anunciando su propia nueva traducción, habiendo sido publicado su primer volumen en Mayo pasado), la tendenciosidad de los diversos editores, y los principales temas que han motivado y provocaron discusiones tanto en la época de su publicación como actualmente, además de señalar qué es lo trascendente en dicho crucial libro del siglo XX.


RECONSIDERANDO "MEIN KAMPF"
por Thomas Dalton
Marzo de 2016



     El 1º de Enero de 2016 el libro Mein Kampf dejó de tener derechos reservados de reproducción. Han pasado 70 años desde la muerte del autor, y de acuerdo a la ley de propiedad intelectual internacional, la protección legal para el libro ha expirado. Entonces ésta es quizá una buena ocasión para reconsiderar y reexaminar esa muy conocida obra y tal vez desterrar algunos de los muchos mitos que la rodean.

     En efecto, estamos ya bastante atrasados para un tratamiento revisionista de dicha obra. En mi experiencia, muy pocas personas realmente entienden lo que hay en ella. El hombre común, incluso el instruído, probablemente conoce poco más que el título y el autor. Los revisionistas que trabajan en el "Holocausto" o en cualquiera de las Guerras Mundiales a menudo evitan el libro completamente, como si no tuviera ninguna importancia en absoluto; muy probablemente, ellos nunca lo han leído. Periodistas tradicionales, académicos y supuestos expertos, con frecuencia muestran su ignorancia sacando de contexto algunos pasajes, pasando por alto hechos claves, o simplemente dejando de citar al autor apropiadamente. Más generalmente, el enfoque predominante de Mein Kampf parece ser bastante similar a sus tácticas en cuanto al revisionismo del "Holocausto": ignorar, censurar o denigrar. Es simplemente demasiado problemático hablar de dicha obra en una manera que pudiera llevar a los lectores a hacer preguntas difíciles, o a examinar el libro mismo.

     Una gran parte de la razón de la oscuridad del libro es el lamentable estado de sus muchas traducciones inglesas. Hablaremos de ellas y las criticaremos luego. Éste es también uno de los motivos por los que estoy actualmente trabajando en una nueva traducción donde presento en paralelo el texto en alemán y en inglés, la primera de todas, de hecho. Intentaré remediar muchos de los defectos que existen en las actuales versiones, y proporcionar alguna perspectiva revisionista en el trabajo entero. En este ensayo examino las traducciones, hablo de algunos de los temas principales del libro, y abogo por su importancia en el día de hoy.


UNA OBRA MUY TRASCENDENTAL

     Mein Kampf es la autobiografía y la cosmovisión articulada de uno de los líderes más trascendentes y visionarios en la Historia mundial. Es también uno de los textos más calumniados y manipulados del siglo XX. Ha habido tantas confusiones, engaños y falsedades absolutas puestas en circulación sobre esta obra que uno apenas sabe por dónde comenzar. Sin embargo, ha llegado el tiempo de poner la historia en orden.

     Que Adolf Hitler siquiera hubiera emprendido tal trabajo es muy afortunado. No siendo ni un académico formal ni un escritor natural, y estando totalmente preocupado por asuntos pragmáticos de la formación de un partido, él bien podría nunca haber comenzado una tarea tan importante, si no hubiera sido por la posibilidad que tuvo para ello durante su período en la cárcel durante un año entero. En una de las muchas ironías de la vida de Hitler, se requirió simplemente un acontecimiento tan adverso para incentivarlo a dictar la historia temprana de su partido y su propia historia de vida. Aquello se convertiría en el Volumen Uno de su magna obra en dos partes de 700 páginas. Dicho libro tendría un efecto impresionante sobre la Historia mundial, e iniciaría una cadena de acontecimientos que todavía tienen que llegar a su fin totalmente. En este sentido, Mein Kampf es tan relevante hoy como cuando fue primeramente escrito.

     Quizá el lugar para comenzar es con la razón fundamental que existió para escribir el libro. ¿Por qué lo escribió Hitler? Claramente no se trató de una exigencia; muchos políticos principales en la Historia han ido y venido sin dejar un registro personal escrito. Incluso su tiempo en la prisión podría haber sido ocupado comunicándose con líderes del partido, construyendo apoyo, solicitando aliados, etcétera. Pero él decidió pasar la mayor parte de su permanencia allí documentando los orígenes y el crecimiento de su nuevo Movimiento. Y eso fue una bendición para la Historia así como para el entendimiento del espíritu humano.

     La obra en la que se ocupó parece haber servido al menos para cuatro propósitos para su autor. Primero, es autobiográfica. Este aspecto consume la mayor parte de los dos primeros capítulos, y está repetidamente entretejido en el resto del Volumen Uno. Para aquellos curiosos sobre los 35 primeros años de la vida de Hitler, este aspecto es inestimable. Da una información exacta y relevante de sus primeros años, su educación, y el desarrollo temprano de su cosmovisión. Como cualquier buena autobiografía, proporciona una irreemplazable descripción de primera mano de una vida. Pero también ofrece la tentación habitual de presentar los acontecimientos bajo una luz halagadora, de minimizar los defectos, o de obviar episodios inconvenientes. Con respecto a esto, Hitler procede bien; él proporciona una historia de vida honesta y abierta, carente de omisiones o fabricaciones conocidas, una historia que es esencial para entender su pensamiento y actitudes en asuntos sociales, económicos y políticos.

     En segundo lugar, Mein Kampf es una especie de lección de Historia de Europa alrededor del cambio al siglo XX. Hitler fue un observador próximo —y a menudo testigo de primera mano— de muchos de los principales acontecimientos de ese tiempo. Él sirvió en las trincheras de la Primera Guerra Mundial durante más de cuatro años, lo que fue prácticamente la duración entera de esa guerra. Sirviendo en el lado "perdedor", él naturalmente da una interpretación diferente de los acontecimientos que son comúnmente descritos por los historiadores de las naciones victoriosas. Pero este hecho debería ser bienvenido por cualquier observador imparcial, y en sí mismo hace del libro algo digno de leer. Con raras excepciones —como "Tormenta de Acero" de Jünger— ninguna otra fuente alemana contemporánea de no-ficción de ese tiempo está fácilmente disponible en inglés. Para aquellos interesados en la Gran Guerra y su secuela inmediata, este libro es irreemplazable.

     En su tercer aspecto, el libro sirve para documentar los orígenes y los rasgos básicos de la cosmovisión de Hitler. Ésta, de manera en absoluto sorprendente, es la parte del libro que ha sido más distorsionada en las versiones occidentales estándares. Aquí encontramos las percepciones y acontecimientos desencadenantes que condujeron a un hombre joven sin educación superior formal a desarrollar una ideología sorprendentemente visionaria, expansiva y previsora. La preocupación primaria de Hitler, como leemos, era el futuro y el bienestar del pueblo alemán, de todos los alemanes, sin tener en cuenta la unidad política en la cual ellos vivían.

     El pueblo alemán, o Volk, era, creía él, una etnicidad individual con intereses propios únicos y singulares. Ellos eran —indiscutiblemente— responsables de muchos de los mayores logros en la historia occidental. Ellos, los alemanes, estaban entre las principales lumbreras en la música, la literatura, la arquitectura, la ciencia y la tecnología. Ellos eran grandes guerreros, y grandes constructores de naciones. Ellos eran, en gran parte, la fuerza impulsora detrás de la propia civilización occidental. Hitler estaba justamente orgulloso de su herencia. Igualmente él se irritó ante las indignidades sufridas por ese gran pueblo en las décadas recientes, que culminaron en la desastrosa humillación de la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles. Él buscaba, sobre todo, remediar esas injusticias y restaurar el manto de grandeza para el pueblo alemán. Para hacer eso, él tuvo que identificar tanto a sus opositores primarios como a las defectuosas ideologías y estructuras políticas que los ligaban. Y luego él procedió a perfilar un nuevo sistema sociopolítico que pudiera llevarlos a un destino más alto y legítimo.

     Finalmente, en su cuarto aspecto, Mein Kampf es una especie de guía para la acción. El libro describe la evolución y los objetivos del Nacionalsocialismo y el NSDAP, o Partido Nacionalsocialista, con persuasivos detalles. Hitler naturalmente quería que su nuevo movimiento tuviera éxito en tomar el poder en Alemania y en un futuro Reich alemán. Pero el libro no es ningún análisis teórico. Hitler no es nada sino pragmático. Él tiene objetivos concretos y medios específicos para alcanzarlos. Él solamente siente desprecio por las geistige Waffen, las armas intelectuales, de la impotente intelectualidad. Él exige resultados, y éxito.

     De manera importante, su análisis es, en gran parte, independiente del contexto. Aquello no tiene que ver sólo con los alemanes, o sólo con las circunstancias de mediados de los años '20. Es un enfoque ampliamente universal basado en las condiciones del mundo moderno, y en la naturaleza humana. Como tal, el análisis de Hitler de la acción es relevante y útil para muchas personas hoy, para todos aquellos que podrían esforzarse por la grandeza nacional en cuerpo y espíritu.

