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lunes, 3 de julio de 2017

Sobre la Historia de la Impostura Judía



     En el sitio theoccidentalobserver.net se publicó el pasado Abril el siguiente texto de Andrew Joyce, que se refiere a una larga historia de cierta gente de presentarse como permanentes víctimas de un odio ambiental, a la vez que disfruta de exenciones y privilegios que los sitúan por sobre el común de los pueblos. Es acerca de esa "narrativa de victimización" de la que habla el artículo, la cual es difundida haciendo uso de los medios de comunicación disponibles en las diversas épocas históricas, y actualmente inculcada en las escuelas y las Iglesias, habiendo estas últimas apoyado abiertamente a dicha gente a establecerse en la Europa medieval, propalando el viejo cuento que siempre los precede y que busca provocar simpatía hacia ellos.


Reflexiones sobre la Historia de la Impostura Judía
por Andrew Joyce
8 de Abril de 2017



Introducción

     El humorista del siglo XIX Josh Billings una vez escribió que "No hay mayor evidencia de la inteligencia superior que no estar sorprendido por nada". Demostrando su inteligencia superior en asuntos judíos, pocos acontecimientos sobresaltaron menos a la Derecha Alternativa que la reciente detención de un adolescente judío en Israel por fraudulentas amenazas de bomba contra centros sociales judíos en Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda (21 de Marzo de 2017) [*]. Aunque ahora han trascurrido algunas semanas desde ese engaño, la enorme escala de su exageración política y mediática asociada es profundamente significativa y merece una discusión y contextualización adicional.

[*] https://www.nytimes.com/2017/03/23/us/jcc-bomb-threats.html

     De particular interés son las acciones y posición que tomó la judía Liga Anti-Difamación (ADL), desvergonzada en su inmediata aseveración de que el autor era un hombre Blanco anti-judío, demostrando otra vez una gran tenacidad en el ejercicio de su considerable influencia política y cultural. Empleando la más endeble de las narrativas, sostenida por una igualmente sospechosa "historia de persecución", la ADL fue capaz de diseminar en los medios de comunicación el mito de la victimización judía, asegurar consultas de alto nivel con la FBI, e incluso reprender públicamente al Presidente de Estados Unidos por su respuesta "inadecuada". En particular, el rechazo de Trump a suponer automáticamente que las amenazas de bomba eran un "delito de odio" se encontró con amargos reproches de diversas organizaciones judías.

     Después de que fue detenido el culpable "estadounidense-israelí", los ingenuos podrían haber esperado alguna humildad y examen de conciencia de parte de esos grupos. Sin embargo, en un hecho que nuevamente no conseguirá sorprender a la Derecha Alternativa, la ADL fue reacia a pedir disculpas e intransigente. Con extrema arrogancia, dicha organización publicó una declaración que decía: "Si bien los detalles de este delito permanecen confusos, el impacto de las acciones de este individuo es evidente: éstos fueron actos de anti-semitismo".

     Aunque los propios judíos parezcan haber aprendido poco del episodio, esto nos proporciona realmente algo en qué pensar. Desde el principio hasta el final, el episodio reveló perfectamente en el microcosmos la relación judía con el anti-semitismo, la construcción de narrativas por medio de las cuales los judíos se entienden a sí mismos, y la importancia del mito y el engaño en el sostenimiento de la identidad judía. En resumen, el episodio reveló el núcleo de un fenómeno singular, la esencial "impostura judía". Puesto que ningún idioma trata mejor con el concepto del sustantivo compuesto que el alemán, podemos incluso acuñar un término para este fenómeno: Judenscherz [el chiste judío].


