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miércoles, 5 de julio de 2017

Ben Klassen - Alemania, Hitler y el Nacionalsocialismo



     Bernhard "Ben" Klassen (1918-1993), nacido en Ucrania de familia germánica anabaptista (holandeses menonitas), la que huyó del comunismo soviético, se estableció con ésta en Canadá, donde llegó a ser un ingeniero eléctrico. Posteriormente se trasladó a Estados Unidos, donde fue profesor de escuela, inventor (patentó el abridor de latas eléctrico), agente inmobiliario, político y escritor. Es más conocido por haber fundado en 1973 la Iglesia del Creador (Church of the Creator, o movimiento Creativity), en el contexto del movimiento pro-Blanco, con una cosmovisión anti-cristianismo (inventado para desmoralizar al Imperio romano), racialmente socialista y eugenésica. En 1973 publicó su libro "Nature's Eternal Religion", del cual presentamos ahora traducido el capítulo 5 de su segunda parte (Germany, Adolf Hitler and National Socialism), donde vierte sus elogiosas apreciaciones con respecto a Hitler y el NS, no sin dejar de señalar qué le parece que debe ser corregido en éste para ser funcional para la raza blanca, que es su interés primordial.


Alemania, Adolf Hitler y el Nacionalsocialismo
por Ben Klassen, 1973




En el estudio del movimiento histórico entero de la Raza Blanca que lucha para liberarse del talón de la tiranía judía, el nombre de Adolf Hitler brilla como el meteoro más brillante que destella a través de los cielos desde el comienzo de la Historia. Sin duda la raza blanca producirá aún mayores hombres en el futuro, pero es mi meditada opinión el que Adolf Hitler sobrepasa a cualquier otro hombre como el líder más grande que la raza blanca haya producido alguna vez, y como el hombre Blanco más grande que alguna vez haya vivido. Esto puede sonar como una estimación demasiado extravagante, pero si lo fuera, ningún hombre la merecería más, ni de una manera más honesta.

La contribución que este gran hombre Blanco ha hecho para producir un impacto resonante para la causa de la raza blanca y conseguir casi una destrucción de la conspiración judía, pasará a la Historia como una de las batallas más heroicas de la Humanidad.

Cuando consideramos con cuán poco él tuvo que comenzar, con qué poco él tuvo que trabajar, cuán enormes fueron los obstáculos que él tuvo que vencer, los esfuerzos Hercúleos que fueron hechos, y la lucha heroica que fue emprendida, podemos decir con toda seguridad y sin contradicción que, en palabras de William Shakespeare, «Su vida fue tan noble, y los elementos [estaban] tan bien mezclados en él, que la Naturaleza podría levantarse y decir a todo el mundo: "¡Éste era un hombre!"» (Julio César, acto V, escena V).

En realidad, Adolf Hitler no fue sólo el epitome de un hombre, sino que él representó de excelente manera aquellas cualidades que brillan en la Raza Blanca: honor, heroísmo, genio, creatividad, liderazgo, un espíritu artístico y, sobre todo, la disposición a sacrificarse por el bien de su raza. Si no hubiera sido por este hombre, indudablemente Alemania habría sido de manera aplastante comunistizada a principios de los años '30. Puesto que Alemania es la llave y la nación ancla en el corazón de Europa, indudablemente el continente entero habría caído rápidamente víctima del comunismo judío y marxista.

Ciertamente, si Hitler y el nuevo movimiento Nacionalsocialista que él fundó no hubieran salvado a Alemania, España también habría caído víctima de ese cáncer traidor, e indudablemente, la cruel y destructiva Guerra Civil Española nunca habría resultado ser una victoria para quienes luchaban contra el comunismo judío. Con España y Alemania perdidas, en muy poco tiempo una Francia enferma y disipada, ya infectada con el virus marxista, habría sucumbido. Con España, Francia y Alemania por un lado, y Rusia comunista por otro, es impensable que los países balcánicos, Rumania, Checoslovaquia y los demás, hubieran presentado alguna resistencia significativa a la embestida judía para esclavizar a Europa. Con el continente perdido, el pequeño reino de la isla de Gran Bretaña, él mismo durante mucho tiempo una ciudadela del poder del dinero judío, habría caído dentro de poco como un tomate demasiado maduro. Ciertamente la Italia Fascista se habría desmoronado dentro de poco, bajo una invasión militar, si fuera necesario, y los pocos otros países pequeños y relativamente débiles, como los países escandinavos y Grecia, no habrían ofrecido ningún obstáculo en absoluto. Entonces, se puede ver fácilmente que si no hubiera sido por el advenimiento de Adolf Hitler, Europa hacia los años '30 habría sido totalmente aplastada en las mandíbulas gigantescas del Marxismo Judío.

