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sábado, 22 de julio de 2017

Revilo P. Oliver -Sobre el Homosexualismo



     En el libro de Frederick Seelig "Destroy the Accuser. Federal Homo Power Exposed", Florida 1967, al final se incluye un comentario, un erudito e incisivo análisis escrito un año antes por el conocido profesor y escritor estadounidense Revilo P. Oliver (1908-1994) acerca de la cuestión homosexual. Este sólido y sincero ensayo que ofrecemos traducido comenta a propósito del caso del periodista Seelig, el cual tras descubrir a su mujer lesbiana jugando con sus dos hijos de modos eróticos demandó la custodia de ellos, perdiendo el caso y quedando a cargo de la madre, averiguando luego que el juez de ese caso era miembro de una asociación secreta homosexual. Seelig luego fue perseguido, acusado falsamente y encerrado y torturado en un hospital-prisión tras ser declarado insano por el fiscal federal estadounidense, siendo liberado después pero sólo tras serle robados todos sus documentos y pruebas incriminatorias de la existencia de una conspiración internacional comunista-homosexual de un sindicalismo criminal empeñado en destruír los códigos morales y las leyes sexuales, y viendo a sus hijos siendo víctimas del poder homosexual de pervertidas y anti-cristianas agencias californianas y federales; en un juicio posterior fue declarado sano y no culpable, en un caso de alta connotación. El doctor Revilo Oliver, que testificó a su favor ante la Comisión Warren, realiza en este escrito clave un examen del fenómeno del homosexualismo en Estados Unidos, dentro del contexto de una subversión mayor que se remonta a tiempos antiguos, conducta vinculada modernamente con los destructivos propósitos comunistas, para todo lo cual presenta diversos testimonios y reflexiones de tipo psicológico y de la crónica contemporánea.


SOBRE EL HOMOSEXUALISMO
por Revilo P. Oliver, 1967



     La consternadora historia contada por el señor Seelig en las páginas anteriores [*] es mucho más que una tragedia personal que debe provocar la simpatía y la compasión en cada corazón humano. Es una historia que es terrible en el sentido pleno de aquella palabra: debería provocar el terror en el corazón de cada estadounidense que espera que sus hijos no lamenten haber nacido.

[*] Frederick Seelig, Destroy the Accuser. Federal Homo Power Exposed, Florida, 1967 http://www.resist.com/Onlinebooks/DestroyTheAccuser-FrederickSeelig.pdf

     Como sugiere el periodista más eminente de Estados Unidos [Westbrook Pegler] en su introducción a este libro, el relato del señor Seelig debería ser verificado en cada detalle por investigadores diligentes e intrépidos. Pero tal verificación sólo podría confirmar lo que todos sabemos o deberíamos saber si prestáramos atención a la evidencia que ha estado acumulándose durante décadas.


     La narrativa del señor Seelig nos enfrenta a dos hechos que no pueden ser negados y ante los cuales sería cobarde y desastroso cerrar nuestros ojos. Aquellos hechos son, por supuesto, la siempre creciente perversión de la ley y de los procesos judiciales en nuestro país, y la epidemia de perversión sexual que nos ha llevado al borde de la imbecilidad moral.

     La perversión de la ley —es decir, el uso de procesos pseudo-legales para proteger al culpable destruyendo a los testigos de su culpa— es a la vez común y notoria. Es tan notoria que uno sólo puede asombrarse ante la fatua apatía de un público que no hace nada con respecto a ello porque cada individuo cree que él personalmente puede escapar si él, como un conejo, arranca y silenciosamente se esconde entre la maleza. En Nueva York no hace mucho aproximadamente cuarenta personas miraron desde sus ventanas durante media hora mientras un merodeador solitario atacó y asesinó a una mujer en la calle afuera; miraron y no hicieron nada, ni siquiera llamaron por teléfono a la policía, porque cada uno estaba "temeroso de verse involucrado". Ha habido muchos incidentes así. Los cobardes espectadores pertenecen a una forma de vida ahora prolífica en Estados Unidos, pero no se requiere ningún aprendizaje para ver que los conejos de gran tamaño, aunque capaces de estar de pie sobre sus piernas traseras, para hablar incoherencias y votar, son una especie que es biológicamente incapaz de sobrevivir.

     El caso más célebre y siniestro de la perversión de la ley ocurrió hace más de veinte años, y sin embargo no ha excitado todavía la alarma e indignación que tales ultrajes necesariamente despiertan en naciones que son viables. La obscena y trágica farsa llamada el "Juicio por Sedición" [*] comenzó en 1942 y finalizó sólo en 1947. Se trataba de un acto de terrorismo de estilo soviético realizado para intimidar a los estadounidenses. Treinta hombres y mujeres de todas partes del país, la mayoría de los cuales nunca siquiera había oído hablar el uno del otro y que tenían en común sólo una crítica abierta de la Conspiración Comunista, fueron arrastrados a Washington, con esposas y hierros en sus piernas, encarcelados en celdas oscuras de modo que ellos no pudieran leer, y sometidos al proceso más fantástico por "conspiración" alguna vez llevado a cabo fuera de la Unión Soviética.

[*] "The Great Sedition Trial of 1944: A Personal Memoir", por David Baxter http://www.ihr.org/jhr/v06/v06p-23_Baxter.html

     El proceso real, basado en pretextos tan evidentes que no pueden haber estado destinados a engañar a ningún hombre inteligente, fue organizado en 1944 por el infame Edward C. Eicher, un protegido de Felix Frankfurter y presidente del Tribunal Supremo de la Corte del Distrito de Columbia, en abierta colusión con un increíble fiscal asistente, Oetje J. Rogge, otro protegido de Frankfurter y un admirador de mucho tiempo de los bolcheviques, cuya parte en la persecución le ganó la distinción de ser el invitado personal de Stalin en el Kremlin unos años más tarde.

     El juez infractor de la ley, Eicher, repetida y flagrantemente violó la Constitución de Estados Unidos, innumerables leyes, y los principios elementales de equidad y justicia sobre los cuales todas las leyes están basadas. Pero la viciosa criatura que ilegalmente presidió un tribunal federal no tuvo éxito en hacer el trabajo para el cual él había sido designado. Él murió mientras los artículos de la acusación por acciones ilegales suyas en el cargo estaban en preparación y antes de que él pudiera ser llevado a juicio en el Senado. Su muerte repentina, supuestamente por causas naturales, evitó una investigación y exposición que nuestros enemigos en Washington estaban desesperadamente impacientes por impedir. El absurdo caso —ridículo salvo por el sufrimiento y pérdida irreparable causados a los desdichados acusados e incluso a sus abogados— finalmente llegó ante un juez honesto en 1946 y fue descartado como una "parodia de justicia". Pero los elementos criminales en lo que es llamado nuestro "Ministerio de Justicia", en un esfuerzo para afligir a sus destinadas víctimas tanto como fuera posible, persistieron hasta que el caso fue finalmente terminado por orden de la Corte de Apelaciones el último día de Julio de 1947 [1].

[1] El falso "Caso de Sedición" es una mancha en nuestra historia nacional, y los detalles, para mencionar los cuales no tengo espacio aquí, merecen un estudio cuidadoso. El relato más conciso y lúcido es The Sedition Case, primeramente publicado en 1953. A Trial on Trial, de Maximilian St. George (uno de los abogados) y Lawrence Dennis (uno de los acusados), fue publicado en Chicago en 1946, antes que los acusados lograran tener el caso finalizado, y fue por lo tanto escrito con una cierta circunspección. I Testify, de Robert Edward Edmondson (otro acusado), contiene un relato personal del proceso, pero la mayor parte del libro está dedicada a la recapitulación de las críticas del autor contra el gobierno de Roosevelt por lo cual el "Ministerio de Justicia" procuró tomar venganza. El libro, que no está bien organizado, fue publicado por el autor en 1953 y dos veces reimpreso, pero es extremadamente raro ahora.

     Un incidente más reciente, que en un grado considerable establece un paralelo con la experiencia del señor Seelig, fue el secuestro del general Edwin A. Walker en Oxford, Mississippi, el 1º de Octubre de 1962. Aquel delito, aunque claramente planeado con cuidado por los gángsters, no fue un éxito completo, y los principales aspectos de la historia, al menos, son conocidos ahora por cada uno. El general Walker, un gran estadounidense y uno de nuestros militares más distinguidos, había renunciado, con gran sacrificio personal y con un rechazo categórico de los sobornos ofrecidos a él, al Ejército de modo que él no pudiera ser silenciado por los traidores y sabandijas internacionales que se habían apoderado de "nuestro" Ministerio de Defensa. La primera tentativa de hacerlo callar a partir de entonces parece haber sido bien planeada; hasta un cierto punto, todo funcionó con la precisión de un mecanismo de relojería. En Oxford, Mississippi, uno de los mentirosos profesionales empleados por la Associated Press tramó un depravado libelo que aquel servicio de "noticias" distribuyó por todo el país [2].

[2] Ya que el general Walker sobrevivió, la tentativa de difamación es probable que resulte cara. Los jurados imparciales han entregado ya veredictos de 3.800.000 dólares (reducidos por los tribunales a 2.750.000 dólares) contra la Associated Press y periódicos que publicaron aquella malévola ficción. Muchos otros pleitos judiciales están pendientes. Para los detalles, vea The American Mercury, Septiembre de 1965, pp. 13-15.

General Edwin Walker

      Luego los pistoleros a sueldo, muchos de ellos reclutados en penitenciarías y todos recibiendo nombramientos como comisarios de policía (marshals) de Estados Unidos, entraron en acción bajo la supervisión de un tal Nicholas Katzenbach, que estaba como el representante personal de Robert ("Bobby Sox", "Calcetines Cortos") Kennedy, en ese entonces ministro de Justicia de Estados Unidos. El automóvil del general Walker fue ilegalmente detenido en una carretera pública, y, sin una orden o acusación de ninguna clase, fue llevado delante de un comisario estadounidense, el cual, después de practicar un desvergonzado engaño contra el general, asegurándole que él sería liberado bajo fianza, fijó aquélla en la fantástica suma de 100.000 dólares. Ése fue claramente un error de cálculo, ya que el doble de esa cantidad estuvo disponible tan pronto como los amigos y parientes del general fueron notificados, y, para evitar la aceptación de aquella fianza, fue necesario que el funcionario responsable de "nuestro" gobierno se escondiera y usara otros engaños hasta que la segunda etapa del secuestro fuera llevada a cabo.

     Eso fue realizado con ejemplar eficacia en menos de tres horas. En Washington, una persona de orígenes rusos apellidada Kantor, que se hace llamar Charles E. Smith y cuyo cargo es de Psiquiatra Jefe de la Oficina Federal de Prisiones y que era por lo tanto otro de los subordinados de Bobby Kennedy, diligentemente decidió que el general Walker era probablemente demente. Ese hombre de ciencia más tarde declaró que él fue capaz de hacer ese diagnóstico a una distancia de 1.600 kms. en unos minutos, simplemente leyendo las mentiras diseminadas por la Associated Press. Él puede haber aplicado, sin embargo, la definición ideada por el doctor Brock Chisholm, el protegido de Alger Hiss [funcionario estadounidense acusado de ser un espía soviético, pasando luego 3½ años en prisión] y jefe de la así llamada Organización Mundial de la Salud que fue fundada bajo el patrocinio de Hiss para conducir la agitación en pro de la "salud mental". El doctor Chisholm oficialmente cree que la "salud mental" depende de la "erradicación del concepto de correcto e incorrecto", de donde se sigue, por supuesto, que cualquiera que piense que hay una diferencia entre el bien y el mal es obviamente insano.

     Armado con esta opinión del "doctor Smith", un tal James V. Bennett, que tenía el cargo de Director de Prisiones, telegrafió órdenes a los comisarios en Oxford, de acuerdo a las cuales el general Walker fue subido a bordo de un avión que inmediatamente salió hacia un destino desconocido. Probablemente se esperaba que el destino pudiera ser mantenido en secreto hasta que el general hubiera sido eliminado. Se hizo conocido, sin embargo, que los secuestradores habían transportado a su víctima a través de tres líneas estatales [3] al campo de concentración en Springfield, Missouri, que es oficialmente conocido como una prisión médica federal. El señor Seelig, en una parte de su historia no incluída en este libro, dice que incluso antes de la llegada del general circulaba el comentario entre los presos, de los cuales él era uno, de que los "expertos en salud mental" a cargo estaban felices con la perspectiva de tener a un distinguido estadounidense para torturar.

[3] Ya que todos los empleados federales son personalmente responsables de actos cometidos más allá del poder legal (ultra vires), esto tiene la interesante consecuencia de que las personas principalmente responsables del secuestro serían sometidas a la pena de muerte si los estatutos federales fueran hechos cumplir.

     El general Walker fue despojado de su ropa, arrojado a un calabozo de concreto, y se le sirvió su comida en el suelo, un agradable detalle que es, en sí mismo, un índice suficiente de la mentalidad de los "expertos en salud mental" [4]. El general, sin embargo, era demasiado prominente. Hacia la medianoche, el lugar donde él estaba siendo mantenido cautivo fue conocido. Su abogado, el general Clyde J. Watts, voló a Springfield inmediatamente.

[4] Esto no debe ser interpretado como una acusación contra todos los psiquiatras. Hay muchos que son sanos y honestos, incluyendo al que, aunque pagado por el gobierno federal, más tarde declaró ante el tribunal que el general Walker estaba "actuando en el nivel superior de la inteligencia" (como, por supuesto, todos los involucrados sabían durante todo el incidente). Acerca del fraude de "salud mental", actualmente promovido por la Conspiración Comunista como un arma de terrorismo y conquista, véase el excelente libro de Ellen McClay, Bat in the Belfry (Los Ángeles, 1964).