     Esta compleja estructura textual de Mein Kampf explica algunas de las quejas de los críticos de nuestros días que desacreditan la carencia de "coherencia" o "flujo narrativo" de Hitler. Él tiene muchos objetivos aquí, y en su implementación, mucho puntos se intersectan. Quizás él debería haber escrito cuatro libros, no uno. Quizás. Pero Hitler era un hacedor, no un escritor. Nosotros debemos aceptar este hecho, tomar lo que tenemos, y hacer todo lo posible para entenderlo en una manera abierta y objetiva. Él no se estaba esforzando para escribir una novela altamente vendida. Él quería documentar la Historia y llevar adelante un movimiento, y para esos fines él tuvo éxito de modo muy admirable.


ORÍGENES Y CONTEXTO

     Nacido el 20 de Abril de 1889 en la actual Austria, Hitler creció como un ciudadano del Estado multi-étnico conocido como el Imperio Austro-Húngaro. Esa dispar amalgama fue formada en 1867, con la unión de las monarquías austriaca y húngara, y por ello Hitler se refiere a ese Estado como la "Monarquía Dual". A través de toda su historia de 50 años, dicho Imperio fue siempre una floja conjunción de muchas etnicidades, y nunca un Estado realmente unificado. Los alemanes étnicos en él eran una minoría, y tuvieron que luchar para promover sus propios intereses. Ese hecho causó en Hitler una angustia sin fin; él explícitamente sintió más apego al Volk alemán más amplio que al Estado multi-étnico en el cual él nació.

     Cuando joven, sus intereses tendieron hacia las artes, la pintura y la Historia. Eso lo llevó a entrar en conflicto con su obstinado padre, que preveía una carrera burocrática segura y cómoda para su hijo. Pero la muerte de su padre el 3 de Enero de 1903, cuando Adolf tenía 13 años, permitió que el joven determinara su propio futuro. Dos años más tarde él se trasladó a Viena, subsistiendo con empleos humildes para sobrevivir. A finales de 1907 su madre murió. A la edad de 18 años, él entonces postuló para entrar en la Academia de Artes de Viena en pintura, pero fue atraído hacia la arquitectura. Él trabajó y estudió durante más de dos años, finalmente llegando a ser lo bastante experto para trabajar a jornada completa como dibujante y pintor de acuarelas.

     Durante todo el tiempo, él estudió la masa de Humanidad que estaba alrededor suyo. Él leyó diversos escritos y publicaciones de los partidos políticos. Él observó el funcionamiento de la prensa. Él miró cómo funcionaban los sindicatos. Él visitó el Parlamento. Él siguió los acontecimientos que ocurrían en la vecina Alemania. Y quedó intrigado por las idas y venidas de una particular minoría en Viena: los judíos.

     Gradualmente él se fue convenciendo de que las dos amenazas dominantes para el bienestar alemán eran el marxismo —una forma judía del comunismo— y los judíos internacionales y capitalistas. Los problemas estaban compuestos por los mecanismos fundamentalmente ineptos de una democracia representativa que trataba de servir a etnicidades diversas. Al final, el concepto adecuado y noble de la democracia no llegó a ser nada sino una "democracia judía", que trabajaba para los mejores intereses de los judíos en vez de los austríacos o alemanes.

     Tras cumplir 23 años en 1912, Hitler fue a Múnich. Ése fue su primer contacto extenso con la cultura alemana, y él la encontró vigorizante. Él vivió allí durante dos años, hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en Julio de 1914. Emocionado por la oportunidad de defender a la patria alemana, él se alistó en el ejército, sirviendo en el frente occidental en Bélgica. Después de más de 2 años de servicio, él fue ligeramente herido en Octubre de 1916 y devuelto a Alemania, pasando algún tiempo en un batallón de la reserva en Múnich. Horrorizado tanto por el papel de los judíos allí como por la negativa actitud pública, él volvió al frente en Marzo de 1917.

     Para esas fechas, la guerra había estado prolongándose durante aproximadamente dos años y medio, y en efecto había llegado a ser una situación sin progreso previsible. Incluso la amenazadora entrada de los estadounidenses en la guerra —el Presidente Wilson llamaría a la guerra el mes siguiente, y las tropas estadounidenses llegarían pronto— tendría poco efecto en el cercano plazo. Como Hitler explica, sin embargo, los alemanes realmente tenían motivos para el optimismo hacia finales de 1917. Las Potencias Centrales (principalmente Alemania y Austria-Hungría) habían infligido una derrota decisiva a Italia en la batalla de Caporetto, y los rusos habían salido de la guerra después de la Revolución bolchevique, liberando con ello tropas alemanas para el frente occidental. Hitler recuerda que sus compatriotas "miraban hacia el futuro con confianza" pensando en la primavera de 1918, cuando ellos esperaban conseguir la victoria final.


LA REVOLUCIÓN DE NOVIEMBRE, Y UN NUEVO MOVIMIENTO

     Pero las cosas resultarían de diferente manera. La insatisfacción de los alemanes por el prolongado esfuerzo de guerra estaba siendo estimulada por activistas judíos que convocaban a manifestaciones masivas, huelgas, e incluso la revolución contra el Káiser. A finales de Enero de 1918 hubo una gran huelga de municiones. Acciones y disturbios de varios trabajadores siguieron durante meses después. El frente occidental se sostenía, pero Alemania se estaba debilitando internamente.

     A mediados de Octubre de 1918, el frente alemán cerca de Ypres, Bélgica, fue atacado con gas mostaza. Los ojos de Hitler fueron malamente afectados, y él fue enviado a un hospital militar en Pasewalk, al Norte de Berlín. A finales de Octubre, una rebelión naval menor en Kiel comenzó a extenderse a toda la población. Dos importantes partidos conducidos por los judíos, el Socialdemócrata (SPD) y el Partido Social Democrático Independiente (USPD), hicieron una campaña para que el Káiser abdicara, lo cual él hizo el 9 de Noviembre. Los activistas judíos en Berlín y Múnich entonces declararon Estados "soviéticos" independientes; para una discusión detallada de esos acontecimientos, véase Dalton (2014) [bibliografía al final]. Alemania capituló formalmente el 11 de Noviembre. Después de que el polvo se hubo asentado, un nuevo gobierno de "Weimar" fue formado, uno que era notablemente susceptible a la influencia judía.

     Oyendo hablar sobre la revolución desde su cama de hospital, Hitler quedó devastado. Todo el esfuerzo y los sacrificios hechos en el frente habían demostrado ser totalmente inútiles. Los agitadores judíos en la patria habían tenido éxito en estimular la insatisfacción local hasta el punto de que expulsaron al Káiser del poder. Los revolucionarios entonces tomaron el poder e inmediatamente se rindieron al enemigo. Aquélla fue la infame "puñalada en la espalda" que obsesionaría a los nacionalistas alemanes durante los años siguientes. Y ése fue el acontecimiento provocador que hizo que Hitler entrara en política.

     En Septiembre de 1919, trabajando para el gobierno, él fue asignado para seguir e informar sobre un grupo poco conocido llamado el Deutsche Arbeiterpartei, o Partido de los Trabajadores Alemanes (DAP). Él terminó por unirse al grupo, y rápidamente asumió un papel de liderazgo. Hacia principios de 1920, los discursos de Hitler estaban atrayendo a cientos o miles de personas. El 24 de Febrero él anunció que el partido sería conocido de allí en adelante como el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, o NSDAP, "Nazi", en el lenguaje de sus detractores. Es con esa "primera gran reunión de masas" que Hitler cierra el Volumen Uno de su libro.

     El nuevo movimiento creció rápidamente. Hitler formalizó su liderazgo en Julio de 1921. Una serie de acontecimientos públicos tempestuosos y ocasionalmente violentos ocurrió en los meses siguientes. En Noviembre de 1922, el compatriota ideológico Mussolini asumió el poder en Italia, lo que sirvió para sostener tanto los esfuerzos nacionalsocialistas dentro del país como su reputación internacional. Fue el 21 de Noviembre cuando el New York Times imprimió su primer artículo importante sobre Hitler: "Nuevo Ídolo Popular Surge en Baviera". Calificando a los nacionalsocialistas como "violentamente anti-judíos" y "reaccionarios" pero "bien disciplinados", el New York Times los vio como "potencialmente peligrosos, aunque no para el futuro inmediato". En efecto, pasarían otros 10 años antes de que ellos asumieran el poder en Alemania.

     Poco después de entonces otros acontecimientos favorecerían a los nacionalsocialistas. Francia había ocupado el valle del Ruhr en Enero de 1923, afirmando que había ocurrido una violación del Tratado de Versalles; aquello fue tomado como un insulto grave contra la soberanía alemana. Fue también en ese tiempo que la infame hiperinflación alemana se afianzó, haciendo desaparecer los ahorros de los alemanes corrientes y obligándolos a arrastrar carretadas de dinero en efectivo incluso para las compras más pequeñas. Hacia finales de ese año, Alemania estaba en una crisis financiera absoluta. Eso llevó a Hitler y a la dirigencia del NSDAP a planear una toma revolucionaria del poder en Múnich el 9 de Noviembre de 1923.