Indudablemente, a mediados de los años '30 toda Europa habría estado en la garra de esa pestilencia diabólica que hoy llamamos el Comunismo pero que es realmente el programa judío para la destrucción de la raza blanca y su civilización. Sin ninguna duda, Estados Unidos, que tiene dentro de sí a más judíos que cualquier otro país en el mundo, y que suministró el dinero, el material y la producción de los armamentos de guerra, ciertamente, Estados Unidos no habría resistido la embestida final de ese cáncer. Es, por lo tanto, bastante seguro decir que si no hubiera sido por la gracia de una bondadosa Providencia y la aparición de Adolf Hitler en la escena de la Historia mundial, hoy usted y yo estaríamos viviendo bajo una pesadilla completa tal como la que ha oscurecido las luces a través de toda Rusia y Europa del Este.

Pero, podría decir usted, Adolf Hitler fue destruído, y Alemania fue completamente derrotada, y el Nacionalsocialismo fue completamente aplastado sin que quedara ningún vestigio.

Es verdad que Adolf Hitler está muerto. Es verdad que Alemania fue completamente vencida y convertida en una masa de escombros. Es verdad que el Nacionalsocialismo fue erradicado como un partido político en Alemania. Entonces, ¿qué ha hecho Adolf Hitler por nosotros, por la raza blanca?.

Bien, él ha hecho muchísimo. En primer lugar él nos ha comprado tiempo. Como ya dijimos, indudablemente hacia el final de los años '30 toda Europa, y muy probablemente el mundo entero, habrían sido aplastados y destripados, encogiéndose de temor a los pies del diabólico monstruo judío, el marxismo comunista. Adolf Hitler no murió en vano. Él murió por su amada raza blanca, incluyéndolo a usted y a mí. Él nos compró al menos 50 años de tiempo en los cuales pudimos reunirnos y hacer un gran esfuerzo final para aplastar victoriosamente al monstruo que todavía está agarrando nuestra garganta.

Sí, él nos compró tiempo, pero hizo más que eso: nos dio un sentido de dirección y nos dio una gran causa y un ejemplo inspirador por el cual esforzarnos. Él desafió a ese pervertido mal y nos mostró a todos que esa monstruosa plaga mundial podía ser desafiada y podía ser vencida. De hecho, él estuvo maravillosamente cerca de ganar la batalla en su propio tiempo. Él nos dio esperanza, él nos dio un ejemplo, y nos dio una ideología por la cual luchar. Con líneas claras, él delineó al enemigo, y planteó el objetivo. Él estableció el primer gobierno Blanco que estaba basado sobre un fundamento racial.

Adolf Hitler no murió en vano. De sus cenizas se elevará un Fénix directamente en el corazón de Estados Unidos que surgirá a la vida otra vez y emprenderá la batalla para salvar no sólo a Estados Unidos sino a la raza blanca del mundo entero.

La historia de la vida de Adolf Hitler indudablemente constituye el más fantástico y verdadero argumento de cualquier historia que haya sido escrita alguna vez en la Historia de la Humanidad. Ella es una historia verdadera, no una fantasía imaginada en las mentes de cuentistas. Es una gran epopeya que ha ocurrido dentro de este actual siglo, y podemos estar orgullosos de que haya sucedido en nuestro propio tiempo.

Para entender la historia de Adolf Hitler debemos antes que nada remontar la historia de la propia Alemania, e incluso antes que eso, la historia del pueblo alemán.

* * * *

Cualquiera que estudie los afloramientos del genio en el progreso de la Raza Blanca no puede sino estar impresionado por el número de nombres alemanes que predominan en cualquiera de tales listas. Ya sea en el campo de la música, o de la literatura, o la química, o las matemáticas, o las invenciones o de la física, las contribuciones del genio del pueblo alemán en todos esos campos han sido en verdad ricas. Y no sólo eso, sino que el pueblo alemán encarna todas aquellas cualidades que son el orgullo de la raza blanca: ellos trabajan duro, son productivos, energéticos, luchadores valientes y, sobre todo, tremendamente creativos. Por otra parte, ellos también poseen aquel defecto fatal que es tan característico de la raza blanca: ellos son muy propensos a riñas y enfrentamientos entre ellos mismos, y tienen además una fatal impresionabilidad ante la propaganda judía.