     Casi simultáneamente, estadounidenses de todo el país, informados por teléfono de lo que había pasado, inundaron la oficina de la prisión con telegramas que indicaban, de una manera u otra, que la prisión sería considerada responsable de la seguridad del general. Habría sido imposible asesinar al general silenciosamente o destruír su mente por medio de drogas o cirugía sin despertar la indignación nacional. El Departamento de Justicia hizo una tentativa de conservarlo para cobrar un rescate, siendo el rescate exigido una promesa de que él no contaría al público lo que había ocurrido. Cuando ese trato fue rechazado, el general fue liberado sin mediar un rescate, el sexto día después de que fue secuestrado. El complot así terminó en un completo fracaso, pero Katzenbach, el representante de Robert Kennedy, fue recompensado más tarde por su parte en ello siendo nombrado jefe del Departamento de Justicia [5].

[5] El relato anterior está basado en el resumen, certificado por el general Walker como "una descripción de hechos y exacta", publicado en Dallas, Texas, y en el artículo del general Walker en The American Mercury, Marzo de 1965, pp. 17-19. Véase también el artículo del Juez Robert Morris en The Greater Nebraskan, Navidad de 1962, pp. 9, 19-20. Puede ser coincidencia que el siguiente intento de silenciar al general fuera hecho por un asesino comunista, Lee Harvey Oswald, el cual falló porque su pretendida víctima resultó girar su cabeza en el mismo instante en que el tiro fue disparado. Oswald fue asistido o supervisado por una persona que no ha sido oficialmente identificada, aunque se cree ampliamente en Dallas que hay pruebas para mostrar que esa persona era Jakob Rubenstein, alias Jack Ruby, quien silenció a Oswald después del asesinato del Presidente Kennedy.

     Ha habido muchos otros casos de violencia ilegal perpetrada por personas que tienen cargos ya por elección o por nombramiento y que creen que su status como empleados del pueblo estadounidense les da derecho a secuestrar o matar estadounidenses. Un caso que se parece cercanamente al del señor Seelig fue el del señor Fletcher Bartholomew, quien, mientras estaba "en préstamo" por sus empleadores (General Mills en Minneapolis) en la Radio Europa Libre, una estación de propaganda cripto-comunista secretamente manejada por "nuestra" CIA en Múnich, Alemania, notó cuántos homosexuales degenerados estaban entre el personal de la emisora de radio. No sabiendo quién gobierna en Washington, el señor Bartholomew pensó que era su deber reportar sus observaciones al cónsul general de Estados Unidos en Múnich y al centro administrativo de la CIA.

     En consecuencia, el 28 de Julio de 1956 él fue atraído hacia un hospital del Ejército por un capellán de Ejército y agredido allí por matones, incluyendo una criatura que tenía una comisión como capitán en el Ejército estadounidense. El señor Bartholomew fue dominado por sus atacantes, atado con correas a una cama, y reducido a la inconsciencia con inyecciones hipodérmicas. Amarrado y mantenido bajo drogas, fue llevado por vía aérea a Estados Unidos para su encarcelamiento como un "enfermo mental" en un hospital en el cual él podría haber muerto prontamente de un "ataque cardíaco". El plan fracasó, sin embargo, porque la señora Bartholomew rechazó ser engañada o intimidada, y, cuando un honorable empleado de la oficina de Radio Europa Libre reveló lo que le habían hecho a su marido, pudo obtener el apoyo de personas de alguna influencia en Estados Unidos. La víctima fue por lo tanto liberada. Dos años más tarde, en Noviembre y Diciembre de 1958, la chocante historia fue hecha pública en una serie de emisiones de radio por Fulton Lewis Jr.

     Un delito algo similar fue cometido por el Departamento de Agricultura cuando un honesto abogado primero tropezó con la evidencia de los robos cometidos por un joven Billie Sol Estes. El abogado, N. Battle Hales, fue atraído a la oficina del Secretario de Agricultura, donde fue detenido por un ayudante administrativo mientras una escuadrilla de matones fue enviada a destruír sus archivos. Su secretaria, Mary Kimbrough Jones, una refinada dama de cincuenta y un años, intentó proteger los archivos del señor Hales y habría sido un testigo de su confiscación. Los gángsters federales en consecuencia la secuestraron y la empujaron a una prisión de "salud mental" para su eliminación. Un influyente y valeroso congresista se enteró del delito e intervino a tiempo. La señora no fue asesinada, pero su salud durante un tiempo fue arruinada por la brutalidad a la cual ella fue sometida antes de que su liberación pudiera ser conseguida [6].

[6] Para un relato más completo, véase de Clark Mollenhoff, Despoilers of Democracy (Nueva York, 1965), un libro que trata con las comparativamente pocas actividades de nuestros amos-matones que, gracias a diversas casualidades, han salido a la luz. El señor Mollenhoff concluye, con una cuidadosa subestimación, que "estamos en un verdadero peligro de perder la informada preocupación necesaria para salvarnos".

     Muchas víctimas de tales delitos no han tenido a nadie que las ayudara. Los ultrajes gubernamentales han llegado a ser triviales, y el gran público, aparentemente perdido en el estupor, parece no preocuparse. Cuando fue revelado en el Registro del Congreso (4 de Mayo de 1964) que el ministro de Justicia de Estados Unidos había manipulado a un jurado de acusación enviando cajas de whisky y prostitutas (incluyendo jefas de policía) a los cuartos de los jurados, cada uno pareció pensar que eso era simplemente normal. La reciente revelación de que los chantajistas empleados por el gobierno federal son suministrados a cuenta nuestra con camiones que se parecen a aquellos usados por compañías telefónicas locales, de modo que ellos puedan con mayor facilidad violar las leyes federales y estatales e intervenir los teléfonos de estadounidenses decentes a los que la Mafia dirigente desea acosar, aquella revelación, predigo, provocará escasamente un ligero interés. Si la gente permanece indiferente mientras sus gobernantes despreciadores de la ley tejen una red de tiranía en torno a ellos y su posteridad, ellos no pueden pretender ser moralmente superiores a los salvajes africanos que vendían a sus propios hijos para la esclavitud por un trozo de alambre de cobre o un poco de tela roja.

     Nadie hasta ahora se ha atrevido abiertamente a defender la perversión criminal de la ley y a la autoridad aparentemente legal, e incluso los socialistas más entusiastas, si no pueden negar los hechos, se refugian en la ambigüedad y el sofisma, fingiendo que cada ultraje ha sido el resultado de un "error" o un "malentendido". La mayor parte de nosotros todavía puede reconocer el mal como mal, y no tolerará ningún argumento de que es un "bien social".

     La otra perversión con la cual estamos enfrentados por la trágica historia del señor Seelig no es tan fácilmente entendida. El homosexualismo es un asunto repugnante y, en algunos de sus aspectos, incomprensible, y hasta el resumen más conciso de lo que se sabe al respecto alcanzaría las dimensiones de un tratado y requeriría el uso de otros lenguajes además del inglés. Hay, además, muchos motivos de por qué incluso la mayoría de los estadounidenses conservadores podrían no reconocerlo como un mal o subestimarlo.

     La República Estadounidense fue fundada para maximizar la libertad personal poniendo grilletes al gobierno, el cual, como dijo George Washington, se parece al fuego: es necesario para la vida civilizada, pero es devastador siempre que no sea mantenido estrictamente confinado y bajo control. Nuestra tradición de libertad es todavía tan fuerte que muchos conservadores estadounidenses —sobre todo aquellos que se llaman "libertarios"— creen que los poderes policiales no deberían ser usados contra pervertidos sexuales o personas adictas al uso del opio, cocaína y otras drogas alucinógenas. Esa opinión, por supuesto, es afirmada bajo el supuesto de que tales vicios dañan sólo a los individuos que voluntariamente los practican, una presunción que es negada tanto por la historia humana como por la realidad social del presente.

     Los hombres de nuestra raza naturalmente ven con desprecio a las criaturas que, aunque anatómicamente varones, encuentran una satisfacción perversa e incomprensible en las relaciones sexuales entre sí. Y es simplemente natural considerar lo que despreciamos como ineficaz y por lo tanto inocuo, excepto, quizás, para los débiles. Esa actitud instintiva es confirmada por los razonados argumentos de lo que es llamado ahora "Darwinismo Social", un término que es inadecuado ya que sugiere que dicha doctrina es de origen reciente. Desde que los hombres han reflexionado acerca de la naturaleza de la sociedad civilizada, ha sido obvio que la raza humana produce seres inferiores que son, cultural y socialmente, productos de desecho, de modo que la salud de una alta civilización, así como la de una gran ciudad, depende de la existencia de un adecuado sistema de alcantarillado. Eso es algo para lo cual cada teoría política racional ha tenido que hacer una provisión, no sólo en Occidente sino también en otras civilizaciones [7].

[7] Por ejemplo, el Arthacastra, un tratado político compuesto en India en algún momento antes de 300 d.C., propone una solución bastante drástica: que un ejército de detectives, disfrazados como profesores, sacerdotes heréticos, jugadores, mendigos, bandidos, y otros por el estilo, debería actuar como agentes provocadores y tratar de inducir a los moralmente débiles a cometer delitos, como robos, tras lo cual podrían ser fácilmente detenidos y por los cuales ellos serían rápidamente ejecutados.

     Podría argumentarse, por lo tanto, que la sociedad no debería intentar reprimir vicios tales como el homosexualismo y la adicción a los narcóticos, ya que mientras más se permita que personas con tales tendencias se entreguen libremente a ellas, menos probablemente ellos  dejarán descendientes. De ese modo, se espera, la sociedad será finalmente mejorada por la eliminación de los inadecuados. Lo que esa teoría pasa por alto, aparte de las dificultades prácticas que no tenemos que enumerar, es que la moralidad no es simplemente hereditaria. Aunque existen criminales innatos, es muy improbable que haya personas que nazcan con tales cualidades innatas que no puedan convertirse en criminales durante sus años formativos por la educación, asociaciones degradantes y solicitudes insidiosas. Incluso si concedemos que la aptitud es hereditaria, debemos enumerar a la integridad moral, al igual que la capacidad de ver o como la vida misma, entre las cosas que el hombre puede destruír fácilmente, pero nunca crear.

     El cristianismo, aparte de unas pocas raras herejías pero extrañamente recurrentes, siempre ha usado a Sodoma y Gomorra como ejemplos de lo que es justamente detestado tanto por Dios como por el hombre. Pero es la tragedia de nuestro tiempo el que el cristianismo ya no proporciona la cohesión social que hizo posible nuestro mundo moderno. Para una parte considerable de nuestra población, incluyendo a una parte muy influyente de ella, la fe de nuestros padres se ha convertido en un mito primitivo, explícita o tácitamente rechazado por aquellos que piensan en términos científicos o prácticos.

     Más importante que el número de agnósticos y ateos, sin embargo, es el hecho de que las Iglesias cristianas han sido invadidas, y muchas han sido capturadas, por así llamados "modernistas", quienes en sus púlpitos explotan cínicamente lo que ellos en privado consideran como superstición, y, vendiendo el disparate sentimental llamado el "evangelio social", pervierten y destruyen los fundamentos mismos del cristianismo en cuyo nombre ellos dicen hablar. Ellos son los dignos sucesores de los sacerdotes de Cibeles que Apuleyo describió en el octavo libro de su Metamorfosis, y no es extraordinario que ellos, en vez de exponer la doctrina cristiana acerca del homosexualismo, usen sus púlpitos para defender o incluso alabar un vicio del cual algunos, al menos, tienen un conocimiento más que meramente teórico.

     El deseo sexual, aunque no es una fuerza tan fuerte como el hambre, la avaricia o la vanidad, es indudablemente una fuerza biológica en cada ser humano, y este hecho lo ha convertido a través de toda la Historia en un medio favorito para manipular y explotar a hombres y mujeres. Ha sido usado para dichos objetivos por hechiceros y chamanes de todas las épocas, incluyendo la nuestra. Cuando Sigmund Freud se deslizó desde las alcantarillas de Viena con el descubrimiento de que personas no tan degeneradas como él estaban "enfermas" y necesitaban ser curadas mediante la magia sexual, él fundó un negocio extremadamente provechoso.

     En una época de religión decreciente, la noción de que el sexo es prácticamente toda la vida humana y la única fuente de felicidad fascinó a los crédulos; y, hasta un grado rara vez igualado en los cultos más orgiásticos del barbarismo, el entregarse al apetito sexual se ha convertido en la religión de nuestros contemporáneos. El culto ha sido, por supuesto, propagado con entusiasmo por los discípulos de John Dewey, que han convertido a las escuelas públicas en un instrumento para promover la "democracia" por medio de la inyección en las sensibles mentes de los niños de la creencia de que la vida es simplemente una serie de satisfacciones animales. Como resultado, nuestra nación sufre ahora de una monomanía erótica que siniestramente se parece al frenesí sexual que inundó a Francia inmediatamente antes del demencial baño de sangre que es eufemísticamente llamado la Revolución Francesa. En este contexto, el homosexualismo parece ser sólo un aspecto de un problema mucho más grande, un aspecto que, puesto que es particularmente repulsivo, es fácil ignorar.

     Finalmente, muchos estadounidenses todavía consideran al homosexualismo como un problema moral y social que tiene poca relación con la política y con nuestro peligro más inmediato y terrible, la toma bolchevique del poder, la cual, a pesar de todas las protestas y actividad de estadounidenses tardíamente despertados en años recientes, parece estar progresando con la velocidad metódica de una irresistible aplanadora. De hecho, muy pocos vieron una conexión entre los dos males antes de la publicación del excelente y conciso artículo "La Internacional Homosexual" de [la condesa] R. G. Waldeck en Human Events el 29 de Septiembre de 1960 [*]. Fue sólo entonces que la gente comenzó a notar que, en el mundo occidental, las guaridas de la traición son invariablemente también los terrenos donde anidan los degenerados.