El Judenscherz

     Durante muchos siglos los judíos se han involucrado en la construcción de falsas narrativas que sirven para reforzar su identidad grupal mientras simultáneamente desarman o desinhiben a grupos. La más poderosa de esas narrativas puede ser agrupada bajo el amplio título de la "narrativa de la victimización". La narrativa de la victimización es importante en un contexto de grupo porque, aunque ella pueda ser en gran parte ficticia, permite que los problemas y los desafíos del grupo sean culpados sobre grupos externos, exonerando al grupo interno de la responsabilidad por sus propias desgracias y evitando de esa manera la necesidad de un cambio interno. Un uso adicional de la narrativa de la victimización consiste en que ella nutre la construcción de resentimientos, que pueden a su vez proporcionar el ímpetu y la energía para actos agresivos contra competidores.

     Aunque muchos grupos étnicos y nacionales hayan coqueteado con narrativas de victimización, los judíos se distinguen por su aversión particularmente fuerte a cambiar su propia versión de la victimización. Ellos así han recurrido repetidamente a narrativas de victimización a través de toda su historia, y han adoptado una cosmovisión única en la cual el mundo no-judío entero, los goyim, es presentado como hostil, un caso de "Judíos versus el Mundo". Lo más notable de todo es que los judíos han sido únicos en su éxito para persuadir a grupos competidores y contrarios para que adopten la narrativa de la victimización judía, desarmando e incapacitando el instinto más natural de los no-judíos para competir.

     Por estas y otras razones menores, la cultura judía ha llegado a dominar el arte de la narrativa de la victimización, y uno a menudo encuentra comentado que la historia entera de los judíos es una historia de un sufrimiento constante, la "lacrimosa historia de los judíos". Aunque la aceptación general de esa narrativa histórica predominante sea un desarrollo bastante reciente, no mucho más antiguo que medio siglo, su posición ahora predominante está obstinadamente opuesta a la evidencia abrumadora de que los judíos han sido un grupo privilegiado, protegido, y económica y políticamente poderoso a través de toda la Historia registrada. En efecto, uno lucha para encontrar un grupo de tamaño comparable, en cualquier lugar y en cualquier punto en el tiempo, que haya disfrutado del mismo nivel de riqueza e influencia.

     La debilidad más obvia de los tratamientos académicos y culturales contemporáneos de los asuntos judíos es que ellos dejan de adoptar un acercamiento siquiera remotamente crítico de las narrativas judías. La presunta victimización histórica de los judíos es simplemente tomada literalmente, digerida y profundamente internalizada, en particular en Occidente donde la gente Blanca de linaje estadounidense y germánico raramente, si es que alguna vez, han adoptado una narrativa de victimización propia.

     Como la narrativa de la victimización judía es, en el fondo, un compuesto de fabricaciones egoístas, los detalles que enfatizan esa narrativa predominante son en sí mismos una rica constelación de exageraciones, trucos, estafas y fraudes. Como ya se exploró detalladamente en un artículo anterior [*], quizás el ejemplo más temprano del Judenscherz es el libro del Éxodo, un esfuerzo para refutar un consenso de griegos y egipcios acerca de los comportamientos indeseables de las poblaciones judías que estaban en medio de ellos. En cualquier caso, el libro del Éxodo era, y sigue siendo, crucial en el suministro de un mito fundacional para las narrativas de la victimización judía y con ello de un fundamento para la impostura judía.

[*] http://www.theoccidentalobserver.net/2017/01/exodus-redux-jewish-identity-and-the-shaping-of-history/

     La supuesta "liberación" de hebreos esclavizados y perseguidos desde Egipto es conmemorada por el judaísmo cada año, en la forma del Pesach, o fiesta de la Pascua de los judíos. El historiador Paul Johnson comenta que el Éxodo "se convirtió en un recuerdo aplastante" que "gradualmente sustituyó a la creación misma como el acontecimiento central y determinante en la historia judía" [1]. El Éxodo tiene un poder que existe independientemente de la parafernalia del mito religioso, y que actúa durante los siglos como una narrativa definitoria de la victimización, la vindicación y la auto-validación grupal. El Éxodo es un fundamento sobre el cual es construída la identidad judía.

[1] P. Johnson, A History of the Jews, Londres, 1987, p. 26.