Los siglos no sólo hicieron que los alemanes poseyeran las mejores cualidades de la sangre nórdica dentro de la raza blanca, sino que ellos estaban localizados en el corazón de la Europa geográfica y, por lo tanto, eran el elemento clave en cualquier acontecimiento europeo.

¿Por qué entonces, bien podría preguntarse, Alemania se quedó atrás de Francia, España e Inglaterra en la carrera por colonias y, de hecho, en el establecimiento de un Imperio mundial? Y la respuesta está en su talón de Aquiles, a saber, una casa dividida contra sí no puede perdurar. En ninguna nación principal ha habido tanta división y tanto altercado interno y fraternal como entre la gente alemana. Así era eso, hasta que vino aquel gran líder, Adolf Hitler.

Desde los días de los romanos, pasando por el reinado de Carlomagno, y durante siglos a partir de entonces, Alemania ha estado dividida en pequeños principados, ducados y reinos. Probablemente desde los días de la caída de Babilonia ningún pueblo ha estado tan infestado de parásitos judíos como lo estuvieron los pequeños feudos, ducados y principados de Alemania. Sobre éstos, los judíos continuamente se sujetaron, y en especial sobre sus gobernantes, prestándoles dinero, corrompiendo su moral y agitando guerras.

Sin embargo, hacia el siglo XVI se hizo evidente que los alemanes se estaban convirtiendo en una potencia principal en el corazón de Europa, y por su número, su industria y su energía, pronto dominarían el continente de Europa, de ser dejados sin restricciones. Si hay una cosa que los judíos no pueden tolerar y que no tolerarán (si ellos pueden ayudar a ello) es que un gran pueblo Blanco como los alemanes se una y predomine en la política mundial. Fue por lo tanto en ese tiempo que los judíos promovieron lo que ha sido conocido en la Historia como el "Gran Cisma". El judío lanzó la Reforma Protestante en la cara de la Europa Blanca, y con ello una convulsión fratricida a una escala sin precedentes.

Los judíos, que crearon el cristianismo en primer lugar, y lo dominaron y lo controlaron durante los primeros 1.500 años por medio de la jerarquía de la Iglesia católica, habían corrompido completamente la Iglesia hasta el punto de que el "creyente" promedio estaba tan completamente enfermo y asqueado por los excesos de los líderes de la Iglesia, que él estaba listo a rebelarse. Los judíos entonces produjeron una marioneta para que condujera la rebelión contra la Iglesia, la que iba a dividir totalmente al mundo Blanco, desde Alemania a Suecia, Francia e Inglaterra.

Entre ningún pueblo fueron más grandes las convulsiones consiguientes que entre el pueblo alemán. Después de arder durante aproximadamente un siglo, dicha convulsión reventó en una apasionada lucha entre el pueblo alemán. Fue llamada la Guerra de los Treinta Años.

Entre 1618 y 1648, unos devastadores 30 años, los alemanes se cortaron en pedazos y se desgarraron entre sí. Esa trágica convulsión, cuando finalmente acabó, dejó al pueblo alemán desgarrado y sangrante, con 5/6 de toda su propiedad y edificios destruídos, y un tercio de la población diezmada. Cuando el Tratado de Westfalia finalmente puso fin a ese trágico y amargo fratricidio, no fue el pueblo alemán quien escribió los términos de aquel tratado, sino que fueron las potencias extranjeras circundantes las que dictaron los términos a las víctimas.

Huelga decir que el pérfido judío tenía su mano en ello otra vez, y la última cosa en el mundo que él quería, era ver una Alemania unida y fuerte. Lo que él estructuró fue una reanudación de los divididos ducados y principados que ella tenía antes de que comenzara la guerra suicida, pero estaba ahora cargada con el problema añadido de ser mitad católica y mitad Protestante. Y no sólo eso, sino que la guerra había engendrado una rica cosecha de odios entre los propios alemanes, odios que no eran demasiados, a diferencia de aquellos que el judío fomentó entre el Norte y el Sur de Estados Unidos cuando ellos sumergieron a nuestro desafortunado país en la Guerra Civil.