[*] NdelT: Dicho breve artículo (Homosexual International), de sólo cuatro páginas en dicha publicación, estuvo disponible en la red, pero actualmente es imposible acceder a él. Para dar una idea de su contenido, dada la importancia que le atribuye al parecer el señor Oliver, hemos traducido algunos fragmentos, lo único que hay, desde un sitio en italiano, los que van como anexo al final de este ensayo.

     Los pervertidos son repugnantes, pero usted no puede permitirse ignorarlos. La historia del señor Seelig le dará alguna indicación del poder que aquellas furtivas y corruptas criaturas han alcanzado sobre usted; y hay mil muestras de evidencia para confirmar aquella estimación.

     La causa de la oscura perversión de los instintos humanos no es clara. El homosexualismo es encontrado entre muchas tribus de salvajes, pero aquel hecho tiene poca importancia aquí. La civilización es por definición el proceso mediante el cual los seres humanos reprimen y previenen la conducta y el modo de comportamiento que son característicos de los salvajes.

     La explicación más común del homosexualismo en sociedades que pueden ser llamadas civilizadas es la que propuso el gran viajero y observador etnológico Sir Richard Burton en el comentario añadido a su famosa traducción de "Las Mil y Una Noches". Para Sir Richard la causa principal es geográfica y racial. Él habla de la Zona Sotádica [*], es decir, el Oriente Próximo, que es dominado por los pueblos semíticos y camíticos entre quienes dicho vicio es inveterado y dado por supuesto, junto con las áreas adyacentes de la cuenca del Mediterráneo que aquellos pueblos ocupan o en las que se han internado y sobre las que han influído. Es verdad que entre aquellos habitantes de la Zona Sotádica el homosexualismo es considerado como normal, y Sir Richard creía que ésa era la consecuencia de ciertas particularidades anatómicas que generalmente se encuentran en varones y mujeres de aquellas razas.

[*] NdelT: La existencia de una Zona Sotádica (Sotadic Zone) es una hipótesis del orientalista británico Sir Richard Francis Burton (1821-1890), quien afirmó que existe una zona geográfica en la cual la pederastia (intimidad romántico-sexual entre un hombre y un muchacho) es predominante y celebrada entre los habitantes autóctonos. El nombre deriva de Sótades, un poeta griego del siglo III a.C. que fue el principal representante de un grupo de escritores de poesía obscena y satírica, y a veces pederasta. Esos versos homoeróticos están preservados en la Antología Griega, una colección de poemas que abarca los períodos clásico y bizantino de la literatura griega. Burton propuso su concepto de Zona Sotádica primeramente en 1886 en el "Terminal Essay" contenido en el volumen 10 de su traducción de The Arabian Nights, a las que él llamó The Book of the Thousand Nights and a Night. En dicho Ensayo, parte IV, D, Pederasty, Burton escribe:

     «Investigaciones posteriores en muchos y distantes países me han permitido llegar a las siguientes conclusiones:

«1. Existe lo que llamaré una "Zona Sotádica", que limita al Oeste con las costas del Norte del Mediterráneo (43º lat. N) y del Sur (30º lat. N ). Así, la profundidad sería de entre 780 y 800 millas [entre 1.255 y 1.290 kms.] incluyendo Francia meridional, la Península Ibérica, Italia y Grecia, junto con las regiones costeras de África de Marruecos a Egipto.

«2. Hacia el Este la Zona Sotádica se estrecha, abarcando Asia Menor, Mesopotamia y Caldea, Afganistán, Sind, el Punjab y Kashmir.

«3. En Indo–China el cinturón comienza a ensancharse, incluyendo a China, Japón y el Turquestán.

«4. Luego abarca las Islas del Mar del Sur y el Nuevo Mundo donde, en tiempo de su descubrimiento, el amor Sotádico era, con algunas excepciones, una establecida institución racial.

«5. Dentro de la Zona Sotádica dicho vicio es popular y endémico, considerado en el peor de los casos una mera falta menor, mientras que las razas al Norte y al Sur de dichos límites aquí definidos lo practican sólo esporádicamente entre el oprobio de sus congéneres, los cuales, como regla, son físicamente incapaces de realizar dicha acción y la consideran con el más enérgico disgusto».



     Otros observadores, sobre todo aquellos que, durante la ocupación francesa, observaron el comportamiento en los barrios judíos y musulmanes de las ciudades en África del Norte, creen que las diferencias anatómicas son mucho menos importantes que la costumbre prevaleciente de someter a los niños al abuso sexual por parte de los adultos y de la aprobación entre niños en sus primeros años de una sexualidad de tipo animal y perversa, de la cual la mayor parte de los estadounidenses creerían que los niños de entre tres y diez años serían fisiológicamente incapaces. Para algunos detalles muy desagradables, vea "The Cradle of Erotica" de Allen Edwardes y R. E. L. Masters (Nueva York, 1963).

     Cualquiera sea la razón, el homosexualismo es normal en la Zona Sotádica [8]. Aquello simplemente significa que tendremos que restringir nuestra investigación al hombre occidental, el cual parece naturalmente considerar la perversión con un aborrecimiento instintivo.

[8] Puesto que la traducción de Sir Richard Burton de "El Jardín Perfumado" del jeque Muhammad ibn-Umar an-Nafzawi ha sido reimpresa por diversos vendedores de pornografía, el lector de aquella versión o de la traducción francesa anónima debería ser advertido de que no saque conclusiones ex silentio [por cosas que no están documentadas]. El original árabe contiene una larga y entusiasta sección sobre el homosexualismo, incluyendo el abuso de muchachos jóvenes, que los traductores pensaron que era mejor pasar por alto. Hubo, por supuesto, reflexivos musulmanes que entendieron las consecuencias de tales costumbres. El más grande de los historiadores árabes, Ibn Khaldun, en su obra Muqaddama sostenía que el homosexualismo era una de las principales causas de la decadencia y la caída de las civilizaciones.

     Eso no significa que el problema pueda ser reducido a simples términos raciales. En primer lugar, no sabemos prácticamente nada sobre nuestros antepasados en las etapas de salvajismo y barbarie por las cuales suponemos que ellos deben haber pasado. Lo más cercano que podemos llegar a ellos, quizá, es considerando a las tribus germánicas que vivieron en las fronteras del Imperio romano, al cual ellos más tarde invadieron y saquearon, y luego ocuparon. El homosexualismo no era desconocido entre aquellas tribus, pero ellos lo desaprobaron, y dieron a entender su desaprobación simplemente colgando a los pervertidos en el árbol más cercano o, preferentemente, hundiéndolos en el barro bajo una carga de piedras, si un pantano estaba convenientemente disponible. En años recientes, los arqueólogos han recuperado muchos de tales cuerpos de los cenagales fósiles en los cuales ellos quedaron conservados. Aquellas tribus eran, por supuesto, paganas, e insisto en ese detalle, porque las personas que distorsionan la Historia para envenenar nuestra cultura le asegurarán a usted que la desaprobación del homosexualismo es algo peculiar del cristianismo.

     Entre los griegos, el pueblo extraordinariamente talentoso que fue el verdadero creador de nuestra civilización, el homosexualismo parece haber sido una corrupción de origen extranjero. Era desconocido en las epopeyas homéricas, aunque en tiempos posteriores los pervertidos, que son incapaces de entender la amistad masculina y siempre buscan cualquier pretexto para justificarse a sí mismos, trataron de leer implicaciones homosexuales en la camaradería de Aquiles y Patroclo. Los mitos etiológicos todos sugieren un origen extranjero: uno declara que dicho vicio fue inventado por Layo en Tebas (donde había un elemento semítico pre-griego), y otro afirma que se originó en Creta (donde los griegos micénicos gobernaban a una población nativa de origen étnico indeterminado), y sabemos que siglos más tarde, como comentó Aristóteles con asombro (Política, II, 10, 9 = 1271a), en aquella isla el homosexualismo estaba permitido por la ley, quizá como un medio para evitar el exceso de población.

     En Atenas, el homosexualismo parece haber sido raro antes de la desmoralizante Guerra del Peloponeso, y ciertamente no recibió ninguna clase de aprobación general sino hasta mucho tiempo después. Estaba prohibido según una de las leyes de Solón, vigente todavía en 346 a.C., cuando uno de los políticos atenienses más prominentes, Timarco, fue procesado conforme a aquella ley y fue probablemente condenado, aunque un relato diga que él se suicidó antes de que el jurado pronunciara su veredicto. Del propio Platón se ha sospechado homosexualismo, no sin razón, pero es significativo que cuando él elaboró una constitución modelo para una ciudad-Estado, él prohibió absolutamente (Leyes, VIII, 8 = 841d) las relaciones sexuales entre varones.

     En Esparta, donde, se nos dice, la pederastia floreció tempranamente, estuvo prohibida, bajo la misma pena que el incesto, según una ley atribuída a Licurgo que estaba todavía en vigencia en el tiempo de Jenofonte (De Rep. Lac., 2, 13). Sería tedioso analizar a los otros Estados griegos, o tratar de determinar en qué momento y bajo qué influencias la antigua legislación y las actitudes que parecen haber sido nativamente griegas quedaron obsoletas por la tolerancia y la corrupción. Podemos sospechar que primero la tolerancia y finalmente la moda del homosexualismo tuvo mucho que ver con la decadencia del mundo griego, pero no podemos demostrar aquello, ya que no podemos mostrar lo que la historia griega, turbulenta con guerras mutuamente destructivas, y al final suicidas, habría sido sin aquel factor [9].

[9] Podemos enumerar diversas coincidencias entre homosexualismo y traición, pero no podemos demostrar que uno fuera una causa, o siquiera un factor, de la otra. Y para ser justos, debemos registrar juntamente un fenómeno peculiar e inexplicable: parece seguro que en el mundo griego había homosexuales que eran bastante hombres, e incluso hombres de honor. Se nos asegura (cf. Plutarco, Vit. Pelop., 18) que en el siglo IV la flor del ejército tebano estaba formada, por una rara razón religiosa, por homosexuales. Con sus fuerzas superiores y estrategia superior, Filipo de Macedonia finalmente venció en Queronea, pero cuando lo hizo, el Regimiento Sagrado yacía muerto como un solo hombre en sus filas sin romper. Ésa es verdadera grandeza. Si la historia de sus costumbres es verdadera, debe haber habido en un respecto una diferencia fundamental entre su mundo y el nuestro, en el cual la perversión y la traición son casi sinónimos. El Honorable John Dowdy de Texas, que está en condición de estar muy bien informado, declaró sin rodeos: "Por lo que sé, todos los riesgos de la seguridad, producto de aquellos que han abandonado Estados Unidos y se han acercado a los comunistas, han sido causados por homosexuales". (Vea las audiencias en la House Resolution 5990 del 8 de Agosto de 1964, p. 17).
     Ha habido muchos de tales casos en las naciones occidentales. Un caso típico en Estados Unidos es el de dos "genios", Bernon F. Mitchell y William H. Martin, quienes, formados en las Universidades de Washington e Illinois y Stanford, donde ellos eran conocidos como degenerados, se ubicaron en posiciones de importancia estratégica en "nuestra" Agencia de Seguridad Nacional (la cual, por motivos vitales, debería ser nuestra agencia de Inteligencia más secreta) mientras el Director de Personal era un escabroso extranjero llamado Maurice Klein, que había falsificado su propio registro por medio de perjurio y falsificación. Mitchell y Martin huyeron rápidamente hacia la Madre Rusia en 1960, y se rumorea que el daño hecho por su traición no ha sido todavía reparado. Para un incidente comparable en la Inteligencia Militar británica, véase "Burgess and Maclean" de Anthony Purdy y Douglas Sutherland (Nueva York, 1963); el libro deja claro que aquellos "intelectuales" eran conocidos pervertidos y traidores cuando fueron instalados en la Inteligencia Militar por degenerados que estaban en posiciones gubernamentales superiores que los protegieron durante doce años, les permitieron escapar cuando su exposición era inminente, y permanecieron en el poder en los cargos más altos del gobierno de la Gran Bretaña que alguna vez fue Grande.



     Los romanos, a quienes debemos más que a los griegos, sintieron el aborrecimiento natural del hombre occidental hacia el homosexualismo. Aunque indudablemente de tiempo en tiempo han nacido degenerados, el desprecio universalmente sentido hacia los pervertidos probablemente bastó para inhibir sus tendencias, y cuando no lo hizo, la severa moral de la nación hizo el trabajo corto con ellos. Tan tardíamente como en 125 a.C., cuando la antigua autoridad paterna había sido enormemente restringida, un romano de la vieja escuela, Q. Fabius Maximus Servilianus, que había detentado los cargos más altos en la República romana, de manera perentoria mató a su propio hijo por homosexualismo. Tal era el resuelto código moral que hizo grandes a los romanos. Fue sólo después de que Roma se había convertido en un poder dominante en el mundo al derrotar decisivamente a los cartaginenses (202 a.C.), a los macedónicos (197) y al Imperio seléucida (188), y había sufrido un gran influjo de extranjeros, incluyendo orientales, que vemos el comienzo de la decadencia moral.

     En 186 a.C., sólo dos años después de que las legiones romanas habían aplastado el poder del Imperio de la época helenística, más rico y más populoso, el Senado romano, por un decreto todavía existente, trató de suprimir los ritos bacanales de un culto que, originado en Asia Menor, había alcanzado Roma a través de Etruria, y que usaba la tradicional "libertad de adoración" como una tapadera para orgías nocturnas de promiscuidad y perversión. La investigación reveló que la "religión" extranjera era realmente una conspiración secreta que trabajaba sistemáticamente para seducir y corromper a muchachos y muchachas adolescentes, y practicaba, además del libertinaje sexual, artes asociadas tales como la falsificación de testamentos y asesinato por veneno. Y, significativamente, una mayoría de los miembros fisiológicamente masculinos de la conspiración Bacanal era homosexual, aunque el culto pusiera a disposición de ellos un copioso suministro de mujeres jóvenes y libidinosas, listas y ansiosas para cualquier cosa. (Para un relato completo, véase Livio, XXXIX, 8-19). Todo esto parece completamente moderno, ¿verdad?.