     Es interesante que Josefo, el primer "historiador" judío que intentó una defensa intelectual de la narrativa del Éxodo, nos proporcione otro muy temprano Judenscherz. En una de sus obras más famosas, Las Guerras de los Judíos (c. 70 d.C), Josefo narró los disturbios que ocurrieron en Alejandría en 66 d.C. Según ese esterilizado y embellecido relato, aproximadamente 50.000 judíos fueron muertos (Josefo, Guerras, libro 2). Las secciones relevantes de Josefo valen la pena ser citadas directamente:

    "La sedición de la gente del lugar contra los judíos era perpetua. (...) A ellos se les permitió no sólo matarlos sino despojarlos de lo que ellos tenían, y prender fuego a sus casas... Ellos fueron destruídos despiadadamente, y esa su destrucción fue completa, siendo algunos capturados en el campo abierto, y otros violentados en sus casas, las cuales fueron primero saqueadas de lo que había en ellas, y luego incendiadas por los romanos, en lo cual no se mostró ninguna piedad a los niños, y ningún respeto hacia los ancianos, sino que continuaron la matanza de personas de todas las edades, hasta que todo el lugar quedó inundado de sangre, y 50.000 de ellos quedaron muertos en montones. (...) Y ésa fue la miserable calamidad que en ese tiempo aconteció a los judíos en Alejandría".

     Uno de los aspectos más significativos del relato de Josefo es el énfasis en la presunta agitación externa. La animosidad contra los judíos en esa narrativa no surge de ningún modo de comportamientos judíos sino más bien de una aparentemente espontánea, injustificada y perpetua "sedición de la gente del lugar contra los judíos". La violencia es descrita como salvaje y sádica —los niños y los ancianos son asesinados en una manera brutal— y el daño a la propiedad se sostiene que fue extenso. Finalmente, el número de víctimas relatado es notablemente preciso y notablemente alto.

     La narración de Josefo era completamente ficticia. En primer lugar, falta el contexto pleno de la hostilidad inter-étnica en la región. Los judíos de Alejandría en ese entonces no sólo estaban afanosamente involucrados en una conspiración militar y diplomática contra el dominio romano, sino que sus asuntos económicos y poder político eran también una causa para una significativa inquietud entre el pueblo no-judío. Louis Feldman admite en su libro Jew and Gentile in the Ancient World: Attitudes and Interactions from Alexander to Justinian (1993) que la mayor parte del odio contra los judíos era "debido a la importancia de las posiciones ocupadas por los judíos en la enorme burocracia... especialmente como recaudadores de impuestos" [2]. Feldman añade que los judíos en Alejandría habían asegurado una posición dominante en los niveles superiores de la industria naviera de Alejandría, así como monopolios en la venta y el tráfico de diversos productos. En 38 d.C. una protesta contra el poder judío había sido provocada por "demostraciones de riqueza y poder de parte de los judíos", y por "la privilegiada posición e influencia de los judíos" [3].

[2] L. Feldman, Jew and Gentile in the Ancient World: Attitudes and Interactions from Alexander to Justinian (Princeton, 1993), p. 424.
[3] Ibid., p. 425.

     Los judíos también fueron acusados de doble lealtad. El extremadamente alto nivel internacional de la influencia judía durante ese período fue demostrado cuando el gobernador romano de Alejandría, Flaccus, fue convocado a retornar, desterrado, y luego ejecutado por orden del degenerado Emperador Calígula por permitir que dicha protesta ocurriera. El asunto sería inmortalizado en todavía otra obra maestra de Judenscherz, en el escrito In Flaccum del antiguo filósofo judío Filón, que usó el destino de Flacco como una amenaza velada para los no-judíos considerados como un desafío para el poder judío.