Ese sangriento y penoso ejercicio de auto-destrucción retrasó al pueblo alemán quizá 300 años en el desarrollo de su carácter de nación, y eso les costó el liderazgo mundial. Ésa era bastante bien la situación del pueblo alemán hasta el advenimiento de Bismarck, quien unió los pequeños Estados alemanes y emprendió con éxito la guerra contra los alemanes de Austria y los derrotó completamente en la batalla de Koniggratz en 1866. Esa batalla y la victoriosa guerra de 1870 contra los franceses unieron a los Estados alemanes bajo el mando de Prusia, y Bismarck hizo coronar al rey Guillermo como cabeza del Imperio alemán.

Alemania estaba ahora en su camino a la unificación y a convertirse en una potencia mundial, menos, sin embargo, los alemanes de Austria.

A pesar de todo el tiempo que Alemania había perdido mientras las otras grandes naciones de Europa estaban adquiriendo colonias, ella era ahora una potencia mundial para ser reconocida y estaba incuestionablemente llegando a convertirse en la nación más fuerte de Europa y su líder.

A pesar del crédito supremo dado a Bismarck por unir Alemania, él nunca se hizo cargo firmemente del problema judío como tal, y el poder y la influencia de los judíos en Alemania permanecieron irrestrictos y sin disminución. Sin embargo, el poder y la productividad del pueblo alemán se hicieron manifiestos, y si hay algo que los judíos no querían, era que las buenas cualidades inherentes en la sangre alemana empezaran a destacar y a asumir el liderazgo de la raza blanca. Con el control de la propaganda en sus manos en Alemania, en Francia, en Inglaterra y en los otros países de Europa, así como en Estados Unidos, y con los odios nacionales continuamente mantenidos vivos y agitados con la propaganda a discreción, los judíos tuvieron éxito en sumergir a Europa en la que es conocida como la Primera gran Guerra Mundial.

Si no hubieran intervenido otros factores, y si ambos lados hubieran carecido del poder y la influencia de los judíos, Alemania podría haber ganado aquella guerra, y de hecho, estuvo camino a hacer aquello. Pero eso no debía ser, sin embargo, ya que los judíos no querían que Alemania ganara. Ellos no querían un fuerte liderazgo Blanco como el que ofrecían los alemanes. El control judío de Alemania, incluso durante la Primera Guerra Mundial, era casi completo. El ministro de Producción de Guerra era un judío, y de hecho, el gobierno alemán entero estaba completamente lleno de burócratas judíos, y en la primavera de 1918, cuando Alemania estaba llevando adelante una victoriosa campaña que terminaría la guerra, la conspiración judía provocó una huelga de municiones en casa y saboteó todo el esfuerzo de guerra alemán.

Con las riendas de la propaganda firmemente bajo su control, los judíos entonces organizaron una Revolución comunista en el corazón de Alemania mientras los valientes muchachos alemanes estaban muriendo en las trincheras. El final no estaba demasiado lejos de venir. Hacia Noviembre de 1918, una Alemania traicionada y oprimida por los judíos demandó la paz mientras sus valientes soldados en el frente estaban todavía lejos dentro del territorio enemigo.


Uno de aquellos valientes soldados que habían sido inutilizados por un ataque con gas tóxico, y que estaba ciego en un hospital en el momento en que el armisticio fue anunciado, era un cabo desconocido de nombre Adolf Hitler.

Él cuenta su reacción después de escuchar las devastadoras noticias de la derrota de Alemania:

"Desde el día en que estuve ante la tumba de mi madre, yo no había llorado. Cuando en mi juventud el destino me trataba con despiadada dureza, la determinación de mi espíritu se hacía cada vez más fuerte. Cuando en los largos años de guerra la muerte arrebataba a tantos queridos camaradas y amigos de nuestras filas, me habría parecido casi un pecado quejarse; después de todo, ¿no estaban ellos muriendo por Alemania? Y, finalmente, casi en los últimos días de aquella titánica lucha, cuando las olas de gas venenoso me envolvieron y comenzaron a penetrar por mis ojos, el pensamiento de quedar permanentemente ciego me atemorizó, pero la voz de mi conciencia gritó inmediatamente: ¡Miserable desgraciado! ¿Vas a llorar cuando miles están cien veces peor que tú? Y así acepté mi infortunio en un opaco silencio. Pero entonces yo no podía ayudarlo. Sólo ahora realmente veo cómo todo sufrimiento personal desaparece en comparación con la desgracia de la Patria" (Mein Kampf, libro I, cap. 7).

"Siguieron días terribles y noches aún peores. Yo sabía que todo estaba perdido. Sólo los tontos, los mentirosos y los criminales podrían esperar piedad del enemigo. En esas noches el odio creció en mí, el odio hacia aquellos responsables de ese cobarde crimen" (...).