     Ese intento de golpe de Estado, o Putsch, fracasaría. En un breve enfrentamiento a tiros, 16 nacionalsocialistas y cuatro policías resultaron muertos. Hitler y los otros líderes fueron detenidos dentro de unos días, llevados a juicio en Febrero de 1924, y condenados a breves períodos en prisión. En total, Hitler pasó aproximadamente 13 meses en confinamiento, obteniendo la liberación en Diciembre de aquel año. Fue durante ese tiempo que él dictó lo que llegaría a ser el Volumen Uno de su libro.

     Hitler según se dice quiso llamar a su nuevo libro "Cuatro Años y Medio de Lucha contra las Mentiras, la Estupidez y la Cobardía". El editor hábilmente sugirió un título más corto: "Mi Lucha", o Mein Kampf. Sería inicialmente publicado en Julio de 1925.

     Hitler entonces comenzó un segundo volumen, más breve, para completar su programa, el que apareció en Diciembre de 1926. El año siguiente los dos volúmenes fueron ligeramente revisados y combinados en una sola obra. Aquella así llamada "segunda edición" de Mein Kampf fue publicada cuando Hitler tenía 38 años.


SINOPSIS DE LOS CAPÍTULOS

     Será útil proporcionar un muy breve resumen de los temas principales de cada uno de los 27 capítulos.

Volumen 1

—Capítulo 1: La vida temprana de Hitler. Relación con sus padres. Educación temprana. Interés por la Historia y el Arte. Nacionalismo en ciernes. Abarca desde su nacimiento en 1889 hasta la muerte de su madre a finales de 1907, cuando Hitler tenía 18 años.

—Capítulo 2: Tiempo solitario en Viena. Marxismo y judería internacional como las principales amenazas. Evaluación y crítica del gobierno de Viena. Vida de la clase obrera. Estudio del Partido Socialdemócrata, y su influencia judía. Papel de los sindicatos. Anti-judaísmo floreciente. Estudio del papel destructivo del marxismo.

—Capítulo 3: Reflexiones generales sobre la política austriaca y la democracia representativa. Defectos de los Estados multi-étnicos. Crítica de la democracia occidental. Defectos del "gobierno de la mayoría". Desaparición del movimiento pan-germánico. Desafortunado conflicto con la Iglesia Católica. Anti-judaísmo y religión. Cubre el período hasta sus 23 años (1912).

—Capítulo 4: Traslado a Múnich. Crítica de las alianzas alemanas. Cuatro caminos posibles de la política alemana. Crecimiento demográfico, y la necesidad de tierra. Necesidad de una alianza con Inglaterra. Discusión inicial del papel de los arios. El marxismo como enemigo mortal. Abarca hasta mediados de 1914.

—Capítulo 5: Inicio de la Primera Guerra Mundial. Hitler se alista, a la edad de 25 años. "Bautismo de fuego".

—Capítulo 6: Papel y necesidad de la propaganda. Uso eficaz por Inglaterra; fracaso en ella por parte de Alemania.

—Capítulo 7: Curso de la Gran Guerra. Herido a finales de 1916. Judíos y actitudes negativas desenfrenadas en Múnich. Huelga de municiones a principios de 1918. Envenenado por gas mostaza en Octubre de 1918, a la edad de 29 años. Revolución de Noviembre.

—Capítulo 8: Tiempo de posguerra en Múnich. Necesidad de un nuevo Partido. Papel negativo del capitalismo global.

—Capítulo 9: Encuentra al Partido de los Trabajadores Alemanes (DAP). Primeras reuniones. Se une al DAP, como el miembro Nº 7, a la edad de 30 años.

—Capítulo 10: Análisis del colapso del Imperio alemán en 1918. Dominio del capitalismo internacional. Efecto de la prensa en las masas. Control judío de la prensa. Combate a la epidemia de sífilis. Decadencia cultural en el arte moderno. El Parlamento ineficaz. El ejército como una fuente de disciplina.

—Capítulo 11: Teoría racial detallada. La Naturaleza se esfuerza por mejorar las especies. La mezcla racial entre tipos "superiores" e "inferiores" produce una decadencia física, moral y cultural. Los arios como los verdaderos fundadores de la civilización. Tendencia aria al auto-sacrificio. El ario versus el judío. Judíos como parásitos. Falsa "religión" judía. Examen ampliado del "camino de la judería", histórico, sociológico y político. Cosmovisión marxista. Subversión judía de la democracia. Malos efectos de la impureza racial.

—Capítulo 12: Evolución del DAP. Discusión ampliada de la necesidad de nacionalizar las masas. Cómo organizar un Partido. Consiguiendo publicidad. Segunda reunión principal en Octubre de 1919. Éxito creciente. Rechazo de las armas "intelectuales". Primera verdadera reunión de masas en Febrero de 1920. Transición al NSDAP.

Volumen 2

—Capítulo 1: Corrupción de la democracia. Concepto de "volkish". La transformación de los ideales en práctica. El marxismo impulsa la igualdad racial. El Estado debe servir a la función racial: promover a los mejores.

—Capítulo 2: Tres conceptos convencionales de Estado. El Estado como un medio para un fin: el avance de la raza humana. Debe mantener la integridad racial. Las minorías fuertes terminan por gobernar. La mezcla racial conduce a la decadencia. El Estado debe promover niños sanos. Teoría eugenésica básica. Educación volkish, para una fuerza física, mental y moral. Promoción de la fuerza de voluntad, determinación, responsabilidad. Meritocracia.

—Capítulo 3: Ciudadanía basada en la raza. Tres clases: ciudadano, súbdito y extranjero.

—Capítulo 4: Principio aristocrático. Valor del individuo. El marxismo promueve el pensamiento de las masas. El gobierno regido por los mejores individuos, no por la mayoría.

—Capítulo 5: Necesidad de una cosmovisión inclaudicable. Necesidad de un liderazgo decisivo. El programa del NSDAP de 25 puntos es inconmovible. Sólo el NSDAP es realmente volkish.

—Capítulo 6: Resume su autobiografía. El NSDAP debe dominar la opinión de masas. Debe luchar contra las opiniones comunes. Los Tratados de Brest-Litovsk y Versalles. Importancia de la palabra hablada. El marxismo prosperó con discursos. Necesidad de reuniones de masas.

—Capítulo 7: Reuniones populares burguesas poco convincentes. Necesidad de publicidad. Control de las reuniones de masas. Protestas violentas. Bandera del Partido y símbolo: la esvástica. Primer uso en el verano de 1920. Fuerza del partido a principios de 1921. Reunión de masas el 3 de Febrero en el recinto Circus Krone en Múnich. Intento de interrupción.

—Capítulo 8: Derecho de precedencia. Muchos movimientos volkish. Inutilidad de compromisos y coaliciones.

—Capítulo 9: Tres pilares de la autoridad. En la guerra, supervivencia del inferior. Desertores y revolucionarios judíos en Noviembre de 1918. Capitulación burguesa. Necesidad de un gran ideal. La creación de las SA (tropas de asalto). El NSDAP no es ni secreto ni ilegal. Las SA como luchadores entrenados. Marcha hacia Coburgo en Octubre de 1922. Ocupación francesa del Ruhr.

—Capítulo 10: Industrias bélicas en la Primera Guerra Mundial. Baviera contra Prusia como distractivo. Kurt Eisner, revolucionario judío. Crecimiento del anti-judaísmo a partir de 1918. Católicos contra Protestantes como distractivo. Federación contra unificación. Oposición a la judía República de Weimar.

—Capítulo 11: Papel de la propaganda. Partidarios y miembros. Necesidad de un crecimiento restringido. Principio del liderazgo contra el gobierno mayoritario. Adquisición del Völkischer Beobachter. Construcción del Partido. Disolución el 9 de Noviembre de 1923.

—Capítulo 12: Cuestión de los sindicatos. Necesidad de sindicatos. El NSDAP debe formar un sindicato. Sindicato al servicio del pueblo. Prioridad de la cosmovisión.

—Capítulo 13: Política exterior como un medio para promover el interés nacional. Unificación del pueblo alemán. Inglaterra contra Alemania. Francia contra Inglaterra. Necesidad de una alianza con Inglaterra e Italia. Los judíos buscan la conquista mundial y la contaminación racial. Cuestión del Tirol del Sur. Los judíos se oponen a la alianza germano-italiana. Sólo la Italia fascista se opone a los judíos. Los judíos obtienen el poder en Estados Unidos.

—Capítulo 14: La política de Rusia es primordial. Prioridad superior: necesidad de tierra, espacio vital. La victoria acompaña al fuerte. Ninguna colonia sino sólo un Reich ampliado. Mirada hacia el Este. Rusia es gobernada por judíos, no puede ser un aliado. Únicas alianzas posibles: Inglaterra e Italia.

—Capítulo 15: Sumisión alemana. Tratado de Locarno como sumisión posterior. Francia procura desmembrar Alemania. La guerra con Francia es inevitable. Francia ocupa el Ruhr, se opone a Inglaterra. Necesidad de confrontar y destruír el marxismo. Fracaso de la resistencia pasiva de Cuno.

     Incluso este conciso resumen demuestra la naturaleza polémica del texto.