     El nivel de violencia que narró Josefo era también una fabricación total, con ningún historiador moderno que apoye un número de víctimas que siquiera remotamente se acerque a los 50.000 afirmados por el autor judío [4]. En un patrón que surgiría de nuevo en Europa Occidental en la Edad Media, la evidencia muestra que las autoridades romanas estuvieron muy opuestas a la acción al por mayor contra los judíos, prefiriendo proteger a la rica comunidad y castigar sus agitaciones previas con un impuesto de medio shekel más bien que con la espada. Los judíos fueron vistos como demasiado útiles en términos financieros para ser dejados a merced del justo castigo popular, el tema recurrente de la historia judía en la cual los judíos hacen alianzas con élites no-judías en oposición a los intereses populares.

[4] Véase, por ejemplo, de A. Harker, "The Jews in Roman Egypt: Trials and Rebellions", en The Oxford Handbook of Roman Egypt, Oxford, 2012, p. 282.

     Uno podría preguntar entonces por qué una comunidad rica y poderosa, incluso en la Antigüedad, afirma una narrativa de victimización. Como se dijo, la narrativa de la victimización judía tiene una función dual: reforzar aspectos de la identidad judía, y manipular a los competidores. En este aspecto es interesante considerar los comentarios de la historiadora Ellen Birnbaum acerca de In Flaccum de Filón: "Filón puede desear, por una parte, alentar el espíritu de sus congéneres judíos; por otra parte, él puede desear dar una advertencia a los Gentiles" [5].

[5] Citado en P. van der Horst, Philo’s Flaccus: The First Pogrom, Boston, 2003, p. 16.

     Narraciones tempranas como el Éxodo y las obras de Josefo y Filón proporcionaron la plantilla para interpretaciones y revisiones posteriores de ciertas realidades históricas y políticas. Por ejemplo, las referencias a esas tempranas "persecuciones" proporcionaron una falsa justificación para las prácticas de auto-segregación de los judíos que era más aceptable, sobre todo para los ajenos a ese grupo, que las francas admisiones de que los judíos se sentían superiores a las naciones entre las que ellos moraban. Encontramos esto particularmente durante la Edad Media en las explicaciones de la experiencia del ghetto. En efecto, una de las omisiones más notables de la mayoría de los relatos predominantes de la experiencia judía medieval es la muy privilegiada posición de los judíos durante ese período. Para ser claros, los judíos no tenían ningún derecho automático a establecerse en Europa.

     Aquélla fue una época mucho antes de que el concepto de "inmigración" distorsionara el instinto humano, y el establecimiento de extranjeros en el medio de alguien todavía era percibido como una usurpación de una relativa seriedad según las cantidades implicadas. Los judíos fueron capaces de formar establecimientos en Europa sólo porque la Iglesia cristiana les brindó ayuda en la forma de decretos papales que aprobaban su residencia, así como libertad frente a los esfuerzos para conseguir su conversión al cristianismo y protección contra el "maltrato".

     Sin una teología cristiana que enseñara que los judíos poseían un papel especial en la historia de la Humanidad, es improbable que los judíos hubieran sido capaces de instalarse en Europa en la manera en que ellos finalmente lo hicieron. (Algunos de los tratados más influyentes en este respecto fueron formulados por Bernardo de Clairvaux y Tomás de Aquino). Podemos pensar por lo tanto que los decretos cristianos de establecimiento son el privilegio primario que subyace al ascenso de los judíos en Europa Occidental en particular.

     Los judíos de la Edad Media alegaban un status de "perseguidos" mientras simultáneamente disfrutaban de un acceso incomparable a la riqueza y el poder. Ese Judenscherz ha sido transmitido durante los siglos y permanece en una sólida condición hasta hoy. Los judíos fueron completamente dominantes durante ese período. A los judíos de Francia y Alemania se les permitió realizar negocios sin restricción desde el siglo IX hasta el XI, tres siglos de crecimiento de su influencia financiera durante los cuales, en el lenguaje eufemístico de Jacob Katz, su "participación en el suministro del crédito fue considerable" [6]. A los judíos se les permitió el control judicial completo de sus propias comunidades.