"No hay tal cosa como llegar a un entendimiento con los judíos; debe ser de una manera clara y estricta, o no".

"Yo, por mi parte, decidí entrar en la política" (libro I, cap. 8).

¿Quién era ese hombre, Adolf Hitler?.

Este genio excepcional de la Raza Blanca, probablemente el mayor líder que la gente Blanca haya tenido alguna vez, provino de un principio muy desfavorable. Él nació de padres de clase media baja, en una pequeña ciudad en la frontera entre Alemania y Austria, pero en el lado austriaco. Se llamaba Braunau-am-Inn. La fecha era el 20 de Abril de 1889.

Durante sus años escolares el joven Adolf mostró una inclinación a ser un líder entre sus compañeros de clases. Él también mostró un ávido interés por la Historia y una fuerte predisposición hacia el nacionalismo y una lealtad a su propia raza. Él también estaba favorecido con una fuerte propensión a los campos artísticos. Cuando él tenía 12 años, el joven Adolf había decidido que quería ser un artista, y claramente comunicó a su padre su deseo.

Su padre se opuso fuertemente a dicha elección. El conflicto que siguió entre los dos fue resuelto por la muerte de su padre cuando el joven Adolf tenía 13 años. La familia estaba ahora en apuros financieros bastante extremos, pero su madre logró enviarlo a la escuela técnica en Linz. Allí sus talentos para el dibujo y la arquitectura se hicieron obvios.

Fue también durante ese período que Hitler desarrolló un fuerte sentimiento por el Nacionalismo alemán y el pensamiento histórico. Él dice:

"El hábito del pensamiento histórico que así aprendí en la escuela nunca me ha abandonado en los años posteriores. En un grado siempre creciente la Historia del mundo llegó a ser para mí una fuente inagotable para entender los acontecimientos históricos del presente, es decir, la política. Por lo tanto, no quiero aprender Historia, quiero que ella me instruya" (Mein Kampf, libro I, cap. 1).

Cuando Hitler tenía 18 años fue a Viena para tratar de comenzar su formación profesional para llegar a ser un pintor y un artista. Él rindió el examen requerido en la Academia de Viena de Bellas Artes.

Para su gran sorpresa encontró que había fallado en esos exámenes. El profesor que había examinado sus dibujos le informó que su talento no estaba en el campo de la pintura sino en el de la arquitectura. Su interés por la arquitectura había estado creciendo constantemente en los últimos años, pero él ahora comprendía que a fin de realizar estudios profesionales en ese campo, carecía de los antecedentes académicos necesarios.

No pasó mucho tiempo a partir de entonces cuando su madre murió, y él era ahora un huérfano que se enfrentaba al problema de hacer su propia vida. De alguna manera él tuvo que ganarse la vida. Él no tenía ningún oficio o formación en alguna vocación particular. Su futuro parecía desolado.

Sin embargo, anunciando a sus parientes su adiós, declaró que él iría a Viena y nunca volvería hasta que le fuera bien.

"Con una maleta llena de ropa, y una resolución indomable en mi corazón, salí en dirección a Viena. Además esperaba anticiparme al destino, tal como mi padre lo había hecho 50 años antes. Yo estaba determinado a llegar a convertirme en alguien, pero en ningún caso en un funcionario" (Mein Kampf, libro I, cap. 1).

Los siguientes cuatro años entre 1909 y 1913 resultaron ser un tiempo de completa miseria y pobreza para el joven hombre de fuerte voluntad de Linz. Aquéllos fueron sus años más formativos y los años en los cuales él aprendió las amargas lecciones de la vida en la escuela de los golpes duros.

Fue en la ciudad metropolitana de Viena, el 10% de cuya población en ese entonces eran judíos, que Hitler también comenzó a aprender los hechos de la vida acerca del poderoso dominio que los judíos tenían sobre aquella ciudad en particular, y su influencia en el mundo en general.

Él se convirtió en un lector voraz y leía la prensa diaria intensamente. Fue también durante ese tiempo que él desarrolló una penetrante visión de la política y comenzó a descubrir lo que la fangosa mano del judío, detrás de la fachada del marxismo, le estaba haciendo al pueblo alemán. Él dijo:

"Viena fue para mí una escuela severa, pero me enseñó las lecciones más profundas de mi vida. Yo todavía era un muchacho cuando fui a vivir allí, y la dejé siendo un hombre, de naturaleza tranquila y grave. En Viena adquirí los fundamentos de una cosmovisión en general y desarrollé la facultad de analizar las cuestiones políticas en particular. Dicha cosmovisión y las ideas políticas que entonces formé nunca me han abandonado..." (Mein Kampf, libro I, cap. 3).