TRADUCCIONES INGLESAS PREVIAS

     Durante los primeros años no hubo ninguna verdadera necesidad de que editores ingleses produjeran una traducción de Mein Kampf. El movimiento nacionalsocialista era pequeño, limitado más o menos a Baviera, y tenía pocas perspectivas de crecer o de conseguir un verdadero poder. Simplemente no había mucho interés por un oscuro político bávaro.

     Todo eso cambió cuando Hitler asumió el poder en 1933. Repentinamente hubo una necesidad de entender a ese hombre que había subido al poder sólo a sus 44 años de edad. Un traductor británico, Edgar Dugdale, emprendió el esfuerzo inicial para producir una versión inglesa. Aquélla fue una edición muy resumida, cubriendo sólo aproximadamente el 45% del texto completo. Fue publicada en Inglaterra por Hurst & Blackett, y en Estados Unidos por Houghton-Mifflin a finales de 1933.

     En 1936 el gobierno alemán decidió que ellos patrocinarían su propia traducción, completa, en lengua inglesa. Ellos contrataron a un escritor y periodista británico, James Murphy. No habiendo ocurrido aún una segunda Guerra Mundial ni excesos del Nacionalsocialismo, Murphy se vio inclinado a producir una traducción favorable y comprensiva. Lamentablemente, hubo un desacuerdo con los funcionarios nacionalsocialistas y Murphy fue "despedido" en algún momento en 1938, quedando incompleto su proyecto. Mediante algún proceso no claro, los alemanes completaron la versión preliminar de Murphy por su cuenta, y la publicaron a finales de los años '30. Hoy aquélla es conocida como la edición Stalag [1], y está disponible actualmente impresa en dos formas: una por Ostara Publications, y otra por Elite Minds ("la traducción inglesa nacionalsocialista oficial"). Calificar a esa versión como "tosca" es una declaración mesurada; es peor aún.

[1] Stalag, contracción de Stammlager, a su vez de Kriegsgefangenen-Mannschafts-Stammlager, campos para prisioneros de guerra, a quienes estaba destinada dicha edición. NdelT.

     Hacia 1939 habían aparecido cuatro nuevas versiones. Después de su despido, Murphy volvió a Inglaterra y revisó y completó su traducción, que fue publicada por Hurst & Blackett en 1939. Ésa es la traducción Murphy, que está ampliamente disponible en Internet [2], y en diversas reimpresiones. La traducción de Murphy fue publicada de nuevo en 1969 por Hutchinson con una introducción larguísima y hostil del historiador británico D. C. Watt.

[2] https://archive.org/download/MeinKampf_483/HitlerAdolf-MeinKampf-VolumeIIi1939525P..pdf

     En segundo lugar, la firma británica Reynal & Hitchcock contrató a un equipo de gente, encabezado por Alvin Johnson, para hacer su propia traducción [3]. Aquélla era notablemente hostil al contenido del libro y al movimiento nacionalsocialista en general.

[3] https://archive.org/download/meinkampf035176mbp/meinkampf035176mbp.pdf

     El tercero, un editor estadounidense, Stackpole and Sons, produjo una versión bajo la dirección de un editor judío, William Soskin. Ellos contrataron a un socialista judío, Ludwig Lore, para que escribiera el prefacio. Como era de esperar, ése también fue un esfuerzo hostil. Soskin fue exitosamente demandado por Houghton-Mifflin por infracción de derechos de autor, y la producción fue detenida después de sólo unos meses.

     El trabajo final de 1939 fue un segundo resumen, producido por el periodista estadounidense —y futuro senador— Alan Cranston. Cranston también fue demandado; él también perdió, pero no antes de vender supuestamente varios cientos de miles de copias.

     Disconforme con la resumida traducción de Dugdale, Houghton-Mifflin emprendió una traducción nueva y esta vez completa, encargada al escritor judío-alemán Ralph Manheim. Ellos también solicitaron una breve introducción a un periodista judío-alemán, Konrad Heiden. Como era de esperarse, aquélla fue otra producción descaradamente hostil. El libro apareció en 1943, y ha sido continuamente impresa desde entonces. Hasta el día presente, la versión de Manheim funciona como la traducción "oficial" de Mein Kampf; es la que es citada por casi todos los académicos y periodistas [4]. La última edición de Houghton, publicada en 1998, incluye una introducción del conocido sionista judío Abraham Foxman [director de la ADL, Liga Anti-Difamación]. Claramente, poco ha cambiado durante los años.

[4] https://archive.org/details/MeinKampf1925AdolfHitlerEnglishTranslationByManheim1943


¿POR QUÉ UNA NUEVA TRADUCCIÓN?

     Como suele suceder, cada una de las traducciones anteriores tiene importantes problemas y desventajas para un lector inglés moderno.

     Las dos versiones primarias —la de Murphy y la de Manheim— están escritas en el estilo de los escritores británicos de comienzos del siglo XX. Ellas usan una amplia serie de "anglicismos" y ortografía británica arcaica que entorpece la lectura, particularmente para los estadounidenses de hoy. Peor aún, ellas intentan seguir demasiado estrechamente el estilo original de Hitler. Como la mayor parte de los alemanes de esa época, Hitler escribía con largas oraciones, formadas en párrafos largos y complejos. Manheim sigue ese estilo escrupulosamente, en perjuicio del lector; Murphy al menos de vez en cuando separa las largas oraciones en segmentos más inteligibles.

     Lo peor de todo es que ambas traducciones principales son simplemente esfuerzos pobres. Ellas no se dejan leer bien. Uno repetidamente encuentra pasajes que son dificultosos, incoherentes o incomprensibles. Hay poco de la fluidez y potencia lírica del original alemán. Por su parte, Murphy se toma una cantidad considerable de "licencias del traductor", insertando una terminología y expresiones injustificadas, o simplemente dejando cosas fuera. Manheim es más literal, pero al final es apenas más inteligible. El lector simplemente tiene que examinar una muestra de cualquiera de los dos textos para entender la situación.

     Esto es desafortunado, por decir lo menos. Es casi como que si los editores hubieran querido, o al menos preferido, que las traducciones fueran difíciles de leer. Ciertamente eso limita la circulación de las ideas de Hitler, y hace más fácil descartarlas, una situación conveniente para muchos críticos de la importancia de dicho libro.

     A excepción de Murphy, todas las ediciones estándares revelan sus intenciones con comentarios agresivos, hostiles y calumniosos en sus introducciones. Considere la siguiente selección de comentarios:

—Johnson: Hitler no es "ningún artista en la expresión literaria", y "a menudo indiferente a la gramática y la sintaxis". El libro es "un ensayo propagandístico de un violento partidario" que "distorsiona la verdad histórica" o "la ignora completamente". Las discusiones de Hitler acerca de la raza pueden ser tranquilamente descartadas, porque "los más grandes antropólogos del siglo XX concuerdan en que Raza es una palabra prácticamente carente de significado".

—Lore: "No puedo concebir ningún libro que yo más positivamente desapruebe". El libro tiene un "estilo atroz" e "innumerables contradicciones". En esencia, el libro es "un torrente de deliberada perversión, torpe falsificación, odio vitriólico y denuncia violenta".

—Manheim: Hitler es un "paranoico" que nos ofrece "hechos inconexos" y "vuelos en gran parte ininteligibles de fantasía Wagneriana". Él crea "un mundo de ensueño", uno "sin color ni movimiento".

—Heiden: Mein Kampf fue escrito "con un odio ardiente". Es "infundado, indocumentado y mal escrito. (...) El libro bien puede ser llamado una especie de Biblia satánica".

—Watt: El libro es "larguísimo, aburrido, ampuloso, repetitivo y extremadamente mal escrito" (...) "La mayor parte de sus declaraciones de hechos son manifiestamente falsas". Presenta "un estilo alemán insoportablemente prolijo y una carencia total de cualquier precisión intelectual". Como un trabajo de filosofía política, "no tiene ningún derecho en absoluto a ser tomado en serio". La teoría racial de Hitler —un "galimatías racista místico de arianismo"— es una "mezcla repugnante de pseudo-ciencia y falso historicismo". El trabajo es coherente, pero sólo revela "la terrible consistencia del insano". Al final, Hitler no es nada más que "un maestro de lo inepto, lo indigesto, lo incompleto y lo falso".

—Foxman: "Las teorías de Hitler han sido hace mucho tiempo desacreditadas". El libro es "una obra de fealdad y depravación". Es "no fiable como una fuente de datos históricos", lleno de "mentiras, omisiones, y verdades a medias". El "estilo atroz del libro, las digresiones pueriles, y el ensimismamiento narcisista" son obvios. Sus teorías son "extremistas, inmorales, y parecen prometer la guerra". El "plan lunático" de Hitler es "absurdo" e incluso "cómico". En conjunto, es "un tratado ridículo".


     De cualquier traductor, editor o publicador que incluya tales palabras difícilmente se puede confiar en que ha hecho un trabajo honesto. La intención de influír en el lector es clara. Ciertamente no hay ninguna preocupación allí por que el autor merezca una lectura justa y objetiva. De hecho, se pretende precisamente lo contrario.