     En 186 a.C., por lo tanto, tenemos el primer caso claro en la Historia registrada de una conspiración clandestina involucrada en una rebelión contra la civilización usando el sexo para atraer a adolescentes a una vida de depravación y delito, evidentemente por el puro placer de arrastrar a seres humanos al nihilismo moral en el cual los conspiradores encuentran una extraña satisfacción. Y el homosexualismo era una parte importante de un fenómeno que iba a repetirse numerosas veces en la posterior historia de la civilización occidental.

     En 186 a.C. los romanos inteligentes tuvieron que arrostrar una verdad que pocos estadounidenses están dispuestos a enfrentar hoy: los pervertidos son formidables, no porque ellos practiquen un vicio repulsivo entre sí sino porque son conducidos por un impulso demoníaco de corromper y profanar a toda la Humanidad, para propagar no sólo la perversión sino cada forma de crimen. Desde 186 a.C. hasta 1966 d.C. la evidencia indica constantemente que para muchos degenerados el placer físico que ellos obtienen de su perversión es completamente secundario comparado con el placer que ellos sacan de entrampar y degradar a niños y adolescentes que de otro modo llegarían a ser hombres y mujeres decentes.

     En Roma la represión de las Bacanales contuvo la infección durante un tiempo, pero no permanentemente. En 149 a.C. o cerca de esa fecha los romanos decretaron la Lex Scantina de stupro cum masculo, que estableció una fuerte pena para la perversión. Como cada uno sabe, tales leyes no pueden impedir; ellas sólo pueden desalentar, y su fuerza más importante es la expresión de los estándares de la sociedad que las decreta. Roma, sin embargo, estaba sufriendo de la progresiva parálisis moral que el Senado y los magistrados conservadores en el final mismo de la República procuraron combatir con medidas tales como la expulsión de extranjeros subversivos (la cual era sólo temporal, ya que ellos, ayudados por su riqueza y su influencia, comenzaron a filtrarse de vuelta casi inmediatamente), y medidas para limitar la difusión de cultos orientales.

     La Lex Scantina permaneció en los libros; hubo procesamientos bajo ella aún en el siglo II después de Cristo y quizá más tarde. Pero el sentimiento que la había inspirado fue gradualmente erosionado, y aunque el homosexualismo nunca fue oficialmente legalizado, como ha sido hecho ahora en el Estado de Illinois y como será probablemente hecho en nuestra nación entera tan pronto como Earl Warren [presidente de la Corte Suprema] lo difunda, la ley llegó a ser prácticamente letra muerta. Antes del final de la República, los escritores romanos que querían ser considerados "intelectuales" y "sofisticados", imitando las modas literarias de Alejandría, que era la Nueva York del mundo antiguo, no dudaron en admitir —quizá falsamente en algunos casos— que ellos eran pederastas. Y, estableciendo un paralelo con lo que sucede en Estados Unidos hoy, uno de los corresponsales de Cicerón pensaba que era un chiste encantador el que un pervertido homosexual fuera procesado bajo la Lex Scantina ante un juez que era un pervertido. Tal sociedad está apta sólo para el despotismo, y el despotismo fue, por supuesto, lo que los romanos consiguieron, un despotismo bajo el cual las antiguas familias romanas rápidamente murieron y fueron sustituídas por los descendientes de sus esclavos.

     Podemos dejar a los romanos acordándonos de que el Emperador Nerón, después de asesinar a su madre en 59 d.C. y a su primera esposa poco después, oficialmente y con toda la ceremonia legal y religiosa se "casó" con uno de sus muchachos esclavos, al que él había castrado para dicho propósito, y también posó él mismo como una tímida y ruborizada novia cuando él, con igual solemnidad, se "casó" con un lujurioso esclavo al que él había emancipado para tenerlo como marido. No está completamente averiguado si esas prometedoras nupcias fueron solemnizadas antes o después de que él pateó a su segunda esposa hasta la muerte, pero está claro que Nerón estaba tan libre de prejuicios como los educadores progresistas están tratando de hacer a nuestros niños.



     El animal imperial fue finalmente eliminado por el Ejército, pero lo realmente significativo es que su entusiasmo juvenil, exhibido en ésas y otras cien proezas de igual encanto, hizo de él un símbolo de "democracia", y él era tan querido por una gran parte del pueblo, que durante décadas después de su muerte el Imperio fue perturbado por impostores que, afirmando ser Nerón, no tuvieron ninguna dificultad para atraer a numerosos y entusiastas seguidores, y que prosperaron hasta que tropas regulares fueron enviadas para derrocarlos. Una Gran Sociedad siempre conoce lo suyo.

     No puedo pretender trazar la historia del homosexualismo en el mundo occidental. Antes de la inevitable caída del Imperio romano, el cristianismo, que explícitamente identifica al homosexualismo como una ofensa contra Dios, se convirtió en la religión establecida, y cuando colapsó el tejido comido por gusanos del Imperio, su territorio en Europa Occidental fue ocupado por pueblos frescos y vigorosos, y dado que muchos de ellos eran germánicos, ellos llevaron consigo una repugnancia instintiva hacia la perversión que reforzó las enseñanzas de la Iglesia. Como una generalización, por lo tanto, podemos decir que en el mundo occidental, desde la caída del Imperio romano hasta el tiempo de la Revolución francesa, el homosexualismo fue prohibido y castigado según leyes muy rigurosas, tanto eclesiásticas como civiles.

     Aquellas leyes fueron hechas cumplir incluso contra personas de alto rango. En Inglaterra, por ejemplo, Lord Audley, conde de Castlehaven, fue condenado por sodomía y ejecutado en 1631. Y todavía en 1810, al menos, un oficial comisionado en el Ejército británico y un soldado raso fueron ejecutados por el mismo delito. Aquélla puede haber sido la última vez que la pena de muerte fue impuesta por dicho motivo. En ese mismo año, las personas atrapadas por la policía en un allanamiento en un burdel homosexual en Londres fueron simplemente condenadas al cepo, pero ése no era exactamente un castigo liviano ya que un pueblo indignado procuró que ellos volvieran a la prisión pareciendo más bien montones de basura que seres humanos.

     Por supuesto, durante los catorce siglos cubiertos por nuestra generalización las leyes y los estándares sociales que ellas representaban eran quebrantados con frecuencia. Eso es simplemente lo que deberíamos esperar, ya que las violaciones de la ley podían ser normalmente descubiertas sólo cuando los infractores mismos publicitaban sus delitos. Pero había muchas influencias corruptoras en acción. Se requerirían varias páginas para enumerarlas, pero habría que señalar que algunas de las más importantes eran movimientos anti-cristianos disfrazados como herejías cristianas o como "ciencia" oculta.

     Como todos saben, un término inglés común para los sodomitas es "bugger", que se deriva del francés "bougre", el cual a su vez proviene de una pronunciación defectuosa de "Bulgar" [búlgaro]. La referencia es a una secta de herejes, más correctamente llamados los bogomilos, quienes sostenían doctrinas maniqueas, algunas de las cuales, como la negación del nacimiento divino de Cristo y la insistencia en la igualdad social y racial, son sostenidas ahora por líderes del Consejo Nacional de Iglesias (NCC). Los bogomilos, quienes eran conocidos sodomitas (buggers), fueron transportados desde Asia Menor a Bulgaria por el Imperio bizantino, y desde su nuevo hogar ellos enviaron corrientes de fervorosos misioneros tanto hacia el Este, en lo que es ahora Rusia, como hacia el Oeste, en Europa, donde, entre los siglos X y XIV, ellos plantaron diversas herejías locales, principalmente los patarenos en el Norte de Italia y los albigenses en el Sur de Francia.

     Uno no tiene que creer que todos los miembros de estas últimas sectas adoptaron las prácticas sexuales de los evangelistas, pero los misioneros bogomilos deben haber ejercido una influencia muy considerable. Nuevamente, a lo largo de los cambiantes límites de Europa y sobre todo durante las Cruzadas, los europeos entraron en contacto con los pueblos semíticos entre los cuales el homosexualismo es aceptado como normal, y un resultado fue que la poderosa orden de los Caballeros Templarios, que tenía fortalezas y ricos feudos en todas partes de Europa hasta que fueron suprimidos, no sólo fueron notados como homosexuales sino que evidentemente hicieron de la perversión sexual una parte de su ritual [10].

[10] Aquello parece bastante cierto. No puedo examinar aquí la cuestión largamente debatida e intrincada acerca de hasta qué punto los Templarios, antes de que fueran suprimidos por el Papa y por los reyes de Francia, Inglaterra, Aragón y otros países en 1307-1312, eran una conspiración política, posiblemente derivada de, o en conjunto con, la secta de los Asesinos.

     A lo largo de la Edad Media e incluso en el Renacimiento los sistemas de la magia, incluída la nigromancia y la mayor parte de la alquimia, derivada de la Kábala, fueron vendidos a través de toda Europa, en parte por entusiastas que eran víctimas de su propias alucinaciones (a menudo inducidas por drogas), pero principalmente, podemos estar seguros, por "intelectuales" que habían encontrado un medio conveniente para explotar la credulidad de imbéciles adinerados. A partir de tal ocultismo hubo un fácil y natural progreso hacia la brujería y el satanismo, y, como dos ejemplos bastarán para recordarnos —el infame Gilles de Rais, mariscal de Francia en el siglo XV, y el conocido Aleister Crowley en el siglo XX [11]—, la adoración del mal siempre ha incluído la práctica del homosexualismo como un rechazo enfático de los prejuicios que impiden a los hombres normales revolcarse alegremente en cada clase de sucia auto-degradación y crimen repugnante.

[11] Una biografía convenientemente accesible de Crowley es "The Beast" de Daniel P. Mannix (Nueva York, 1959).

     Hubo otras influencias, menos espectaculares pero igualmente insidiosas. Nadie puede negar que algunos pervertidos tienen un alto grado de capacidad intelectual, incluyendo el talento literario; uno podría compilar, por ejemplo, una antología muy grande de poemas bien escritos por homosexuales, desde Estratón de Sardis (siglo II) hasta Walt Whitman, Oscar Wilde y Paul Verlaine; y muchos de nuestros contemporáneos atribuyen un alto mérito literario a las novelas de André Gide, que es el apologista principal del homosexualismo en nuestro tiempo, y a la mórbida charla sin sentido de Marcel Proust, que disfrazó ligeramente sus actividades dando a sus novios nombres femeninos.

     Puedo mencionar aquí sólo a dos hombres de letras del siglo XV en Italia, donde, quizá porque la población era tan heterogénea, la perversión parece haber sido especialmente común. Antonio Beccadelli, mejor conocido como Panormita, en la colección de poemas obscenos titulada Hermaphroditus, describe la pederastia en términos que sugieren que era, como la adicción al opio o al hachís, un hábito agradable que no podía ser roto, pero es incierto si él estaba escribiendo una descripción o propaganda. Más significativas son las confesiones de Pacificus Maximus en su Hecatelegium: cuando niño él fue enviado a una escuela primaria en la cual el director, un pederasta secreto pero entusiasta, insistió en liberar a todos sus alumnos de sus inhibiciones para que él pudiera divertirse con ellos. En el siglo XV los padres eran evidentemente tan negligentes o estaban tan intimidados por expertos educacionales como en el día de hoy, y lamento tener que decir que el progresista director no fue ahorcado. De hecho, él parece haber prosperado. Y hubo muchos como él.

     Quizá el factor más importante de todos era uno que la nueva ciencia de la genética sólo ha explicado en parte: la degeneración biológica. Aquí hay un ejemplo: Luis XIV de Francia, aunque él introdujo en Francia males tales como un gobierno altamente centralizado y derrotas militares, era indudablemente un hombre. Él tenía, sin embargo, un hermano, que era casi ciertamente legítimo, Felipe, duque de Orléans, quien siempre llevaba puesta ropa interior femenina y al que sólo con dificultad se le impedía aparecer en la Corte vestido con faldas. Esa encantadora criatura estaba casada, como el protocolo requería, con una princesa inglesa, pero llegó a ponerse furiosamente celoso de su esposa legal porque él pensaba que ella era atractiva para los hombres que él quería que lo amaran.

     Un personaje tan importante como el hermano del rey naturalmente no carecía de cortesanos ambiciosos dispuestos a usarlo como una amante, y no estamos sorprendidos de encontrarlo involucrado en escabrosas intrigas políticas y sospechoso de haber instigado varios asesinatos secretos. Al rey Luis le disgustaba Felipe, pero él no era suficientemente romano para purgar a su propia familia, ni era suficientemente cristiano para sentir una preocupación efectiva por el daño hecho a otros. El regio pervertido era como una llaga abierta en el cuerpo de Francia cuando aquella nación era dominante en Europa. Nadie puede estimar cuánto daño fue hecho por la notoria criatura, no simplemente por la difusión de la perversión sino por excitar toda clase de desmoralización, incluyendo el desprecio por la sociedad entera e incluso por la religión que permitió que un ser tan despreciable tuviera un rango junto al más alto y recibiera honor y adulación, aunque de manera hipócrita.