Fue también durante ese tiempo que él estudió y aprendió a fondo los venenosos efectos del movimiento de la "Socialdemocracia" en Austria, que era un nombre disfrazado para el marxismo comunista. Él dice:

"Entendí el infame terror espiritual que ejerce este movimiento, en particular sobre la burguesía, que no está ni moral ni mentalmente preparada para resistir tales ataques; a una señal dada, suelta una verdadera andanada de mentiras y difamaciones contra cualquier adversario que parezca más peligroso, hasta que los nervios de las personas atacadas colapsan... ésa es una táctica basada en el cálculo preciso de todas las debilidades humanas, y sus resultados conducirán al éxito con certeza casi matemática..." (Mein Kampf, libro I, cap. 2).

Después de cuatro años en Viena, los años más tristes de su vida, Hitler dejó aquella ciudad para siempre y se trasladó a Múnich en la primavera de 1913. Él se alegró de salir de Viena, a la que él llamó una cosmopolita "Babilonia racial". Él sintió mucho más en casa, tanto espiritual como políticamente, en Múnich, ya que sus fuertes sentimientos nacionalistas pro-alemanes estaban mucho más en armonía allí que en el Imperio austriaco de razas políglotas. Hitler tenía en ese tiempo 24 años, y a cada uno, excepto a él mismo, debe haber parecido un fracaso total. Él no tenía amigos, ni familia, ni trabajo ni casa. Él tenía, sin embargo, una cosa: una confianza inextinguible en sí mismo, y un profundo y ferviente sentido de misión. Él también tenía un amor intenso y perdurable por Alemania y por el pueblo alemán. Nadie entonces podría haber previsto la enorme misión que Adolf Hitler estaba destinado a realizar en su recién adoptada tierra de Alemania.

Cuando la guerra estalló en Agosto de 1914, él inmediatamente, durante el tercer día de Agosto, solicitó al rey Ludwig III de Baviera el permiso para entrar como voluntario en un regimiento bávaro, el que le fue concedido. De ese histórico punto decisivo en su vida. Hitler dice:

"A mí aquellas horas me parecieron una liberación de los dolorosos sentimientos de mi juventud. Incluso hoy no estoy avergonzado de decir que, dominado por un tempestuoso entusiasmo, caí de rodillas y agradecí al cielo con un corazón desbordante por concederme la fortuna de serme permitido vivir en ese tiempo. (...) Una lucha por la libertad había comenzado... esta vez no era el destino de Servia o Austria el que estaba implicado, sino si la nación alemana debía ser o no ser" (Mein Kampf, libro I, cap. 5).

Durante los 4 años y medio que Hitler sirvió en la infantería él fue herido dos veces, y recibió una vez la Cruz de Hierro de segunda clase, y la Cruz de Hierro de primera clase la segunda vez. Ya hemos relatado cómo al final de la guerra él había sido gaseado y quedado ciego y había recibido las amargas noticias de la traición y la derrota perpetradas sobre su amada patria.

Es tremendamente importante contar aquí la tragedia, humillación y destrucción que fue amontonada entonces sobre la Alemania de la posguerra. Después de la infame puñalada en la espalda que ella recibió en el frente doméstico por una huelga de municiones, una huelga que fue organizada por la camarilla judía en el núcleo mismo del frente interno alemán, ella fue posteriormente humillada, aplastada y destruída. Con Alemania aplastada hasta el suelo, los judíos entonces la ensillaron con un amargo y vengativo Tratado de Versalles, un tratado escrito y dictado por los judíos para encadenar a Alemania durante los próximos cien años. Los frutos del trabajo alemán serían saqueados por los vencedores, y particularmente por la camarilla internacional judía.

Sobre Alemania el Tratado de Versalles impuso términos de paz severos, dictatoriales y draconianos. Todas las posesiones de Alemania, sus colonias y sus territorios, le fueron arrebatados y divididos entre otras naciones, con Gran Bretaña siendo el principal beneficiario. A los traidores alemanes, que ahora eran los "representantes" de Alemania en las negociaciones de paz, se les hizo firmar una declaración donde aceptaban la responsabilidad plena por haber comenzado la guerra, y donde decían que la culpa de la guerra era de Alemania y del pueblo alemán. Una fantástica suma por "reparaciones" fue impuesta sobre Alemania... una suma tan enorme que era equivalente a aproximadamente tres veces el valor neto de toda Alemania. A fin de pagar aquello, además de los intereses, los alemanes serían esclavizados para siempre.