     La reciente traducción de Ford (2009), si bien no es abiertamente hostil, tiene varios otros importantes defectos [5]. Ford no tiene ninguna credencial conocida, ningún registro de publicación ni ninguna historia documentada con tales trabajos académicos. Sus notas incorporadas dentro del texto son torpes y distractoras. El libro incluye muchas "fotos" de aficionado y caricaturescas. No hay ningún índice. Y su supuesta empresa editora, Elite Minds, parece ser una especie de grupo ambientalista que se enfoca en la ecología de, entre todas las cosas, los tiburones. Eso es desafortunado; la última cosa que el público necesita es otra versión engañosa, mal concebida y no calificada de Mein Kampf.

[5] http://der-fuehrer.org/meinkampf/english/Mein%20Kampf%20%28Ford%20Translation%29.pdf

     La edición "Nazi" o "Stalag" de la traducción de Murphy tiene sus propios problemas. La versión publicada por Elite Minds afirma ser auténtica, lo que significa que ellos conservaron todos los defectos originales de gramática, puntuación y ortografía. El resultado es casi ilegible. La edición publicada por Ostara arregla muchos de esos problemas, pero todavía resulta una pobre lectura. Ella realmente separa los párrafos largos, pero hasta un grado extremo; uno típicamente encuentra párrafos de una sola oración, como en un periódico. Esa maniobra destruye todo el flujo y la conexión de las ideas. Y ninguna versión tiene un índice o notas explicativas.

     Mi futura traducción aborda y resuelve muchos de esos desafortunados inconvenientes. Primero, mediante la inclusión del texto alemán original completo, en una traducción paralela, la expresión inglesa puede ser fácilmente verificada. Esta técnica a menudo ha sido usada con autores griegos y latinos clásicos, pero nunca antes con Mein Kampf. Los títulos de secciones han sido añadidos, en el texto, en negrita. El original alemán empleó tales subtítulos, pero sólo en lo alto de cada página; el lector así nunca sabía dónde comenzaba realmente una nueva sección. Esos títulos han sido traducidos e insertados en los puntos apropiados, en mi estimación, y directamente en el texto. Mi traducción también tiene notas a pie de página provechosas y relevantes, un útil índice, y una bibliografía del material fuente secundario relevante. Lo más importante de todo, sin embargo, es el hecho de que el idioma inglés se lee de manera fluída y natural.


ALGUNOS TEMAS DISCUTIBLES

     Demás está decir que este libro es polémico. De hecho, bien puede ser llamado el libro más polémico de la Historia. Como tal, más o menos se garantiza que el lector típico conseguirá una descripción tendenciosa y parcial de dicha obra. De las muchas declaraciones y temas polémicos de Hitler, cuatro asuntos justifican una breve mención aquí: el Nacionalsocialismo, la teoría racial, la religión, y los judíos.

     De las muchas hipérboles simplistas y sobreutilizadas modernamente, el uso de la palabra "nazi" seguramente está entre las peores. Ella es un burdo y casi cómico sinónimo para designar el mal, lo odioso, lo cruel, lo tiránico, etcétera. Eso es consecuente con la demonización general de todo lo de Hitler.

     La palabra "nazi" es, por supuesto, una abreviatura para nacionalsocialista (Nationalsozialist). Fue incentivada por un término más temprano, "Sozi", que era una abreviatura para Sozialdemokrat, refiriéndose al partido Social-Demócrata que había estado existiendo desde mediados del siglo XIX. Hitler y sus colegas nunca usaron la palabra "nazi", viéndola generalmente como despectiva, aunque Goebbels escribió realmente un ensayo y libro corto titulado "El Nazi-Sozi".

     Como una ideología, el Nacionalsocialismo es completamente mal entendido. De hecho, sorprendentemente, muchas personas de todo el mundo hoy implícitamente respaldan alguna forma de ello. La mayoría de los países europeos, y muchos otros globalmente, son alguna forma de socialistas. El socialismo —sueltamente definido como control del gobierno y supervisión de al menos ciertas partes claves del sector económico— está en contraste con el capitalismo de libre mercado, en el cual las corporaciones con fines de lucro controlan tales cosas. Baste decir que el socialismo es un sistema político y económico respetado en todo el planeta.

     El nacionalismo coloca su mayor prioridad en el bienestar del Estado-nación y sus residentes tradicionales. Está interesado en lo interior, más bien que en lo externo. Tiende hacia la independencia económica y la autonomía más bien que a la globalización e inter-conectividad. Comúnmente apoya y refuerza la etnicidad y cultura dominantes, y en gran parte ignora las de las minorías. Esto, también, es difícilmente desconocido: hay movimientos nacionalistas fuertes en muchos países del mundo hoy.

     Curiosamente, Estados Unidos no es ni nacionalista ni socialista. Así, sus medios de comunicación y su élite económica y política tienden a despreciar o a abusar de ambos conceptos. Los estadounidenses son funcionalmente lavados de cerebro para creer que el socialismo es malo —lo atestigua la peyorativa aplicación de dicha etiqueta al Presidente Obama en años recientes— y que el nacionalismo es el sello de autócratas toscos y primitivos, y racistas también. Este hecho es revelador: la élite de poder estadounidense quiere que nadie se haga la idea de que algo como el nacionalismo o el socialismo —o, Dios no lo permita, el nacional-socialismo— debería llegar a convertirse en una ideología creíble.

     Ahora bien, es verdad que la forma de Hitler del Nacionalsocialismo fue más allá que estos conceptos básicos. Explícitamente puso en la mira a marxistas, judíos y capitalistas globales como enemigos del pueblo alemán. También procuró sustituír la democracia representativa por una forma de gobierno centralizado más eficiente y responsable. Hitler tenía argumentos racionales para todas estas cuestiones, como él lo explica en su libro.

     De hecho, la declaración formal del sistema nacionalsocialista —como está explicitado en los "25 Puntos" de Hitler— es notablemente progresista y, digamos, moderada. Ellos piden igualdad de derechos (Puntos 2 y 9); dan a los ciudadanos el derecho de seleccionar las leyes y estructura gubernamental (6); suprimen las ganancias producto de la guerra (12); piden el reparto de los beneficios corporativos con los empleados (14); apoyan las pensiones de jubilación, una clase media fuerte, enseñanza superior gratuita, salud pública, asistencia a la maternidad, y libertad religiosa, incluyendo un apoyo explícito a un "cristianismo positivo" (15, 16, 20, 21, 24).

     En el lado menos "progresista", sólo relativamente pocos puntos parecen amenazantes o agresivos. Ellos conceden la ciudadanía sólo a los alemanes étnicos, explícitamente negándosela a los judíos (4); bloquean una inmigración adicional, y obligan a los inmigrantes recientes a marcharse (8); procuran prohibir toda la especulación financiera con las tierras (17), piden la pena de muerte contra "traidores, usureros y especuladores" (18), exigen que la prensa en lengua alemana sea controlada sólo por alemanes étnicos, pero no restringen la prensa en otros idiomas (23), y piden "una autoridad central fuerte en el Estado" (25).

     Con todo lo anti-judío que era Hitler, [no] es sorprendente cuán fácilmente los judíos se marcharon. A ellos se les prohíbió la ciudadanía, y por lo tanto cualquier papel en el gobierno o la prensa. Los inmigrantes judíos recientes (desde Agosto de 1914), como todos los inmigrantes, debían marcharse. Y la visión nacionalsocialista de la libertad religiosa "está en lucha contra el espíritu materialista judío" (24). Pero ninguna amenaza de encarcelar o matar judíos. Los residentes judíos de mucho tiempo podían quedarse en el país. Ninguna confiscación de riqueza, con las excepciones indicadas. Y ciertamente nada de eso suena como un amenazante "Holocausto".

     En suma, el Nacionalsocialismo de Hitler es esencialmente el producto del nacionalismo alemán y el socialismo progresista, combinado con una forma suave de anti-judaísmo. Difícilmente la encarnación del mal.


TEORÍA RACIAL

     Mein Kampf contiene numerosas referencias a la "sangre" (Blut) y la "raza" (Rasse). Esto es siempre descrito en los peores términos posibles, como una especie de racismo demoníaco, lleno de odio y ciego. Pero debemos comprender primero que tales discusiones eran triviales a principios del siglo XX; la terminología de Hitler, aunque incomodante hoy, era en realidad completamente convencional en ese entonces. No siendo él un científico, y con pocas personas teniendo mucho entendimiento de la genética entonces, es comprensible que él usara tales términos.

     Por lo tanto, una interpretación literal de tales palabras es engañosa. En la terminología moderna, la "raza" de la que hablaba Hitler es mejor vista como "etnicidad". Él era más un etnicista que un racista. Su petición de justicia para la "raza alemana" es realmente para beneficio de los alemanes étnicos, el Volk. Entendida de esta manera, su visión es mucho menos amenazante que lo que comúnmente se describe. Sí, él veía a los alemanes étnicos como superiores. Sí, él quería lo mejor para su pueblo. Sí, él no estaba muy interesado en el bienestar de las minorías u otras nacionalidades. Eso es difícilmente un pecado. Muchas personas alrededor del mundo hoy luchan precisamente por tales cosas, por sus propias etnicidades. Y ellos tienen razón al hacer eso.