     Siempre debemos tener en cuenta el hecho de que el homosexualismo es comúnmente asociado con la perversión de todas las facultades e instintos normales para los hombres occidentales. Un ejemplo de muchos es Enrique IV el Impotente, que fue rey de Castilla entre 1454 y 1474. Es significativo, me parece, que este patológico espécimen, quien admitió que él no podía soportar a las mujeres y que hizo embarazar a su reina por un cortesano obligado, tuviera un sentido olfativo tal que él consideraba el olor del cuero quemado el más delicioso en el mundo entero, con la posible excepción del aroma que emana del cráneo de un caballo muerto hace tiempo. Probablemente no es una coincidencia que él tuviera un corazón sensible para los criminales, impidiendo la ejecución de asesinos y otros malhechores siempre que él se enteraba de sus crímenes a tiempo para perdonarlos, y reclutando como sus propios guardaespaldas a aquellos que se habían distinguido por el número o por la ferocidad sádica de sus asesinatos, guardia que por otra parte estaba formada de musulmanes importados.

     Al igual que los modernos "liberales", sin embargo, Enrique tenía un corazón que era sensible sólo para los criminales y no sentía ninguna compasión por la gente decente. Cuando Enrique "subcontrató" el muy lucrativo privilegio de asignar y recolectar impuestos (por un porcentaje) a un rico usurero, el rabino Josef de Segovia, y a uno de los colegas de éste, él autorizó a aquellos notables funcionarios para que pudieran matar sin siquiera una audiencia a cualquier ciudadano que fuera negligente en el pago de cualquier cosa que ellos decidieran exigir como impuestos. Enrique era también, por supuesto, un pacifista, aunque él fue lo bastante astuto para alcanzar un acuerdo secreto con los enemigos de España y luego declarar una falsa guerra como un pretexto para arrancarle más impuestos a su sufriente pueblo.

     Enrique, que era también un experto en inflar el dinero y degradarlo adulterando la plata, tenía muchas otras ideas progresistas. Él indudablemente sabía lo que estaba haciendo cuando colocó a su hermanastro de doce años, al cual más tarde envenenó, bajo un tutor que era un conocido pervertido y de quien se dice que fue exitoso en aquella rama de la educación, aunque hay algunas dudas, pero el muchacho tuvo la suficiente virilidad para defender a su hermana, Isabel, algunos años más tarde, cuando Enrique trató de hacerla promiscua a la edad de catorce años. Cualesquiera fuesen las taras hereditarias que explicarían el caso de Enrique, ellas claramente no alcanzaron a su hermanastra, la cual finalmente lo sucedió en el trono y por cuyo coraje y capacidad el reino de Castilla se convirtió en el reino de España.

     Los comentarios precedentes no son una historia de la perversión, ni tampoco están destinados a mostrar (lo que sería obviamente imposible demostrar) que todos los homosexuales son monstruos inhumanos. Pero durante al menos veintidós siglos en el mundo occidental, el homosexualismo ha sido sistemáticamente un factor en el rechazo de toda moralidad y de ahí de la civilización misma, la que es obviamente imposible sin un código moral general e instintivamente aceptado. No se trata de una cuestión de individuos que se permiten prácticas privadas que consideramos repugnantes y que son, en términos cristianos, ofensas contra el Creador. Lo que debemos considerar es una especie que obtiene alegría de la corrupción de nuestros niños hasta el propio nivel de ella y que parece conducida por un deseo de destruírnos. Como dice concisamente la autora del artículo publicado en Human Events que ya cité, los miembros de la Internacional Homosexual "constituyen una conspiración mundial contra la sociedad". Y aquella conspiración es en nuestro tiempo una filial o el aliado de la Conspiración Comunista Internacional, no porque los homosexuales estén sometidos al chantaje, como la gente caritativa está inclinada a suponer, sino porque sus instintos los llevan al mismo odio frenético de la civilización occidental.

     Esto —repito— no quiere decir que todos los homosexuales sean sádicos. De los hombres de letras que mencioné anteriormente, Wilde parece no haber tenido ninguna tendencia criminal; Verlaine, es verdad, trató de matar a su amante, Rimbaud (quien había participado en el estallido comunista en París en 1870), pero él probablemente tenía una buena razón; Gide finalmente llegó a quedar "desilusionado" por los comunistas e incluso criticó a sus antiguos amigos; y Proust era prácticamente un ermitaño.

     Es completamente posible, e incluso probable, que hay más que unos cuantos homosexuales secretos que no tienen ningún deseo o impulso de destruír a la Humanidad, y todos deberíamos reconocer explícitamente aquella probabilidad. Además, sería equivocado afirmar que los homosexuales más violentos son todos comunistas. Uno piensa, por ejemplo, en dos ricos y brillantes estudiantes universitarios de la Universidad de Chicago llamados Loeb y Leopold, que aún son recordados porque en Chicago en los años '20 ellos secuestraron y asesinaron a un joven muchacho de su propia raza y círculo social sólo por la pervertida diversión de matarlo. Uno piensa también en su contemporáneo, Fritz Haarman, otro distinguido homosexual que llamó alguna atención en Alemania cuando se descubrió que durante muchos años él había estado eliminando a sus novios tan pronto como se cansaba de ellos, rasgando sus gargantas con sus dientes y luego moliéndolos para hacer embutidos, los que vendía en un local de comida. No hay ninguna indicación de que Loeb, Leopold o Haarmann se hubieran unido a la Conspiración Comunista, aunque ellos ciertamente tenían los instintos adecuados para el liderazgo en la revolución internacional.

     Debemos todos afrontar el muy desagradable hecho de que el homosexualismo por lo general es asociado (como causa o como efecto; sería difícil distinguir) con el sadismo [12], y que el sadismo por su parte, cuando no encuentra una salida en actos de violencia brutal, inspira la pasión por la "igualdad" y la "justicia social" que disfraza como "idealismo" y que son aceptadas como tal por personas confiadas que no ven que el único objetivo de los "idealistas" es incitar la violencia y la brutalidad que les dará un placer sustituto incluso si ellos no tienen la oportunidad de participar en ello personalmente [13].

[12] Para algunos historiales clínicos, véase del doctor James M. Reinhardt "Perversión Sexual y Delitos Sexuales", una monografía publicada para el uso de oficiales de policía, Springfield, Illinois, 1957.
[13] Por ejemplo, muchos estadounidenses están sólo ahora dándose cuenta del único objeto de la agitación por los "Derechos Civiles", aunque aquello debiera haber sido obvio hace cincuenta años, o al menos hace treinta, cuando todos sabían que la agitación fue conducida por "bienhechores" tales como William Z. Foster, Elizabeth Gurley Flynn y Felix Frankfurter.

     La propia palabra "sadismo", por la cual designamos el deseo de infligir dolor y degradación en otros, se deriva del nombre de un infame pervertido, el "marqués" de Sade, autor de los que son probablemente los libros más viles alguna vez escritos, el cual era exactamente lo que deberíamos esperar: un gran apóstol de la doctrina de que todos los hombres nacen iguales ("La Nature nous a fait naitre tous egaux"), un abogado vociferante de lo que sus sucesores llaman la "democracia económica", y un cercano socio y colaborador de Marat, Robespierre y otros sanguinarios líderes de la Revolución francesa.

     La carrera de Sade es simplemente típica: él fue dos veces condenado a muerte por crímenes atroces de la clase a la cual él ha dado su nombre, pero las sentencias, lamentablemente, no fueron llevadas a cabo; él estaba en prisión en 1790, cuando fue liberado por sus colegas idealistas para participar en la "lucha por los derechos humanos", y, además de perorar acerca de égalité y fraternité, él personalmente tuvo mucha diversión durante trece años hasta que Napoleón subió al poder y lo devolvió a la prisión. También típico del agitador innato es el estudiante de la Universidad de Chicago que en su diario deploró su propia "incapacidad para controlar la sociedad" y "dirigir el mundo". Él determinó tomar represalias por la injusticia social de la cual él era a su vez una víctima, comentando: "Ya que he dedicado más tiempo a la psicología, eso debería ser fácil... Atacaré la naturaleza humana hasta mi alcance más pleno" [14]. Él podría haber tenido una brillante carrera como un "intelectual" socavando la sociedad civilizada en nombre de la "hermandad" y los "desvalidos", pero el pervertido estaba tan impaciente que cometió tres asesinatos y fue finalmente capturado.

[14] Citado por el doctor Reinhardt, op cit., pp. 232 y ss.

     El homosexualismo es sólo uno de varios factores en la decadencia de Occidente, pero es uno importante. Como es bien sabido —al menos desde la publicación de Anatoli Granovsky "Yo Fui un Agente del NKVD" (Nueva York, 1962)— la Conspiración Comunista mantiene en Rusia dos escuelas de formación para atletas sexuales. Los graduados de una de las facultades son expertos heterosexuales y se especializan en la captura y manipulación de mujeres promiscuas que, por su riqueza o por matrimonio, tienen posiciones de poder político o influencia en Europa Occidental o Estados Unidos. Los graduados de la otra escuela, que puede ser la más importante, son pervertidos entrenados para atraer a pervertidos. Los agentes así entrenados son, por supuesto, una parte del complicado mecanismo por el cual los bolcheviques ahora controlan y paralizan naciones civilizadas. Pero la Conspiración de esa manera está explotando una condición que ha ayudado a crear.

     Es indudablemente verdadero que las alimañas internacionales han estado trabajando durante siglos, con el secreto y la paciencia de las termitas, para destruír la civilización occidental carcomiendo todos sus travesaños y vigas, corrompiendo y profanando cada parte de nuestra cultura, desde el arte y la música hasta la ciencia y la filosofía; y ellos han trabajado sobre todo para destruír la moralidad, el fundamento sobre el cual debe asentarse toda la civilización. Eso es muy cierto. La única pregunta es cuánto de nuestra actual grave situación es el resultado del trabajo de las termitas, y por ello reparable, si todavía tenemos la voluntad y la fuerza para actuar a tiempo, y cuánto es el resultado de la pudrición natural, por el deterioro biológico o por la renuencia humana a soportar durante mucho tiempo la carga de la alta civilización, y por lo tanto inevitable. Y ésa es una pregunta que no veo ningún medio de contestar con precisión y certeza [15].

[15] Algunos de nuestros contemporáneos, lo sé, desaprueban o se mofan de una "teoría de conspiración de la Historia", e insisten en que todo lo que está mal es que nuestros "intelectuales liberales", quienes probablemente son dominantes sólo porque ellos son lo mejor que tenemos, son ignorantes y estúpidos. La única cosa que es asombrosa es que las personas que tienen aquella visión pesimista argumentan y escriben mucho para defenderla, ya que si ellos tienen razón, la preocupación por el futuro de Occidente es tan vana como la preocupación por el futuro de una manzana que se está pudriendo.

     Enfrentados, como estamos, con enemigos astutos, insidiosos e implacables que están en medio de nosotros, no nos atrevamos a dejar de prestar atención al creciente predominio del homosexualismo en nuestra sociedad. Como R. G. Waldeck lo resumió en Human Events, "la conspiración (homosexual) se ha difundido por todo el mundo; ha penetrado todas las clases; actúa en los ejércitos y en las prisiones; se ha infiltrado en la prensa, las películas y los gabinetes; y casi domina las artes, la literatura, el teatro, la música y la televisión".

     Mientras los degenerados eran furtivos y discretos, el público estadounidense no tenía ninguna concepción de su cantidad y poder. Desde luego, desde que Franklin Roosevelt condujo a su gran horda de traidores y degenerados a nuestra capital, todo el que sabía algo sobre las operaciones de Washington sabía que los pervertidos tenían puestos importantes, y después de que el ministro interino de Asuntos Exteriores, Sumner Welles, fue golpeado por uno de sus "maridos" negros en un ataque de celos, la gente comenzó a sospechar que había algo más que ingenio en el humor de Washington [16] y dio por hecho que "nuestro" Ministerio de Asuntos Exteriores estaba dominado por pervertidos.

[16] Aquí hay un caso representativo, aproximadamente de 1944:
«—Subsecretario de Estado: No debemos designar a X para aquel puesto; él es maricón [queer].
—Ministro de Asuntos Exteriores: ¿Un maricón?. ¿Está usted seguro?
—Subsecretario de Estado: ¡Por supuesto! Todos saben que él tiene relaciones sexuales con su esposa».

Sumner Welles

      Pero aún así, a los estadounidenses, con su habitual optimismo, estimulado por el silencio de los periódicos y las revistas, les gustaba creer que la infección estaba más o menos confinada a aquel ministerio del gobierno o, al menos, que no estaba muy extendida. Y, por supuesto, después del establecimiento de la concepción de Roosevelt de la presidencia como un cargo para ser usado para imponer una dictadura totalitaria sobre los estúpidos estadounidenses y golpearlos hasta la esclavitud ante el "gobierno mundial", los grandes e ilegales poderes de aquel cargo han sido usados para proteger a los pervertidos. En 1950, por ejemplo, un comité de investigación bajo la presidencia del senador Clyde R. Hoey (Documento 241 del Senado, 81º Congreso) averiguó que había al menos siete mil pervertidos en posiciones de importancia en todas las agencias y ministerios del gobierno federal (incluyendo, nota bene, el Ministerio de Justicia), pero el testimonio fue suprimido por una Orden Ejecutiva de la Casa Blanca, en violación abierta y flagrante de la Constitución, y el Senado de Estados Unidos, un organismo alguna vez augusto, se rindió de manera indolente a aquella usurpación.

     El gran público tenía poca comprensión de tales asuntos hasta que los pervertidos, con la arrogante confianza de que ellos —o, para ser más precisos, sus amos y protectores bolcheviques— ya tenían al mundo occidental por la garganta, comenzaron a promoverse y a reclamar abiertamente sus "derechos civiles" como un "grupo minoritario" comparable a judíos y negros. Ese concertado lento avance desde el maderamen parece haber comenzado en 1951 con el establecimiento de la "Federación Mundial para los Derechos del Hombre" (WFRM) y la publicación en Alemania Occidental (¡sí!) de una revista para pervertidos, Die Insil. (Para esas fechas, por supuesto, cada país occidental, incluyendo a Estados Unidos, tenía diversas revistas publicadas en sus propios idiomas y específicamente dirigidas a pervertidos). Aún así, la mayor parte de los estadounidenses quedaron sorprendidos, o incluso consternados, cuando el presidente del capítulo de Washington de una liga de pervertidos "machos", la Mattachine Society [17], declaró bajo juramento ante un Comité del Congreso que había un cuarto de millón de homosexuales en Washington, y que al menos doscientos mil y probablemente más estaban empleados en el gobierno federal.