[6] J. Katz, Exclusiveness and Tolerance: Jewish-Gentile Relations in Medieval and Modern Times, Nueva York, 1975, p. 5.

     Además, como declara Katz, "Una característica de la alta posición política de los judíos era el permiso para portar armas... Ese hecho quizá debe ser visto menos como el suministro de un medio de auto-defensa que como un signo de status político. A consecuencia de dicho permiso, los judíos estaban en una posición similar a los Caballeros y señores feudales que pertenecían a los estratos superiores de la sociedad medieval" (Ibid., p. 6). Los judíos estaban por sobre las masas, trabajando únicamente para su explotación. Los judíos de la Edad Media no se involucraron en ningún trabajo productivo, viviendo casi todos ellos de manera parasitaria del préstamo de dinero. Katz escribe que "La descripción del judío que espera en casa al Gentil para que vaya y tome prestado dinero o pague una deuda, es un cuadro realista" (Ibid., p. 38).

     La realidad de la tradición del poder judío y la explotación económica que realizaban durante ese período ha sido sofocada por un Judenscherz extremadamente efectivo, basado, como los relatos de Josefo y Filón, en ficticias narraciones de violencia extrema. El historiador Jonathan Elukin escribe que "la violencia es tradicionalmente percibida como estando en el centro de la experiencia judía en la Europa medieval" [7]. Tal como en los relatos más tempranos, vemos múltiples referencias a espontáneos "niveles crecientes de la polémica anti-judía, acusaciones de atrocidades, ataques físicos, y finalmente expulsión" (Ibid.).

[7] J. Elukin, Living Together, Living Apart: Rethinking Jewish-Christian Relations in the Middle Ages, Princeton, 2007, p. 89.

     Sin embargo, al contrario del Judenscherz, la violencia era de hecho muy rara, e incluso su presunto punto alto, la Segunda Cruzada, "llevó con ella poca violencia real contra la judería europea" (Ibid., p. 96). El muy lamentado "libelo de sangre", supuestamente la archi-provocación para la mayor parte de esa supuesta violencia, era en realidad tan escaso e ineficaz contra el poder judío firmemente enraizado que "la mayor parte de los judíos vivieron sus vidas enteras sin una experiencia directa de aquellas acusaciones" (Ibid., p. 99).

     Todo esto por supuesto recuerda mucho al Judenscherz de los pogroms rusos de fines del siglo XIX y principios del XX, y también el de las supuestas atrocidades cometidas por las fuerzas armadas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. En estos casos, las acusaciones de violencia extrema desempeñaron un papel fundamental en el avivamiento de la cohesión judía y la manipulación de los no-judíos; en el caso de los "pogroms" rusos, manipulando a la gente Blanca occidental para que aceptara a millones de migrantes económicos judíos disfrazados como "refugiados". En ese entonces, tal como durante la actual invasión de musulmanes y africanos, los europeos fueron inundados con historias de sufrimiento, provocando un torrente de empatía. Durante una consulta parlamentaria británica acerca de los "pogroms" en 1905, un tal rabino Michelson afirmó que "las atrocidades habían sido tan infernales que no podrían encontrar ningún paralelo ni siquiera en los anales más bárbaros de los pueblos más bárbaros" [8].

[8] A. Heywood, The Russian Revolution of 1905: Centenary Perspectives, Nueva York, 2005, p. 266.

     El New York Times reportó que durante el pogrom de 1903 en Kishinev "Los bebés fueron literalmente despedazados por la muchedumbre frenética y sanguinaria" [9]. Un tema común en la mayoría de las historias de atrocidades contemporáneas era la brutal violación de mujeres judías, donde la mayor parte de los informes incluían la mención de pechos cortados y de madres violadas junto con sus hijas. Los intelectuales y académicos judíos de nuestros días desempeñan un papel fundamental en el Judenscherz repitiéndolo, reforzándolo y afirmándolo. Por ejemplo, Joseph Brandes en su libro de 2009 Immigrants to Freedom sostiene que las muchedumbres "lanzaron a mujeres y niños desde las ventanas" de sus casas, y que "las cabezas fueron golpeadas con martillos, se enterraron clavos en los cuerpos, los ojos fueron arrancados... y se vertió petróleo sobre los enfermos que estaban escondidos en sótanos, y ellos fueron quemados hasta la muerte" [10].