     Incluso hoy, es razonable y apropiado hablar de cuestiones de raza. Éste es un término relevante en la taxonomía biológica, indicando el sub-grupo de nivel más alto dentro de la especie Homo sapiens. De acuerdo a algunos informes, hay tres razas: blanca/caucásica, negra/negroide, y mongoloide/asiática. Dentro de cada raza, tenemos diversas etnicidades, de las cuales hay aproximadamente 5.000 por todo el mundo.

     De acuerdo a esta estimación, Hitler se preocupó poco por la raza. Él hizo unos pocos comentarios desdeñosos sobre los negros, pero nada que no fuera estándar entonces. Él realmente admiraba a cierta gente de la raza asiática, sobre todo a los japoneses. Pero su preocupación primaria estaba puesta entre las diversas etnicidades Blancas. Él buscó una posición de fuerza e influencia para los alemanes étnicos, buscó alianzas con británicos étnicos, y procuró oponerse a los judíos étnicos. 

     Luego está la mal reputada discusión de Hitler de lo "ario". Aparte de otras menciones al pasar en otras partes en el libro, se habla de aquello detalladamente sólo en el capítulo 11 del volumen 1 de Mein Kampf. Si bien no se habla nada de algún "superhombre" —ninguna referencia al Übermensch de Nietzsche, por ejemplo— está claro que Hitler ve al ario como el tipo humano más alto, la mayor etnicidad, el motor y el creador de la civilización. Notablemente, él nunca define al ario. Más bien, aprendemos sólo lo que el ario no es: él no es negro, no es oriental, y ciertamente no es judío. El judío es el anti-ario, su oscuro y corruptor opuesto. El ario construye, el judío destruye. El ario produce, el judío consume. El ario es idealista, el judío materialista.

     Al final, el ario se distingue no por su inteligencia superior, ni por su gran creatividad, sino principalmente por su altruísmo: el ario es una persona que se sacrifica a sí misma, más dispuesto que cualquier otro a trabajar para beneficio de la sociedad. Así él construye la civilización y la cultura, y las difunde al mundo. Los no-arios, en la medida en que tienen una cultura, la consiguen de los arios, incluso cuando ellos la adapten para sus propias necesidades. Pero la fuente y el sostenedor original es el abnegado ario.

     La palabra "Ario" tiene un interesante origen, y no tiene nada que ver con los alemanes. Viene del sánscrito "arya", que significa "noble". Originalmente se refería a la gente e idioma que se trasladó a India desde el Norte alrededor de 1500 a.C. En el sistema hindú de castas, los arios se convirtieron en la casta superior y más noble de los Brahmanes. Fueron ellos los que cultivaron la lengua sánscrita, y por último desarrollaron la cultura india. Y un punto final de interés: aquellos inmigrantes del Norte llegaron desde la región que es conocida hoy como la meseta irania. De hecho, la palabra "Irán" deriva directamente de "ario"; los iranios eran los arios originales.

     No siendo un erudito en la Historia antigua, y no teniendo Internet a mano, Hitler sabía poco de todo esto. Él simplemente recogió un uso alemán y europeo previo. En efecto, la discusión acerca de los arios como una raza superior precedió a Hitler en varias décadas. Ése era un tema principal del libro "Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas" del francés Arthur de Gobineau, de 1855, y era prominente en el libro "Los Fundamentos del Siglo XIX" del escritor británico y luego alemán Houston Stewart Chamberlain, publicado en 1899. Cuando Hitler recogió dicho término, ya era muy familiar.


SOBRE LA RELIGIÓN

     Entre otras calumnias, Hitler a menudo es descrito como un ateo que no reconocía ninguna divinidad, un adorador del diablo, el Anticristo, o alguna especie de pagano maníaco. Pero en realidad, él no era nada de eso.

     Más bien, Hitler era ampliamente apoyador del cristianismo. Él lo llamó "la Religión del Amor", y se refirió a Jesús, indirectamente, como su "sublime fundador". Él sostuvo que las masas no son y no pueden ser filosóficas; la ética de ellas debe provenir de fuentes religiosas tradicionales. Y él creía en la separación de Iglesia y Estado: "Los partidos políticos no tienen ningún derecho a meterse en cuestiones religiosas". Él condenó a los judíos porque ellos se burlan de la religión, y retratan la ética y la moralidad como "sentimientos anticuados".

     Su visión acerca de Dios es completamente intrigante. Con frecuencia él se refiere a una especie de deidad cósmica o poder divino, pero en una variedad de términos poco convencionales. Encontramos muchas referencias, por ejemplo, al Schicksal, fortuna o destino. Leemos que habla de la "Diosa del Destino" (Schicksalgöttin). Él escribe acerca de la "Providencia" (Vorsehung), "Terrible Destino" o "Fatalidad" (Verhängnis), y de "el Señor" (Herr). En otras partes encontramos una referencia a un "Suceso Fortuito" (Zufall) y al "Creador eterno" (ewige Schöpfer). El capítulo 1 del volumen 1 se cierra con una referencia a "la Diosa de la Venganza Inexorable" (die Göttin der unerbittlichen Rache). Éstas no son meras metáforas. Parecen ser una especie de reconocimiento de poderes superiores en el cosmos, pero no los de las religiones tradicionales.

     Al final, Hitler estaba muy ofendido por el materialismo vulgar: la búsqueda de dinero y poder material. Esta visión no tiene ningún concepto de idealismo, ninguna noción de espiritualidad, ninguna visión de poderes superiores en el universo. El materialismo era la esencia tanto del marxismo como del capitalismo, y ambos estaban encarnados en el judío. Por eso estas cosas eran, según Hitler, el enemigo mortal de cualquiera que buscara objetivos superiores en la vida.

     El propio Hitler no era ningún admirador del dogma religioso, pero parece haber previsto un futuro que se movería hacia una nueva clase de espiritualidad, una alineada con los mecanismos de la Naturaleza. Podemos verlo a él quizá mejor como una clase de persona "espiritual, pero no religiosa", una visión que está notablemente extendida hoy.


SOBRE LOS JUDÍOS

     Si es que nada más, Hitler es inevitablemente descrito como un anti-semita inveterado y odiador de  los judíos. Deberíamos ser claros: esto es absolutamente verdadero. Hay muchas mentiras difundidas sobre Hitler, pero ésta no es una de ellas. La clave está en entender por qué él tenía esa opinión.

     En la segunda mitad del capítulo 2 del volumen 1, él describe con sorprendente detalle su descubrimiento gradual del papel y los efectos de los judíos en la sociedad. Él recuerda que, cuando joven, sólo había conocido a un muchacho judío, pero no tenía ningún sentimiento particular hacia él, cual fuese. Él no había oído hablar mucho de ellos sino hasta mediados de su adolescencia, y entonces sólo en un contexto político vagamente negativo. Cuando él se trasladó a Viena a la edad de 15 años, encontró una ciudad de 2 millones de personas que eran judías en un 10%. Al principio, él apenas los notó. Cuando él lo hizo, los vio como representantes de una religión bastante extraña, pero ya que él era generalmente tolerante de la diversidad religiosa, les dedicó pocos pensamientos. Él fue desalentado además por la prensa "anti-semita". Como él dice, "por razones de tolerancia humana, me opuse a la idea de que [el judío] debería ser atacado porque él tuviera una fe diferente".

     Pero después Hitler comenzó a prestar atención a la prensa predominante. Ella era informativa y liberal, pero a menudo extravagante y chillona. Dichos periódicos parecían ansiosos por ganarse el favor de la corrupta monarquía imperial. Y ellos eran uniformemente críticos del Káiser alemán y su pueblo. Él notó que algunos diarios anti-judíos eran realmente más escépticos de las autoridades vienesas, y más de mente abierta en cuanto a los alemanes. Al mismo tiempo, él comprendió que los judíos eran más numerosos que lo que él antes creía. De hecho, ciertos distritos de Viena eran judíos en un 50% o más. Y todos ellos parecían respaldar una extraña ideología: el sionismo.

     Además, ellos eran visual y físicamente repelentes. Sus negros caftanes y trenzados mechones de pelo parecían cómicos. Ellos tenían su propio raro concepto de "limpieza": "Que ellos no eran amantes del agua, era obvio al primer vistazo". Ellos olían mal: "El hedor de aquella gente en caftanes a menudo me hacía enfermar del estómago". Eso fue colmado por "la ropa descuidada y el aspecto generalmente innoble". En conjunto, un espectáculo lamentable.

     Lo peor de todo, escondida en su interior, era su "putrefacción moral". Los judíos parecían estar involucrados en toda suerte de actividades cuestionables, inmorales e ilegales. Hitler comenzó a estudiar la situación más detalladamente. "El hecho era que el 90% de toda la literatura asquerosa, la basura artística y la estupidez en el teatro tenía que ser cargada a la cuenta de un pueblo que formaba escasamente el 1% de la nación. Este hecho no podía ser negado". Pornografía, arte y teatro lascivos, prostitución, tráfico humano... todo podía ser vinculado a los judíos.