Pero la vergüenza y la humillación amontonadas sobre Alemania, las reparaciones, las colonias perdidas y la culpa de la guerra, eran sólo una parte de la tragedia extrema que ahora sumergía a Alemania. En casa los alemanes estaban sin líderes e indefensos, con judíos, revolucionarios y traidores dirigiendo su gobierno provisional. El rapaz judío entonces se congregó allí desde todas partes del mundo para saquear, robar y desmembrar el Reich alemán, y perpetrar la revolución y la destrucción sobre la gente indefensa.

En el período inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial, Alemania y su heroica gente alcanzaron un histórico punto bajo. La miseria y la penuria, el hambre y la privación, la angustia y la confusión, eran desenfrenadas en todas partes del país. Millones y millones de personas alemanas estaban sin trabajo y privados de comida. Miles murieron diariamente de hambre. Al mismo tiempo los judíos suministraban fondos a revolucionarios comunistas para que destruyeran Alemania desde dentro y se apoderaran de ella completamente. Los judíos llegaron con dinero desde todas partes del mundo, dinero que ellos habían saqueado y robado de otros países, y entraron con prisa en Alemania y compraron en grandes cantidades toda la propiedad de la gente alemana que pasaba hambre. Los hoteles, los restaurantes, las plantas manufactureras, e incluso sus casas fueron comprados por los judíos por sólo unos centavos. A fin de sobrevivir, el hambreado pueblo alemán no tuvo más remedio que vender sus propiedades, que valían una fortuna, por una fracción de su valor real a esos judíos, sólo a fin de obtener el suficiente dinero para comer. A fin de comprender cuán terriblemente desesperadas eran las condiciones en Alemania en ese tiempo, es necesario avanzar en el estudio de esa deplorable época de posguerra. Ellos, nuestros hermanos Blancos, estaban literalmente viviendo de tarros de basura a fin de sobrevivir.

Los judíos poseían todos los negocios. Ellos habían robado éstos de los alemanes por sólo unos centavos. Ellos tenían toda la buena comida, todas las instalaciones médicas, y al pueblo alemán no se le permitió nada. Muchos alemanes, caminando por las calles, estarían de pie delante de restaurantes, los mismos restaurantes que ellos mismos antes poseyeron, y mirarían dentro, comiéndose su hambre para sus adentros. Los judíos se sentarían en las ventanas de esos restaurantes, comiendo todo tipo de alimentos y delicadezas, mientras los alemanes comían basura. Con su habitual arrogancia, los judíos sostendrían la comida delante de los alemanes que miraban por las ventanas, riéndose de ellos, burlándose de ellos, haciendo cualquier cosa para seguir deshonrándolos.

No parecía haber nada que los alemanes pudieran hacer para rectificar aquello entonces. El control de la policía y de todos los tribunales en Alemania estaba firmemente en las manos de los mismos judíos. Los alemanes no podrían obtener ninguna justicia en absoluto en los tribunales. Los empleos estaban disponibles sólo para aquellos alemanes que no alzaban la voz y que se inclinaban ante los supremos jefes judíos comunistas.

Una mugrienta literatura era desenfrenada en los quioscos de periódicos, e incluso niños pequeños fueron sometidos a ese tipo de degradación, algo que está sucediendo ahora mismo aquí en Estados Unidos. Periódicos, revistas, películas lascivas y literatura obscena de todo tipo eran frecuentes en todas partes. Sin embargo, a nadie se le permitía hablar claro contra los judíos. Las mujeres alemanas fueron maltratadas en las calles, y si ellas se quejaban, eran detenidas por las autoridades. Las escuelas y los colegios estaban infestados de profesores judíos comunistas.


De todas esas manifestaciones trágicas y muchas más que estamos enfrentando en Estados Unidos hoy, Alemania estaba totalmente sumergida en el período entre 1918 y 1933. A menos que usted trabajara con los judíos para la destrucción de la raza blanca alemana, usted era boicoteado, impedido de obtener un empleo, y hasta de obtener suficiente comida para sostener la vida de usted y de su familia.