[9] "Jewish Massacre Denounced", New York Times, 28 de Abril de 1903, p. 6.
[10] J. Brandes, Immigrants to Freedom, Nueva York, 2009, p. 171.

     Fue sólo en los años 2000 que el Judenscherz de los pogroms rusos quedó bajo un ataque sistemático cuando el erudito católico John Doyle Klier (1944-2007) comenzó a publicar informes sobre el tema, revelando a su vez los elementos mecánicos y procesales en el desarrollo de una impostura judía. Si hablamos de los antiguos panfletos de Filón, de los tomos de Josefo, o de las actividades de escribas judíos en la Edad Media, el control de los medios de comunicación es crucial. Klier indicó que la patraña del pogrom ganó impulso en Occidente principalmente porque el entonces influyente diario británico Daily Telegraph era en ese entonces poseído por judíos, y fue "particularmente severo" en sus reportes acerca del tratamiento dado por los rusos a los judíos antes de 1881. Según Klier, una de las especialidades de dicho diario era la difusión de "relatos sensacionalistas de violaciones masivas" [11].

[11] J. Klier, Russians, Jews and the Pogroms of 1881-1882, Cambridge, 2011, p. 399.

     Otro reportaje influyente vino de un "corresponsal especial" del Jewish World. Klier comentó que el supuesto itinerario de ese "periodista" por Rusia "plantea problemas intrigantes para el historiador" (Ibid.). Si bien su itinerario de viaje es descrito como "verosímil", la mayor parte de sus relatos es "rotundamente contradicha por el registro de los archivos". Su afirmación de que veinte alborotadores fueron muertos durante un pogrom en Kishinev en 1881 se demostró que era una fabricación de acuerdo a registros que muestran que en aquella ciudad, en ese tiempo, "no hubo ningún pogrom significativo y ninguna víctima". Además, Klier sostuvo que las historias de atrocidades compiladas por el corresponsal del Jewish World deben ser tratadas con "precaución extrema". El reportero "retrató los pogroms dramáticamente, como grandes en su escala e inhumanos en su brutalidad. Él dio cuenta de numerosos relatos donde los judíos fueron quemados vivos en sus casas mientras las autoridades sólo miraban". Hay cientos de casos donde él se refiere al asesinato de niños, mutilación de mujeres y arrancamiento de dedos.

     Klier declaró que "los relatos más influyentes del autor, considerando su efecto sobre la opinión mundial, fueron aquellos de violación y tortura de muchachas tan jóvenes como de diez o doce años". Klier encontró que "los intermediarios judíos que estaban transmitiendo informes de pogroms en el extranjero estaban bastante conscientes del impacto que producían los informes de violaciones, y ellos figuraban de  manera muy destacada en sus relatos". Todos esos relatos eran completas fabricaciones.

     Provocado por la propaganda de atrocidades, el gobierno británico emprendió su propia investigación independiente. El aspecto más notable de la averiguación independiente fue el desmentido absoluto de violaciones masivas. En Enero de 1882 el cónsul general Stanley objetó todos los detalles contenidos dentro de los informes publicados por los medios de comunicación, mencionando en particular las infundadas "descripciones de violación de mujeres". Él posteriormente declaró que sus propias investigaciones revelaron que no hubo ningún incidente de violación durante el pogrom de Berezovka, que la violencia había sido rara, y que gran parte de los disturbios se restringió al daño a la propiedad.