     La afamada prensa vienesa predominante, descubrió Hitler, era casi completamente una empresa judía. Los escritores judíos elogiaban repetidamente a actores, escritores y hombres de negocios judíos. La gente, los acontecimientos y las políticas favorables a los judíos eran alabados, y aquellos que les eran desventajosos eran condenados. Incluso el partido político dominante, los socialdemócratas, se encontró que estaba conducido por judíos. Tras comprender eso, dice Hitler: "las escamas cayeron de mis ojos". El patrón entero convergió: una prensa judía que apoyaba un sistema político judío, incluso cuando otros judíos se beneficiaban de la corrupción moral del pueblo. Ganancia y poder a toda costa, mentiras y engaños sin remordimiento, y una carencia completa de preocupación por la justicia, la democracia, el bienestar humano o incluso la decencia humana. "Gradualmente llegué a odiarlos", dijo él.

     Considerada globalmente, la situación era aún peor. El marxismo —el producto de un judío, Karl Marx— fue promulgado por judíos en Europa y por todo el mundo, y procuraba dominar y controlar la Naturaleza. Procuraba nivelar todas las diferencias sociales, subvirtiendo así el orden natural en el cual la verdadera mejor gente justificadamente prospera. En esencia, se trataba de una enseñanza y un medio por el cual los judíos podían asumir despiadadamente el control de naciones enteras. Una vez que eso sucediera, miles o incluso millones de personas morirían. La Revolución bolchevique de 1917 en Rusia fue suficiente prueba.

     En otras partes de Europa, la ideología dominante era el capitalismo. Allí, gobernaba el dinero. Allí, los banqueros y los magnates corporativos decidían incluso a los reyes. Los mercados deben ser abiertos, el comercio internacional promovido, y los préstamos usados para extraer la riqueza de las masas. Y cuando esos titanes del capital eran investigados, se encontraba que ellos eran, más que a menudo, judíos.

     Para Hitler, comprender aquello fue devastador. El reconocimiento del insidioso papel de los judíos fue "la mayor revolución interior que yo había experimentado hasta entonces". En efecto: "De ser un débil cosmopolita, llegué a convertirme en un anti-judío absoluto". No hay opiniones ocultas aquí.

    La conversión de Hitler al anti-semitismo fue notable. En contraste con la opinión común, aquello no fue ni arbitrario ni irracional. Él no era un odiador de judíos innato. Aquél fue un proceso gradual, al que llegó tras un largo período de tiempo y basado en sus datos y observaciones sobre el mundo real. El suyo era un anti-semitismo "racional". Como él lo veía, cualquier persona de dignidad y amor propio, cualquiera que tuviera una preocupación por la vida humana, cualquiera que estuviera comprometido con la integridad del mundo natural, necesariamente sería un anti-judío. En la implacable búsqueda judía de sus propios intereses, dijo Hitler, ellos se convirtieron en el enemigo de toda la Humanidad. Cualquiera que no reconociera ese hecho —y no actuara en consecuencia— él lo consideraba un tonto.

     La persona moderna hoy se estremece ante tales palabras. "¡Un monstruo!", decimos. "¡Discurso de odio!, ¡El diablo!". Y a pesar de todo, ésas no son respuestas racionales. El hombre moderno está condicionado para decir tales cosas. Debemos ser objetivos aquí. Hitler no estaba inventando hechos. Sus observaciones eran en gran parte verdaderas, incluso aunque él no haya tenido ningún acceso a datos formales o estadísticos. Los judíos realmente dominaban en Viena, y aún más en Alemania. Considere los números siguientes, citados por Gordon (1984, pp. 8-15):

    "El lector puede estar sorprendido de enterarse de que los judíos nunca fueron un porcentaje grande de la población alemana total; en ningún tiempo ellos excedieron el 1,09% de la población durante los años 1871 a 1933... [A pesar de esto, los judíos] estaban sobre-representados en los negocios, el comercio y los servicios públicos y privados... Dentro de los campos de la industria y el comercio, los judíos... representaban el 25% de todos los individuos empleados en el mercado minorista, y manejaban el 25% de las ventas totales... ellos poseían el 41% de las industrias del hierro y el hierro reciclado, y el 57% de otros negocios con metales... Los judíos eran [también] prominentes en la banca privada, tanto bajo propiedad o control de los judíos como de no-judíos. Ellos eran especialmente visibles en la banca privada en Berlín, la cual en 1923 tenía 150 bancos privados (no-estatales) judíos, a diferencia de sólo 11 bancos privados no-judíos...".

     Esa tendencia era verdadera en las esferas académica y cultural también: "Los judíos estaban sobre-representados entre profesores y estudiantes universitarios entre 1870 y 1933... Casi el 19% de los instructores en Alemania era de origen judío... Los judíos eran también muy activos en el teatro, las artes, el cine y el periodismo. Por ejemplo, en 1931 el 50% de los 234 directores de teatro en Alemania eran judíos, y en Berlín el número era del 80%". Hitler no estaba imaginando cosas.

     Además, los judíos procuraban realmente de hecho ganarse el favor de la monarquía cuando eso favorecía sus intereses propios, pero ellos eran rápidos para rebelarse si eso podía significar una mayor ganancia. Los marxistas judíos habían tenido éxito en Rusia, y se destacaron en la Revolución de Noviembre en Alemania, lo que los hizo responsables, en parte, de la "derrota" de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Los judíos estaban impacientes por beneficiarse por cualquier medio posible: guerra, corrupción, inmoralidad, explotación, engaño. Y muchos eran sionistas, comprometidos con la creación de un Estado judío en Palestina, y dispuestos a hacer cualquier cosa que se requiriera para conseguir aquello.

     ¿Qué hacer? Para Hitler, había sólo una conclusión lógica: expulsarlos. Eso significaba sacarlos de la sociedad, de la economía, y restaurar el control de los medios comunicacionales y del gobierno a los no-judíos. Eso significaba la creación de una sociedad Judenrein, o libre de judíos, una que estuviera libre de la manipulación interna y externa por intereses judíos. Ésa, en efecto, fue la conclusión de Hitler años antes de que él comenzara Mein Kampf. A finales de 1919, cuando él recién se estaba relacionando con el DAP, escribió una carta a uno de sus oficiales en cuanto a cómo responder a la cuestión judía. Esa sorprendente temprana carta concluye como sigue:

    "El anti-semitismo racional... debe conducir a una lucha sistemática y legal contra, y a la erradicación de, los privilegios de los que disfrutan los judíos sobre los otros extranjeros que viven entre nosotros (Leyes de Extranjeros). Su objetivo final, sin embargo, debe ser la remoción total de todos los judíos [die Entfernung der Juden überhaupt] que están en medio de nosotros. Ambos objetivos sólo pueden ser conseguidos por un gobierno de fuerza nacional, nunca por un gobierno de impotencia nacional" (en Maser 1974, p. 215).

     Su opinión no cambió en Mein Kampf, ni evidentemente en ningún momento más tarde en su vida. Su solución fue siempre la misma: expulsarlos. Remoción total; despiadadamente, si fuese necesario, pero ellos debían irse.

     Aquí hay un punto notable, sin embargo: con una excepción menor, Hitler nunca llamó a exterminar a los judíos. Aunque su terminología cambió con el tiempo, sus palabras siempre se refirieron a alguna forma de traslado: los judíos deberían ser "deportados", "expulsados", "desarraigados". Su papel y su poder en el Reich alemán debían ser "destruídos" o "liquidados". Pero palabras explícitas como "matanza", "disparos", "asesinato" o "gaseamiento" prácticamente nunca aparecen en sus discursos, escritos o incluso conversaciones privadas.

     Una excepción está en el final mismo de Mein Kampf. Había aproximadamente 600.000 judíos en Alemania al comienzo de la Primera Guerra Mundial, una guerra que terminó con la muerte de más de 2 millones de alemanes. Hitler sostiene que la muerte de "12 mil o 15 mil corruptores hebreos" al inicio de la guerra, por un gas tóxico como el que cayó sobre las tropas alemanas en el campo de batalla, habría ahorrado un millón de vidas y habría conducido a la victoria alemana. No todos los judíos, o ni siquiera la mayor parte de ellos; sólo un 1% o un 2% habría bastado para hacer descarrilar sus perniciosos propósitos. Pero ésta parece ser la última de tales referencias por parte de Hitler, en cualquier escrito o discurso documentado.

     Las fuentes inglesas siempre traducen dicha expresión de Hitler como el deseo de "exterminar", "destruír" o "aniquilar" a los judíos; pero ése es otro engaño. Ninguna de sus palabras reales demanda el asesinato masivo, o alguna matanza en absoluto. Si los judíos han sido expulsados de Alemania, ellos en efecto han sido "ex-terminados" (en latín, literalmente "echados más allá de la frontera"). Si se le ha puesto fin a su control de la economía, su poder en efecto ha sido "aniquilado", o "reducido a la nada". Si la sociedad judía ha sido removida, se puede decir correctamente que ha sido "destruída" (lit. "no construída" o "des-construída"). Las rudas expresiones de Hitler nunca fueron algo diferente de las de cualquier líder mundial que estuviera confrontando a un enemigo mortal. El Presidente Obama a menudo ha hablado de "destruír" el "cáncer" del Estado Islámico, pero nadie lo acusa de intentar un genocidio.