[17] El nombre Mattachine es probablemente un anglicismo del italiano mattaccino, que significa tanto un "bufón" de Corte (similar a un arlequín), el cual podía decir la verdad al rey donde nadie más podía, y "un baile alegre [gay]". En el argot de los pervertidos en Estados Unidos, gay significa homosexual. En los juegos de cartas italianos, un matta es un "bromista" o carta "comodín", que puede tener cualquier valor a elección de la persona que la juega. Los "bares gay" o "clubes gay" que se encuentran en cada ciudad importante en nuestro país son lugares de citas para pervertidos, pero muchos ciudadanos locales no están conscientes de lo que dicho término realmente significa.
     NdelT: La Mattachine Society había estado funcionando desde 1950 y fue durante un largo tiempo una clandestina sociedad secreta. Mattachine fue el nombre de un grupo medieval y renacentista francés de entretenedores varones que escondían siempre sus rostros detrás de máscaras en sus presentaciones, las Sociétés Joyeuses (Sociedades Alegres), permanentes fraternidades secretas de ciudadanos solteros, que se dedicaban a ir a los campos para realizar danzas y rituales durante la Fiesta de los Locos en el equinoccio de primavera. A veces esas danzas rituales o mascaradas eran protestas campesinas contra la opresión, recibiendo los enmascarados, en nombre del pueblo, lo peor de la cruel represalia de algún señor dado, después de, gracias a su anonimato, criticar con impunidad a los monarcas. Los "mattachin" (del árabe mutawajjihin, "portadores de máscaras") eran originalmente danzarines moros (hispano-árabes) con espadas que llevaban elaborados y coloridos trajes y máscaras.



     Hubo, quizás, alguna leve sorpresa adicional por el descubrimiento de que el jefe de Mattachines era secundado por el profesor M. H. Freedman de la Escuela de Leyes de la Universidad George Washington. (¡Ay, pobre George! Él no era "un hombre de infinito buen humor" [Shakespeare, Hamlet, V, 1], y me temo que su barranco [gorge] se elevaría si él supiera que los Freedman [esclavos libertos] estaban danzando al amparo de su nombre). El profesor Freedman, un fruto selecto del invernadero de la Universidad de Harvard, rechazó declarar bajo juramento si él era un miembro de la Sociedad Mattachine, pero se presentó como representante de la canosa y antigua Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) para sostener que los pervertidos asociados tienen derecho a hacerse pasar por una organización "caritativa" y solicitar contribuciones del público para diseminar propaganda para la perversión. Fue aquella impúdica solicitación en el Distrito de Columbia la que llevó el asunto ante el Comité del Congreso del cual el Honorable John Dowdy de Texas era el presidente, y condujo de esa manera a las audiencias publicadas en la Resolución de la Cámara Baja 5990 en Agosto de 1963, y Enero de 1964. El congresista Dowdy es un Demócrata, pero no tengo que añadir que la Administración Demócrata en Washington usó cada recurso de la Tesorería de Estados Unidos para impedir su reelección en Noviembre de 1964.

     Los pervertidos se hicieron aún más atrevidos cuando, el 29 de Mayo, el 26 de Junio y el 31 de Julio de 1965, ellos lanzaron una hilera de manifestantes alrededor de la Casa Blanca, el Pentágono y la Comisión de Servicio Civil para "protestar" contra la "discriminación". La mayor parte de los manifestantes, incluyendo clérigos [18], llevaban puesto pantalones; unos cuantos llevaban faldas. No hubo ningún examen médico para determinar a qué sexo, si es que a alguno, ellos pertenecían. Sus banderas afirmaban que —a pesar de la discriminación ["discreaminashion", por discrimination] de la cual ellos se quejaban— había un cuarto de un millón de ellos instalados en la burocracia del gobierno federal, otro cuarto de millón en las Fuerzas Armadas, y un total de 15 millones de ellos en Estados Unidos, todos, probablemente, listos para votar a favor de su deseo más ferviente.

[18] Un detalle extrañamente omitido en la prensa diaria; vea la fotografía en la tapa de The Ladder, A Lesbian Review, Octubre de 1965:



     La primera cifra probablemente es correcta; la segunda probablemente cuenta a antiguos miembros de las Fuerzas Armadas, incluyendo muchas comisiones directas directamente pedidas por Franklin y Eleanor Roosevelt; y la tercera es indudablemente una exageración para objetivos de chantaje político, puesto que los pervertidos organizados —que han mantenido durante mucho tiempo fondos ilícitos secretos para elegir a pervertidos secretos en altos cargos políticos, sobre todo en California— salieron a la luz pública en 1965 con el establecimiento de una "Sociedad para los Derechos Individuales" (SIR) con el objetivo declarado de establecer "un bloque de votación homosexual como un factor político a ser reconocido".

     "Quince millones" es ciertamente una exageración, pero no parece haber ningún modo de determinar cuán exagerada es [19]. Si, por ejemplo, descontáramos el 90% de entusiasmo y objetivos políticos, ¿sería la cifra de 1.500.000 demasiado alta o demasiado baja? Quizá lo último, pero uno sólo puede conjeturar. Ciertamente no debemos subestimar la eficacia de los pervertidos en sus "actividades misioneras" [20]. Muchos de ellos realizan tales actividades de manera compulsiva, y muchos de ellos que están en posiciones comparativamente altas asumen riesgos que ningún hombre sano correría, y harían aquello por ninguna razón concebible salvo un deseo de conseguir conversos. Cuando, por ejemplo, el rector de la iglesia más rica en una ciudad grande fue finalmente detenido porque, después de repetidas advertencias, él persistió en frecuentar las puertas de una escuela de formación de Fuerza Aérea para abordar a jóvenes reclutas y ofrecerles diversión homosexual, no podemos suponer que el "reverendo" estaba simplemente solo. Él pertenecía a un club o círculo de tipos pervertidos, y la única explicación es que él sintió un llamado para difundir un evangelio que él encontró mucho más atractivo que el Nuevo Testamento, un libro que él estaba acostumbrado a mencionar los domingos.

[19] Las cifras para Washington, si son correctas, no pueden ser tomadas como representativas de un porcentaje nacional, ya que nuestra capital ha sido durante décadas un pozo negro al cual fluyen naturalmente el vicio y el crimen desde todas partes del país. Junto a Washington, la frecuencia más alta probablemente puede ser encontrada en las ciudades más grandes, en las cuales grandes masas de desechos humanos son alimentadas y subvencionadas para propósitos electorales, y en las ciudades universitarias, que tienen tendencia a contener una concentración de internacionalistas y otros pensadores avanzados.
[20] Éste es el término usado en círculos policiales, donde, por supuesto, la extraña compulsión de los pervertidos ha sido reconocida hace mucho tiempo; cf. Reinhardt, op. cit., p. 43. Por eso nuestra policía local, aunque su trabajo haya sido enormemente obstaculizado por tribunales corruptos, criminales en posiciones de poder político, y estúpidos que lloriquean por la "desvalida" escoria de la sociedad, vigila a los pervertidos conocidos: la primera preocupación de la policía es impedir a los "homos" corromper a otra gente, especialmente a los jóvenes. Es una gran pena que tantos estadounidenses se esfuercen tanto para evitar aprender algo sobre las muchas clases de basura humana con la cual su policía debe tratar constantemente; si nuestros ciudadanos no fueran tan decididamente ignorantes, ellos sabrían qué hacer cada vez que un "liberal" comienza su habitual arenga sobre "igualdad" y "hermandad".

     Cuando el editor gerente de un diario, durante mucho tiempo conocido como un líder en una pequeña camarilla de su especie, intentó drogar y violar a un joven policía varón vestido de civil, sólo podemos suponer que él sintió un irresistible deseo de conseguir reclutas para su secta, aunque él, de toda la gente, debiera haber estado consciente del riesgo que estaba corriendo. La mayor parte de los incidentes de esa clase son "silenciados" por presiones políticas y otras, de modo que sean rara vez conocidos fuera de la comunidad en la cual ocurren ni proporcionen tema para comentarios divertidos, pero de vez en cuando, dado que la censura "liberal" de nuestra prensa no está todavía completa, algunos episodios típicos llegan a ser ampliamente conocidos. Por ejemplo, la agencia United Press en un despacho desde Filadelfia el 21 de Octubre de 1965 señaló que el profesor de Sociología (y jefe de ese Departamento) en una famosa facultad había confiado demasiado en su suerte en su pasatiempo de recorrer las calles en automóvil para recoger a muchachos jóvenes y atraerlos a un departamento en el cual, después de proporcionarles alcohol, podía ayudarlos a vencer sus inhibiciones.

     Por supuesto, el Gran Cerebro podría haber encontrado muchos compañeros —incluyendo menores— sin el menor riesgo de ser arrestado, si hubiera estado dispuesto a ello. En Inglaterra, según un despacho de Reuters desde Londres, el 30 de Abril de 1965, una ligera conmoción fue ocasionada cuando el barón Moynihan, que había sido presidente del Partido Liberal británico, fue detenido por la policía mientras él, en su condición de prostituto "macho", abordaba a hombres en las calles de Londres y solicitaba el negocio a bajos precios [21].

[21] Esta selecta flor de la nueva aristocracia británica está difunta ahora, pero ha dejado a un digno heredero. Según la prensa, el actual barón Moynihan debe ser por lo general encontrado en los que son eufemísticamente llamados "lugares de moda", donde Su Señoría, si está sobrio, golpea los bongos mientras Lady Moynihan, una mujer de extracción malasia, baila una danza del vientre.

     Su Señoría, podemos estar seguros, no carecía ni de dinero (él había acumulado una fortuna como corredor de Bolsa) ni de oportunidades seguras. Lo que lo envió a las calles fue la misma compulsión que llevó a varios arrestos a un individuo mucho más poderoso e influyente, Walter Jenkins, que era el ayudante más cercano de Lyndon Johnson hasta que Abe Fortas, entonces juez de la Corte Suprema, fracasó en su arduo intento de mantener las noticias de la detención completamente fuera de la prensa [22].

[22] Según los últimos informes, el querido viejo Walt prosperaba en lujosas oficinas en Austin, Texas, donde se creía que él supervisaba la formación de matones jóvenes en el "Cuerpo del Trabajo". Él fue considerado como el individuo políticamente más poderoso en Texas, ya que se creía que él podía conseguir (si lo deseaba) cualquier cosa para cualquiera con sólo una llamada telefónica a Washington DC.



IMAGEN: Walter W. Jenkins renunció el 14 de Octubre de 1964 a su cargo de asistente especial del Presidente Lyndon Johnson después de que se supo que él había sido arrestado la semana anterior bajo la acusación de conducta desordenada que involucró "gestos indecentes" en un baño público para hombres donde, se reveló finalmente, él había sido arrestado por cargos similares en 1959 [Nota de un editor].

     Hasta donde sé, sin embargo, el detalle realmente significativo en aquel asunto fue notado sólo por American Opinion (Julio-Agosto de 1965, p. 79), que comentó:

    "El extraño impulso del degenerado de practicar la perversión en público... no debería ser pasado por alto al formarse una estimación de dichas criaturas. Como Walter Jenkins, muchos de los pervertidos en los niveles más altos de nuestro gobierno han sido detenidos varias veces por tales delitos. Ellos reciben algunos de los sueldos más grandes pagados en este país, y nadie puede decir que ellos no pueden permitirse un dólar para pagar un taxi a casa o tres dólares para un cuarto en un hotel barato, donde, conforme a las leyes del Distrito de Columbia, ellos serían inmunes si se pretendiese arrestarlos. En vez de eso, alguna extraña compulsión lleva a esas criaturas a practicar sus perversiones en parques públicos y en edificios públicos, como la YMCA, donde ellos están sujetos a un arresto si son sorprendidos in fraganti".

     Parte de aquella compulsión, sin duda, es celo misionero.

     Las asiduas "actividades misioneras" de los pervertidos serían mucho menos exitosas, si el camino para ellos no hubiera sido preparado por la concertada propaganda diseñada para insensibilizar el normal aborrecimiento del estadounidense normal hacia los pervertidos y para preparar a los adolescentes para el degradante libertinaje. En años recientes esa propaganda ha incluído cada vez más una apología abierta y un encomio del homosexualismo, pero la forma más eficaz es todavía el "panel de discusión" o falsa controversia cuidadosamente amañada de modo que el auditorio o los lectores queden con la impresión de que ellos deben ser "abiertos de mente" y "tolerantes". Los propagandistas no tienen que ser pervertidos ellos mismos, y es probable que muchos o la mayor parte de ellos no lo sean. Es un axioma básico de los subversivos, formulado por Adam Weishaupt cuando él organizó la conspiración de los Illuminati en 1776 y reafirmado por sus sucesores, incluyendo a Lenin, que el mejor modo de destruír una nación es socavar su moralidad. Y eso, por supuesto, es lo que los enemigos secretos e implacables de nuestra civilización han estado haciendo durante siglos.

     La propaganda se extiende a cada medio de comunicación. Si usted es uno de los pocos que leyeron el testimonio recibido por el subcomité del Senado sobre Seguridad Interna, no estará sorprendido de que las emisoras de radio manejadas por la Pacifica Foundation infestada de comunistas traten de "educar" al público estadounidense acerca de los deleites del bolchevismo, la adicción a la marihuana y el homosexualismo [23].