     El vice-cónsul Law, otro investigador independiente, reportó que él había visitado Kiev y Odessa, y sólo pudo concluír que "Yo debería estar poco dispuesto a creer en cualquier historia de mujeres que han sido ultrajadas en aquellas ciudades". Otro investigador, el coronel Francis Maude, visitó Varsovia y dijo que él no podía "dar ninguna importancia" a informes de atrocidades que emanaran de aquella ciudad. Cuando esos informes fueron dados a conocer al público, declara Klier, ellos representaron "un serio revés para las actividades de protesta de organizaciones judías".

     El Times de Londres fue uno de los principales traficantes de propaganda durante ese período, un hecho que es difícilmente sorprendente dado que estaba poblado por influyentes periodistas judíos como Lucien Wolf, el "experto" en asuntos exteriores anti-ruso que trabajaba detrás del escenario de varios importantes periódicos. El Times fue obligado a retractarse en muchas de sus afirmaciones, pero respondió rencorosamente declarando que la indignación del país todavía estaba justificada incluso si las atrocidades fueran "las creaciones de la imaginación popular", una réplica que es más que un poco reminiscente de la respuesta de la ADL a la exposición de la impostura de la reciente amenaza de bombas.

     Los cónsules quedaron indignados por la respuesta del Times y por la continuada influencia del engaño judío. Stanley reiteró el hecho de que sus intensas investigaciones, que él realizó con un gran costo personal, sufriendo una seria herida en una pierna, ilustraban que "los relatos del Times de lo que ocurrió en cada uno de aquellos sitios contienen las mayores exageraciones, y que la descripción de lo que ocurrió en algunos de aquellos lugares es absolutamente falsa". Enfurecido por el Judenscherz que circulaba en Gran Bretaña y Estados Unidos, Stanley "fue directamente arriba" entrevistando a rabinos estatales, solicitando evidencias y recorriendo sitios de pogroms. En Odessa, donde se había originado una gran cantidad de historias de atrocidades, él pudo confirmar "una muerte, pero ningún saqueo de sinagogas o víctimas quemadas por fuego". No hubo ninguna prueba de que una sola violación hubiera ocurrido.


Conclusión

     A pesar de los mejores esfuerzos de Stanley, la narrativa judía permaneció inalterablemente anexa en las percepciones occidentales de los "pogroms", y los "pogroms" mismos toman su lugar junto a una letanía de otras imposturas judías en la imaginación occidental, una imaginación en la cual la narrativa judía de victimización todavía tiene una gran influencia. Es difícil formular respuestas eficaces a tales fraudes. La exposición de engaños individuales es casi inevitablemente sofocada por los cuentos más visibles, audibles, y a menudo repetidos de los magnates judíos de la propaganda. Tan regocijante como pueda ser el ver expuesta una de esas falsificaciones —y el fraude de la amenaza de bombas no es ciertamente ninguna excepción—, debería ser entendido que es la narrativa de la victimización judía la que sostiene y apoya la fuerza colectiva del Judenscherz.

     En efecto, estos fenómenos se están reforzando mutuamente ahora; las imposturas obtienen su credibilidad y verosimilitud inicial de una presunta historia de persecución, una historia que está construída sobre patrañas. El gobierno, los medios de comunicación, muchos miembros del público e incluso muchos judíos creyeron que las recientes amenazas de bombas eran verdaderas porque ellos han sido literalmente adoctrinados en la idea de que los judíos están constantemente bajo la amenaza de la violencia, una amenaza de violencia que se dice que tiene un largo precedente histórico.

     A la postre, la clave para echar abajo el fenómeno de la impostura judía no estará en la exposición de incidentes singulares o acontecimientos históricos, sino en la eliminación definitiva de la narrativa de la victimización judía. Los judíos son una élite poderosa, protegida, y muy privilegiada, y ellos siempre lo han sido. Su apelación al status de víctimas sería ridícula si no fuera por el hecho de que es una de las estrategias claves que están detrás de nuestra decadencia.–




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