     Así, no encontramos ninguna mención de asesinato de masas (con aquella única excepción), campos de exterminio, genocidio o algo como eso en Mein Kampf. Los opositores de Hitler buscan en vano signos de algún inminente "Holocausto" en el cual la masa de la judería alemana sería asesinada. El lector es invitado a hacer lo mismo. Simplemente no hay nada allí, para gran desilusión de sus críticos.

     De todo esto, debería quedar claro que Hitler tenía sólo a un enemigo real en los judíos. Él no era algún odiador multi-propósito de la Humanidad. A él le disgustaban los franceses, respetaba a los británicos y estadounidenses, y simpatizaba con los rusos, pero no los odiaba. Incluso las razas "menores" nunca fueron objeto de desprecio, sino más bien, si es que algo, de compasión. Hoy estamos bajo la impresión de que en 1940 el mundo entero temblaba al pensar en una toma nacionalsocialista del poder. Pero eso nunca fue más que propaganda inventada. Hitler quería ser una potencia mundial —como todas las naciones principales— pero nunca un gobernante mundial.

     En resumen, a menos que usted fuera un judío, usted no tenía nada que temer. La gente Blanca no tenía nada que temer, a menos que ellos permitieran ser gobernados por marxistas judíos o capitalistas judíos. Los hispánicos, negros y orientales, aunque de un status inferior, no tenían nada que temer. Francia e Inglaterra no tuvieron nada que temer, hasta que ellas declararon la guerra contra Alemania. Estados Unidos nunca tuvo nada que temer, hasta que Roosevelt tomó la imprudente decisión de acosar a Alemania y a Japón para entrar en conflicto. Fueron siempre sólo los judíos los que eran su enemigo.

     Desde la perspectiva judía, por supuesto, éste es el mal supremo: un hombre que procura destruír el poder judío, que confisca su obscena riqueza, y que crea una sociedad sin judíos. Si él tuviera éxito, y si su nueva sociedad floreciera, eso significaría la catástrofe para los judíos de todo el mundo, ya que la gente en todas partes podría comenzar a percibir la traición existente en la influencia judía.

     Es por esto que Mein Kampf es tan peligroso.


EL LEGADO DE HITLER

     Hitler tuvo una visión grande y noble para su pueblo. Él desesperadamente quiso que Alemania asumiera su legítimo lugar en el mundo, y pusiera un ejemplo para todos aquellos que aspiraban a algo mejor que una existencia material ordinaria. Por contraste, la visión social de prácticamente cada otro líder mundial del siglo XX, o del XXI, palidece. 

     Hitler tenía en mente objetivos concretos para su nación, y planes concretos para conseguirlos. Él enfrentó tres desafíos fundamentales: (1) restaurar la economía, (2) conseguir seguridad e independencia convirtiéndose en una potencia mundial, y (3) crear una sociedad alemana idealista, optimista y sostenible. Él puso su plan en acción tan pronto como ascendió al poder en 1933. Y eso funcionó. Funcionó tan bien que una nación alemana asediada, sometida, debilitada y con una hiper-inflación, se elevó hasta convertirse en una potencia mundial con velocidad asombrosa. Considere lo siguiente: Después de sólo tres años, la Alemania de Hitler había vencido la inflación, redujo el desempleo, y puso a la industria de nuevo a trabajar, todo en medio de una depresión económica global. Después de seis años, era una potencia mundial. Después de ocho años, su nación era tan poderosa que se requirió el esfuerzo combinado de prácticamente el resto entero del mundo para derrotarla.

     Los primeros dos aspectos de su plan fueron alcanzados. Pero el resto del mundo, conducido en parte por el odio, los celos y el rencor judíos, no pudo soportar eso, y entonces ellos procuraron aplastarlo a él y a su nación alemana, lo cual hicieron. La verdadera tragedia de la historia de Hitler consiste en que él nunca tuvo tiempo para abordar su tercer gran desafío: crear una sociedad alemana floreciente. Tristemente, nunca conoceremos las potenciales consecuencias a largo plazo del Nacionalsocialismo, o si una sociedad realmente grande podría haber sido construída.

     Pero ¿qué hay acerca del "Holocausto"?; ¿qué hay acerca de los campos de exterminio y las cámaras de gas?. ¿No es ése el resultado terrible e inevitable de la distorsionada visión que tenía Hitler?.

     Aquí tenemos quizás el mayor engaño de todos. A fin de mostrar al mundo el horrible resultado de un potente anti-judaísmo, tuvo que ser construído, promovido y sostenido un cuento de desastre humano monumental. La innegable y trágica muerte de varios cientos de miles de judíos —lo que incluye muchas muertes por vejez, enfermedad, heridas, suicidio, y en situaciones de combate— tuvo que llegar a convertirse en "6 millones". Las rudas expresiones contra los judíos, destinadas a expulsarlos de Alemania, tuvieron que llegar a convertirse en "eufemismos para el asesinato de masas". Los cuartos diseñados para desinfestar ropa y ropa de cama contra piojos portadores de enfermedades tuvieron que llegar a convertirse en "cámaras de gas homicidas". Cientos de miles de cuerpos judíos tuvieron que haber sido quemados hasta ser reducidos a cenizas, y luego hechos desaparecer completamente. Los campos de tránsito construídos para expulsar del Reich a los judíos —Treblinka, Belzec, Sobibor— tuvieron que llegar a convertirse en "campos de exterminio" diseñados para el asesinato de masas, y con gases de motores diesel, nada menos. Y un campo de trabajo forzado en el cual miles de judíos murieron de tifus —Auschwitz— tuvo que llegar a convertirse en "el mayor campo de exterminio de todos los tiempos".

     Claramente hay mucho más que decir aquí. Para aquellos lectores interesados, se recomiendan fuentes como Dalton (2014b, 2015) o Rudolf (2011). Baste decir que el "Holocausto", como es comúnmente descrito, es una exageración no demostrada, inexplicada e injustificada de proporciones épicas. Casi cada aspecto de dicha historia se derrumba tan pronto como es puesto a prueba. El supuesto horror del "Holocausto" llega a ser, al final, una historia del desposeimiento y la expulsión de una particular comunidad minoritaria que tuvo un poder desproporcionado en una nación que no los quería, y que carga con una culpa desproporcionada por las desgracias de aquella pequeña nación. Que ellos mismos [los alemanes] como resultado hubieran sufrido, no es sorprendente.

     Mein Kampf es la evaluación de la Historia hecha por un hombre y su visión para el futuro. Es directa, es ruda, y no teme ofender. No cumple con las expectativas contemporáneas de cortesía, objetividad y "corrección política". El libro suena ofensivo a los sensibles oídos modernos, pero es indudablemente importante. Es más consecuente que quizás cualquier otra obra política en la Historia. Merece ser leído. Y cada lector será libre entonces de determinar su valor y sentido últimos para ellos mismos.–




BIBLIOGRAFÍA


—Barnes, James. 1980. Hitler’s Mein Kampf in Britain and America. Cambridge University Press.
—Dalton, Thomas.  2014. "The Jewish Hand in the World Wars" . Online: http://inconvenienthistory.com/5/2/3209  y  http://inconvenienthistory.com/6/2/3294
—Dalton, Thomas. 2014b. "The Great Holocaust Mystery". Online: http://inconvenienthistory.com/6/3/3331
—Dalton, Thomas. 2015. Debating the Holocaust (2ª ed.). Castle Hill.
—Gordon, Sarah. 1984. Hitler, Germans, and the "Jewish Question". Princeton University Press.
—Hitler, Adolf. 1927/1933. Mein Kampf (trad. de E. Dugdale) Houghton Mifflin.
—Hitler, Adolf. 1927/1939. Mein Kampf (trad. de J. Murphy) Hurst & Blackett.
—Hitler, Adolf. 1927/1939. Mein Kampf (trad. de A. Johnson et al.) Reynal & Hitchcock.
—Hitler, Adolf. 1927/1939. Mein Kampf (trad. de W. Soskin) Stackpole Sons.
—Hitler, Adolf. 1927/1943. Mein Kampf (trad. de R. Manheim) Houghton Mifflin.
—Hitler, Adolf. 1927/1999. Mein Kampf (trad. de R. Manheim; introd. de A. Foxman) Houghton Mifflin.
—Hitler, Adolf. 2009. Mein Kampf (trad. de M. Ford)  Elite Minds.
—Hitler, Adolf. 2009. Mein Kampf Official Nazi English Translation. Elite Minds.
—Maser, Werner. 1974. Hitler’s Letters and Notes. Harper and Row.
—Rudolf, Germar. 2011. Lectures on the Holocaust (2ª ed.). Barnes Review.



1 comentario:

  1. Alemania ayer...y hoy!

    https://www.youtube.com/watch?v=6GNxgVPe3KM

    ResponderEliminar