[23] Las audiencias, realizadas el 10, 11 y 25 de Enero de 1963, fueron publicadas en tres partes bajo el título de "Pacifica Foundation". Más significativo, quizás, que las payasadas de las Comrats [Communist rats] que se escabulleron detrás de la Quinta Enmienda [restricciones a la persecución por parte del gobierno] y que insolentemente jugaron a las escondidas con el Comité fue el testimonio del principal director de la Fundación, un tal doctor Peter Odegard, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de California, previamente presidente del Reed College en Oregon, y antes de eso ayudante del Secretario de Tesorería en Washington, cuando aquel cargo fue detentado por Morgenthau y controlado por el agente bolchevique que se llamaba a sí mismo Harry Dexter White. El profesor Odegard juró que él no tenía ni la más leve sospecha de que había una influencia comunista en las operaciones de la Pacifica Foundation, y si usted decide creerle, tendrá ante usted una medida de la cantidad de inteligencia necesitada ahora para tener un cargo tan importante en el gobierno federal, la presidencia de un colegio bastante famoso, y la dirección del Departamento de "Ciencias Políticas" en una de las universidades más grandes de la nación. Usted concluirá entonces que la predicción hecha por Lothrop Stoddard hace un cuarto de siglo, de que nuestra civilización colapsaría por la carencia absoluta de cerebros, ya ha sido cumplida.

     Dado el poder de los homosexuales en el cine y la televisión, como se declara en el artículo de R. G. Waldeck que cité, uno puede estar seguro de que pocas oportunidades para la propaganda sutil, incluyendo, sin duda, los mecanismos que Vance Packard describió en "Las Formas Ocultas de la Propaganda" (The Hidden Persuaders), son pasadas por alto. En algunas partes de Estados Unidos, al menos, aquel canoso viejo baluarte de la subversión, la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU), patrocina conferencias públicas acerca de los placeres de la perversión para "promover el entendimiento".

     La charla sin sentido de nuestros médicos-brujos de moda es aceptada como "científica" por aquellos que no saben nada sobre el método científico. Por ejemplo, el doctor Albert Ellis, previamente director del Hospital del Estado de Nueva Jersey y ahora una de las flores más brillantes en la gran cama de mariposones llamada el Ministerio de Asuntos Exteriores, en su libro más conocido, The American Sexual Tragedy, opinó que todos los hombres que no son homosexuales son "fetichistas" y sufren de la ilusión de que las mujeres son más divertidas, y de ahí que ellos deban ser tratados como "víctimas de una enfermedad psiquiátrica". Es completamente posible que haya gente que le crea al doctor Ellis; él tiene un grado universitario, ¿no es verdad? Más eficaces, sin embargo, son los muchos tomos de "sexología" que no son tan obvios y que simplemente dan por hecho que el homosexualismo es un "problema" a ser resuelto en términos de lo que es más divertido, mientras ellos tácita o explícitamente ignoran como irrelevantes y anticuadas a consideraciones como correcto e incorrecto, bueno y malo.

     Gracias a su efecto acumulativo durante muchos años, esa propaganda ha preparado el camino para lo que es, hasta donde sé, el intento más desvergonzado de anexar a Estados Unidos a la Zona Sotádica, un libro que es casi increíble. Hace diez años, estoy seguro, y probablemente incluso hace cinco años, el observador más pesimista de nuestra podrida nación habría rechazado creer que tal obra pudiera haber sido publicada en Estados Unidos, y mucho menos, entusiastas reseñas coordinadas y ampliamente puestas en circulación. Se trata del trabajo de un profesor universitario, que, como todavía sucede, es también un hombre de conocimiento, lo que hace de él menos excusable y más peligroso.

     Utilizando el seudónimo de J. Z. Eglinton y el insidioso título de Greek Love, él ha escrito y publicado (Nueva York, 1964) un panegírico de 500 páginas de la pederastia, alabando sus placeres en términos apasionados e incluso elocuentes, condenando a camarillas pervertidas tales como la Sociedad Mattachine como timoratas y reaccionarias, y afirmando atrevidamente que todos los hombres, siendo creados iguales, tienen perfecto derecho a seducir a niños varones. El profesor "Eglinton" cree que los muchachos de entre doce y dieciséis años proporcionan la mayor diversión, y él demuestra su punto relatando, en el estilo de un novelista romántico, la maravillosa diversión así tenida por profesores de universidad, líderes de los Boy Scouts, estudiantes graduados, rabinos, y otros por el estilo. Sería superfluo discutir con el profesor Eglinton. Si usted es un estadounidense y tiene hijos por los cuales se preocupa, o si tiene menos de setenta años y espera que Estados Unidos dure mientras usted viva, será obvio para usted que la especie de dicho "profesor" y la nuestra no pueden coexistir durante mucho tiempo en el mismo territorio.

     Los efectos totales del homosexualismo en nuestra sociedad son realmente incalculables. El poder y la actividad de la obscena masa de pervertidos y traidores en Washington son demasiado conocidos para requerir un comentario aquí, pero hay otros efectos de los cuales sabemos tan poco cuantitativamente que no podemos hacer más que especular sobre su importancia social. Considere, por ejemplo, al distinguido clérigo (y apóstol ferviente de la "igualdad racial") cuyos gustos son descritos por el experimentado investigador-policía Hubert J. Badeaux en su autorizativo libro El Submundo del Sexo (Nueva Orleans, edición privada, 1959). Dicho "pastor de almas" es un pervertido y tiene, lo que es muy común entre su especie, una apasionada predilección por "maridos" negros. Él también tiene, como muchos pervertidos, una esposa como una protectora tapadera [24]. Él de esa manera es capaz de disfrutar no sólo de los servicios de su "amante" negro, sino también de la excitación añadida de mirar y participar, mientras su esposa legal sirve como una prostituta para su "marido" congoide.

[24] Esto es extremadamente común. El auto-publicitado homosexual Donald W. Cory, en The Homosexual in America, dice que para los miembros de esa especie «el matrimonio es considerado como un "frente", una fachada artificial... el silenciador casi perfecto de la conversación que sea calumniosa, aunque verídica». Cory exige la legalización del "matrimonio" entre personas del mismo sexo. Él es modesto. Earl Warren, aplicando la lógica de su infame decisión "Black Monday" [del 17 de Mayo de 1955, que declaró inconstitucional la segregación racial en las escuelas, prometiendo la integración con los negros en las escuelas públicas], podría simplemente prohibir el matrimonio entre un hombre y una mujer a causa de que tal matrimonio haría infelices a los pervertidos y los haría sentirse inferiores. Lawrence Lipton de la Universidad de California en Los Ángeles en The Erotic Revolution (Los Ángeles, 1965) está principalmente interesado en mostrar que él ha dominado el vocabulario que se ve en las paredes de las letrinas en los barrios marginales, al gritar que toda la moralidad es "obsoleta", al vociferar en favor de la promiscuidad universal (con clubes de intercambio de esposas para aquellos que son tan ultraconservadores como para pensar en casarse en absoluto), y un retorno general a los estándares de los salvajes. Al pasar, sin embargo, él recomienda realmente una casa familiar en la cual dos homosexuales "machos" y dos "lesbianas" formen un grupo de cuatro personas, de modo que el placer pueda ser ilimitado.

     El animal reverendo cuyas delectaciones son descritas por el señor Badeaux no es único de ningún modo. Algunos observadores piensan que es probable que diversiones similares expliquen el entusiasmo por otra parte inexplicable por el movimiento por los "Derechos Civiles" en círculos clericales, y esa opinión es hasta cierto punto apoyada por el comportamiento de las alimañas que la Conspiración Comunista envió a Selma, Alabama, el año pasado [25]. Debe ser enfatizado, sin embargo, que todas esas explicaciones, dada la falta de datos específicos y autentificados disponibles, pueden ser no más que especulativas.

[25] Acerca del comportamiento de las ratas sarnosas que descendieron sobre Selma, Alabama, para promover la Gran Sociedad, véase de Albert C. Persons el folleto The True Selma Story (Birmingham, Alabama). Los animales, a propósito, fueron contratados por cien dólares por cabeza; vea el pago con la autentificadora declaración jurada reproducida en el Birmingham Independent el 15 de Septiembre de 1965.
     Véase https://en.wikipedia.org/wiki/Selma_to_Montgomery_marches

     He comentado con algún detenimiento acerca del homosexualismo porque es directamente relevante para el informe del señor Seelig de lo que él y sus amados hijos han sufrido a manos de degenerados organizados y del enorme aparato criminal del que ellos son una parte importante. No pretendo dar al tema una excesiva prominencia y espero que el lector recuerde que estamos tratando con sólo uno de los componentes de un complejo de subversión, cuyas diversas partes calzan unas con otras como lo hacen las piezas de un rompecabezas chino.

     Hay perversiones sexuales muy significativas que no son, en sentido estricto, homosexuales, pero que, en la sociedad contemporánea al menos, se combinan con ello para formar parte de una unidad más grande. Por ejemplo, aunque la mayor parte de nosotros no lo sepa, nosotros los contribuyentes estadounidenses mantenemos un Ejército de Prostitutas para entretener a comunistas y caníbales siempre que ellos vienen a Washington para sacar otro cargamento de nuestro dinero de nuestra Tesorería. Ésa, por supuesto, es simplemente la clase de servicio a "naciones subdesarrolladas" que cada uno da por hecho; pero lo que es significativo es que existen verdaderas dificultades para mantener la moral (espíritu de grupo) en el Cuerpo de Prostitutas. Algunos de los distinguidos internacionalistas que vienen para promover la "ley mundial" tomando nuestro oro, realmente prefieren a las mujeres, pero sólo cuando ellas han sido adecuadamente preparadas con un látigo de modo que sus cuerpos queden cubiertos con la sangre que rezuma o brota de magulladuras y heridas así producidas.

     Ahora bien, aunque sea indudablemente deplorable desde el punto de vista de los partidarios de un Mundo Único, es, me parece, comprensible que incluso mujeres que se han emancipado completamente de los "prejuicios burgueses" y que están imbuídas de un deseo por un "entendimiento internacional", se acobardan cuando el látigo muerde en su carne. De hecho, fue a consecuencia de tal debilidad que muchos estadounidenses recibieron su primera noticia de aquella forma de recreación. Una mujer, enviada por "nuestro" Ministerio de Asuntos Exteriores para entretener a uno de nuestros parásitos en la suite que le proporcionamos, perdió su agresividad cuando la fusta fue puesta a la vista tan pronto como ella se desnudó para la ocasión; ella corrió desnuda por los pasillos del hotel, atrayendo así alguna atención, aunque el establecimiento fuera uno frecuentado por la crème de la crème de nuestra oclocracia [gobierno de la chusma] gobernante. El incidente fue por lo tanto reportado en la prensa.

     La prensa, sin embargo, no ha considerado hasta ahora conveniente comentar acerca de los muy costosos establecimientos en Washington y Florida en los cuales los miembros más masculinos de nuestra élite comienzan por seleccionar desde un estante la fusta incrustada de joyas que hará sexualmente atractiva a la mujer de su elección. Ahora bien, los humanitaristas de gran corazón que comparten la pasión del "marqués" de Sade por la "igualdad humana" y asuntos relacionados no son, en aquel aspecto de su actividad, homosexuales, pero los estadounidenses que no han conseguido todavía la "salud mental" los considerarán como pervertidos.

     La perversión, por su parte, es sólo una fase de la manía erótica que ha sido hábilmente inducida en nuestro país, en gran parte por las escuelas públicas, y que está siendo ahora agudizada hasta la exasperación por el diluvio de pornografía que, bajo el patrocinio de Earl Warren y sus acólitos, está inundando ahora nuestros quioscos de prensa para la instrucción de aquellos niños y adolescentes que no la han tenido administrada a la fuerza en sus salas de clases [26].

[26] La pornografía es un negocio que ahora recauda en bruto más de 2.000 millones de dólares al año en Estados Unidos (vea el despacho de United Press desde Washington del 18 de Abril de 1965), y que parece estar en gran parte en manos de extranjeros. Muchos de los bichos involucrados en ello son conocidos comunistas y gente que participa en los frentes comunistas; vea los artículos de John Benedict en The American Mercury, Enero de 1960, pp. 3-15, y Febrero de 1960, pp. 3-21. Los bichos respondieron expulsando al Mercury de los quioscos de prensa a través de toda la nación. Vea también el boletín "Comunismo y Pornografía" del capitán Robert A. Winston de la Armada estadounidense, autor de The Pentagon Case.

     La mayor parte de esas aguas servidas no son específicamente homosexuales sino simplemente Sotádicas, y podrían tener como su lema el comentario atribuído a una conocida actriz de la generación pasada: "¿Sexo masculino?, ¿sexo femenino?. ¿Qué me importa, mientras sea sexo?". En conexión con esto, por supuesto, uno piensa en Ralph Ginzburg con su rostro de hurón, que editó la exuberante revista pornográfica llamada Eros y que ahora edita una cosa posiblemente más perniciosa llamada Fact mientras él, habiendo sido condenado a siete años en prisión por sus lascivas publicaciones, está amarrado y esperando que el camarada Earl imagine un pretexto para dejarlo suelto. Debe ser admitido que las excreciones de Ginzburg, tanto en sí mismas como porque ellas eran algo caras, no eran probablemente tan venenosas como la novela increíblemente sucia "El Despertar de Cindy" firmada con el seudónimo Edwin Shell, que fue difundida en los quioscos como un "libro barato" para la instrucción de cada alumno que tuviera 75 centavos.



     Según Newsweek (12 de Abril de 1965), por casualidad se descubrió que el autor de aquella orgía impresa de homosexualismo y promiscuidad era el "reverendo" doctor Arthur Edwin Shelton, "pastor" de la Iglesia Metodista del Wesley Memorial de Norfolk, Virginia. Los lectores de aquel informe deben haberse preguntado si ese "hombre de Dios" estaba simplemente tratando de extender la degeneración a cambio de fáciles dólares o si encontró alguna satisfacción más profunda en sus trabajos para su Señor.

     Requeriría un volumen, sin embargo, tratar la pornografía y la manía erótica en nuestro tiempo, y aquello, a su vez, sería simplemente una fase del sabotaje universal de nuestra cultura y nuestra nación por nuestros enemigos. Para hablar de esto, deberíamos tratar de remontar la oscura historia de la Conspiración Comunista.

     Si los estadounidenses, por optimismo ciego e ignorante negligencia, han permitido que aquel astuto y sutil sabotaje haya ido demasiado lejos como para que la nación pueda ser conservada, es una pregunta difícil y dolorosa. Ella será contestada por los acontecimientos de los próximos dos o tres años, como máximo. Para los propósitos de este comentario, sin embargo, supongamos que la finalización de la captura bolchevique de nuestro país es evitada por la intervención divina o por un despertar casi igualmente milagroso de nuestro largamente dormido instinto de auto-preservación.

     Bajo aquel supuesto, ¿qué seremos capaces de hacer en cuanto a la epidemia del homosexualismo? Me parece que cuatro conclusiones surgen de la discusión anterior, a saber:

    (1) No podemos impedir mediante la legislación la práctica del homosexualismo. Las leyes son obviamente ineficaces cuando las violaciones de ellas pueden ser descubiertas sólo por raros accidentes o en circunstancias muy extrañas.

    (2) Al simplemente implementar las penas ahora proporcionadas por la ley en la mayor parte de los Estados, podemos inhibir y mantener en un mínimo las obsesivas "actividades misioneras" de los pervertidos. Además, si las leyes existentes fueran hechas cumplir, podría acabarse con el control de nuestro gobierno federal y con la profunda penetración de muchos gobiernos estatales por parte de la Internacional Homosexual y la Conspiración Comunista Internacional combinadas. Si bien sería probablemente imposible eliminar completamente a los pervertidos secretos, ellos podrían ser dejados carentes de poder.

    (3) Podemos detener el uso actual de las escuelas públicas como una máquina enorme de desmoralización diseñada para crear una población de fellahin [campesinos], seres brutalizados y estupidizados que viven sin esperanza y sin amor propio, necesarios como ganado en el Estado Socialista con el cual sueñan nuestros "liberales", y que ellos casi han creado.

    (4) Todos nuestros esfuerzos serán vanos, a menos que tengamos éxito en hacer lo que ninguna nación antes de nosotros ha hecho alguna vez: tener éxito en revertir el proceso de desmoralización y decadencia, y en re-crear una moralidad nacional, los estándares de conducta personal y auto-disciplina que serán aceptados sin debate por todos los estadounidenses, excepto, por supuesto, por el submundo de basura humana que parece biológicamente inevitable pero que las sociedades sanas saben cómo poner en cuarentena y dejar social y políticamente impotente. Y debemos aceptar esos estándares de conducta y auto-disciplina con entusiasmo y orgullo, reconociéndolos como parte de la superioridad que es evidenciada por nuestro poder físico.

    ¿Es posible que nosotros, los hombres de Occidente, miembros de la única raza que ha tenido la inteligencia y la disciplina para dominar muchos de los poderes de la Naturaleza, seamos demasiado estúpidos para preservar nuestra propia civilización?. ¿No es fantástico que nosotros, que solos podemos crear intrincados mecanismos tales como computadores electrónicos y fábricas automáticas, nos degrademos tanto como para arrastrarnos entre salvajes en el sucio agujero llamado "Naciones Unidas"?; ¿que nosotros, que hemos dominado el átomo y tenemos en nuestras manos los relámpagos de la energía nuclear, debamos acobardarnos ante las brutales hordas de Gengis Jan, acobardarnos hasta el demencial acto de dar nuestras armas a nuestros eternos enemigos?; ¿que nosotros, que únicos entre todas las razas podemos mirar lejos en el universo infinito y podemos medir ahora con precisión las enormes cuasi-estrellas (quasars) que están a la inimaginable distancia de 6.000 millones de años-luz, debamos esclavizarnos a criaturas cuyas mentes rudimentarias nunca pueden comprender realmente los simples principios que nosotros aprendemos en la infancia?.

     Aquéllas son las preguntas que cada hombre debe responder por sí mismo ahora.

     Puede ser, por supuesto, que el mayor poeta de Polonia, el católico conde Zygmunt Krasinski (1812-1859), que vivió en las fronteras de Europa hace más de un siglo, fuera clarividente y profético cuando él compuso un epitafio para el Occidente cristiano:

    "A los errores acumulados por sus antepasados ellos añadieron aún otros que sus antepasados no conocieron: vacilación y timidez. Y así llegó a suceder que ellos desaparecieron de la faz de la Tierra, y desde su desaparición ha habido un gran silencio".


Revilo P. Oliver,
Enero de 1966, Urbana, Illinois.


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ANEXO

Artículo "LA INTERNACIONAL HOMOSEXUAL" (Fragmentos)
por R. G. Waldeck
29 de Septiembre de 1960

     Los extractos del documento han sido tomados de un articulo, "Homosexual International", aparecido el 29 de Septiembre de 1960 en "Human Events", una publicación noticiosa semanal de Washington DC, que declaraba llegar a "40.000 líderes políticos y financieros" con sus "noticias detrás de las noticias de la capital de la Nación". La autora del artículo, R. G. Waldeck (nacida en 1898 con el nombre de Rosie Goldschmidt), es identificada como la "Condesa Waldeck, graduada en la Universidad de Heidelberg y ciudadana estadounidense... escritora política y novelista",  y entre sus numerosos libros, los más conocidos son "Europe between the Acts", "Athena Palace", y "Lustre in the Sky".


     «El 25 de Marzo de 1952 el señor Carlisle H. Humelsine, viceministro de Exteriores delegado, declaró ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara que el Ministerio de Exteriores había expulsado a 119 homosexuales durante el año anterior.

     «La reacción popular ante esa sensacional noticia varió desde una legítima indignación sobre una base religiosa hasta una pseudo-liberal disposición a la "tolerancia"...

     «...La principal razón por la cual... la eliminación de los homosexuales de todas las agencias del Gobierno, y especialmente del Ministerio de Exteriores, asume una urgencia vital, es que [les] es propio, de acuerdo a la naturaleza del vicio de ellos, pertenecer a una siniestra, misteriosa y eficiente Internacional.

     «...Esta conspiración se ha difundido por toda la Tierra; ha penetrado todas las clases; está presente en el ejército y en las prisiones; se ha infiltrado en la prensa, en el cine y en el Gobierno, y, sobre todo, domina el mundo de las artes, de la literatura, de la música y de la televisión.

     «Y éste es el motivo por el cual los funcionarios homosexuales son un peligro para nosotros, en la actual lucha entre el Este y el Oeste: los miembros de una conspiración están prontos a involucrarse en otra conspiración. Ésta es una de las razones por la cual tantos homosexuales comenzaron a ser enemigos de la sociedad en general, y finalizaron por ser enemigos del capitalismo en particular. Sin ser necesariamente marxistas, sirven a los fines de la Internacional Comunista en nombre de su rebelión contra el prejuicio, los estándares y los ideales del mundo "burgués". Otra razón que sostiene la alianza comunista-homosexual es la inestabilidad y la pasión por la intriga sólo por el placer de la... intriga, que es innata en la personalidad homosexual.

     «Una tercera razón es la promiscuidad social al interior de la minoría homosexual y la fusión que produce entre la clase alta y la depravación proletaria.

El Vínculo que Une

     «Hay diversas teorías sobre el origen del homosexualismo. Algunas lo han atribuído a una predisposición glandular, otras a la herencia. Según la moderna psicología, el homosexual es víctima de un proceso emocional interrumpido que le hace imposible sublimar una experiencia infantil de identificación con la madre y de celos hacia ella. Todos están de acuerdo en el hecho de que, así como el elemento femenino marca más o menos sutilmente sus gestos, su apariencia y su voz, una compleja masa de oscuros odios, frustraciones, sentimientos de inferioridad y de culpa en ellos marca al alma humillada.

     «En otras palabras, el homosexual existe como un ser humano infeliz e inestable aunque no se viese obligado a "vivir en la falsedad y el perjurio" (Marcel Proust).

     «Además, el oprobio y los peligros que pesan sobre ellos agregan mucho a su inestabilidad. De manera más o menos consciente, ellos odian a una sociedad que les hace sentirse "diferentes" y que, juzgando los deseos más profundos como vergonzosos y dignos de castigo, los obliga a ocultarlos, negarlos y camuflarlos.

     «Esta ramificada vulnerabilidad en sí misma, como lo comprende Harden, ha hecho del homosexual un serio riesgo para la seguridad. E incluye también este factor agravante: que las misteriosas leyes que rigen a esa condenada parte de la Humanidad son más estrictas para sus miembros que toda forma de lealtad nacional, espiritual o social.

    «...La Internacional Homosexual comenzó a carcomer la fuerza del Estado en los años '30. Hasta ahora se había limitado a mordisquear. Tengo ante mí los apuntes tomados hace años sobre esta etapa de roedura. Todavía muy nueva en el campo de la política, quedé maravillada de descubrir que "Cherchez l'homme" era un factor mucho más potente, en los asuntos internacionales, que "Cherchez la femme".

     «Quedé encantada al ver las pequeñas Sodomas funcionar al interior de las embajadas y de los Ministerios de Exteriores. De algún modo los homosexuales parecen llegar siempre a una docena, y no porque así les sea más fácil, sino más bien porque un embajador homosexual o un encargado de asuntos o un subsecretario de Estado, ama tener un personal lleno de su misma gente. Otra razón es que los homosexuales se hacen cargo verdaderamente de sus similares...

Homosexualismo y Comunismo

     «La alianza entre la Internacional Homosexual y la Internacional Comunista tuvo su inicio en el alba del Decenio Rosa [la administración de Roosevelt en los años '30]. Fue entonces que la aristocracia homosexual —escritores, poetas, pintores y gente similar— descubrió el marxismo. ¿Por qué esa descolorida doctrina encanta a personas que hasta ahora habían posado como estetas decadentes? Sin duda, los mismos sentimientos que han motivado, en general, la conversión al comunismo de los intelectuales —así como la oposición al Nacionalsocialismo y al Fascismo, visiones del final del capitalismo y de la necesidad de una fe— han jugado su parte en la conversión comunista de los intelectuales homosexuales. Pero las particulares emociones les han dado un fervor mayor.

Intrigas Políticas

     «...La Internacional Homosexual trabaja entre las manos de la Internacional Comunista sin ningún esfuerzo organizativo especial. Esto no quiere decir que todos los diplomáticos o funcionarios homosexuales sean comunistas ni tampoco un "compañero de ruta", sino que esa peligrosa mezcla de hostilidad antisocial y de promiscuidad social inherentes al vicio los predispone hacia la causa comunista.

     «Éste es el motivo por el cual las agencias en las cuales los homosexuales son numerosos resultan en esa clase de intriga y falsedad, aparentemente objetiva, que de cualquier modo termina siempre por coincidir con la línea del partido.

Agentes Secretos Naturales

     «Hay todavía otro e incluso más siniestro aspecto del homosexualismo en los altos niveles, que es el que hace de los homosexuales agentes secretos naturales y a la vez traidores naturales.

     «Esta conclusión se deriva de una teoría desarrollada por el profesor Theodor Reik en su libro Psychology of Sex Relations.

     «En suma, esta teoria dice que la fantasía de la metamorfosis sexual que opera en gran parte de las historias de este tipo, y que hace asumir al homosexual el rol del otro sexo, les hace apetecer todo trabajo que les permita asumir un doble rol.

     «El ejemplo más clásico es el caso de espionaje del coronel homosexual Alfred Redl de la Inteligencia militar austro-húngara, el cual, durante el decenio anterior a la Primera Guerra Mundial, entregó a los rusos los secretos militares austriacos y denunció incluso a sus propios agentes. Sintió un immenso placer en desempeñar el papel tanto del traidor como de aquel que, por su trabajo, está encargado de arrestar y castigar a los traidores.

Un Problema Político para los Psicólogos

     «Una cosa es pedir la eliminación de los homosexuales que están en las agencias del Gobierno, y otra cosa es ser capaz verdaderamente de eliminarlos. Si el examen no es hecho por psicólogos expertos y cuidadosos, aquello resultará en ridículos errores, como esos padres homosexuales que se salen con la suya, mientras solteros honestos delante de Dios quedan marcados por la sospecha.

     «Ésa es otra razón por la cual son esenciales psicólogos expertos y cuidadosos. El homosexualismo tiene varios niveles, que varían según cuáles sean los riesgos que representan para la seguridad. Sería injusto meterlos a todos en la misma olla, pero se necesita un experto para separar al tipo inocuo del peligroso.

     «En el mejor de los casos la eliminación de los homosexuales de las agencias del Gobierno es sólo una fase de la lucha contra la invasión de la vida pública estadounidense. Otra fase, y la más importante en el largo plazo, tiene que ver con la educación pública. Esto debería ser claro para cualquier persona que ve con consternación a la tolerancia entrometerse con la ternura, con lo cual la sociedad estadounidense no sólo sufre la infiltración de los homosexuales por todas partes sino que incluso les permite exhibir sus perversiones en público.

Un Deber Educativo

     «El principal deber educativo debería consistir en combatir el concepto de "amar y dejar amar" el cual, sembrado en el margen pseudo-liberal, afirma que las perversiones sexuales no le impiden a un hombre funcionar normalmente en todos los otros contextos... Esa posición es fatal, ya que permite a la sociedad apoyarse en un falso sentido de seguridad...».–



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