Los tribunales estaban completamente corrompidos y en las manos de los judíos. Ninguna decisión era tomada nunca a menos que los judíos la aprobaran, o que ellos mismos la adoptaran en primer lugar. Incluso los ricos hombres de negocios que habían trabajado todas sus vidas para construír sus empresas honestamente fueron privados de ellas por los judíos. Muchos de ellos se pusieron a trabajar como trabajadores comunes, si tenían suerte, en las mismas plantas que ellos habían poseído una vez. Las condiciones eran tan lamentables y tan deplorables que la desesperación se aferró al corazón del pueblo alemán. Los hombres y las mujeres alemanes Blancos se acostaban de noche hambrientos y privados de comida, rezando por un verdadero líder leal de sus filas que fuera capaz de librarlos de esa pesadilla judía.

Sus plegarias fueron contestadas. Un gran hombre surgió de sus filas para sacarlos de su miseria. Su nombre era Adolf Hitler, el mismo soldado humilde, ciego y desconocido que había llorado en su litera en el hospital del ejército cuando la traición y el armisticio fueron anunciados el 11 de Noviembre de 1918.

Poco después del armisticio, un muy pequeño grupo había formado un partido político en Múnich. Ellos se llamaban el Partido de los Trabajadores Alemanes. Ellos sólo tenían seis miembros. Sus problemas parecían aplastantes y su futuro parecía desesperado. Así sucedió que en 1919 ese soldado desconocido asistió a una de sus lastimosas reuniones. Su imaginación le dijo que de alguna manera algo significativo podría ser hecho con ese pequeño principio. Él se unió al partido y se convirtió en el miembro de partido número siete.

Con su gran elocuencia al hablar, no descubierta hasta entonces, Hitler comenzó a poner en forma a ese grupo. En 1920 el partido fue rebautizado como el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes.

Durante los siguientes tres años, entre 1920 y 1923, Hitler y sus leales seguidores lograron con gran éxito despertar al pueblo alemán a su herencia racial y su gran pasado histórico. Debemos recordar que en ese tiempo Alemania estaba llena de un lado a otro con revolucionarios comunistas, bolcheviques y otros títeres judíos que incitaban la confusión, la traición y el disenso a través de todo el país, desgarrando a la nación alemana.

Para que Hitler y sus leales seguidores fueran tantos como para sostener una reunión, ellos tuvieron que combatir a los escuadrones de agresivos comunistas para impedir que sus reuniones fueran disgregadas. Una buena parte de su organización de partido tuvo que ser dedicada a combatir con sus puños, si fuera necesario, a fin de defender su derecho a hablar y su derecho a tener reuniones. Esa división, llamada las Tropas de Asalto (Sturmabteilung, las SA), carecía completamente de armas y tenía que confiar en sus puños a fin de defender la existencia de su partido. A pesar de todas las precauciones que ellos tomaron, cientos y miles de ellos resultaron muertos y fueron asesinados en su lucha para salvar a la raza alemana de la destrucción.

Hacia 1923 los judíos habían perpetrado sobre el pueblo alemán la inflación más traidora de la Historia, y se requerían miles de millones de marcos sólo para comprar un pan. Los judíos saquearon Alemania financiera y moralmente. Sus primos judíos de Estados Unidos acudieron en enjambres, y por casi nada, compraron en grandes cantidades relojes de oro, edificios de departamentos, casas, bienes inmuebles, y saquearon completamente al pueblo alemán.

Fue en ese tiempo que el Partido Nacionalsocialista sintió que algo más desesperado tenía que ser hecho para salvar a la nación alemana de la ruina completa. En Noviembre de 1923 ellos organizaron un golpe de Estado en Múnich para hacerse cargo del gobierno bávaro, pero aquello estaba condenado al fracaso. Los judíos todavía tenían el control del ejército alemán y de la milicia, y aplastaron rápidamente esa intentada toma del poder. Dieciséis leales miembros del partido y héroes Blancos fueron muertos en esa tentativa de salvar al Reich alemán.

Hitler escapó de la muerte y fue salvado de un mayor destino por una misericordiosa Providencia. Él fue procesado judicialmente. En algunos de sus discursos en defensa de su partido él manifestó algo de la oratoria más elocuente que hubiera conmovido alguna vez al pueblo alemán. Sin embargo, con los judíos estando con el control completo de los tribunales, él fue condenado a cinco años en la penitenciaría de Landsberg.

Debido a la enorme presión del propio pueblo alemán, él fue finalmente liberado el 20 de Diciembre de 1924 después de nueve meses de encierro. En muchos aspectos, dicho período fue una bendición disfrazada. A causa de ello, por primera vez en su vida, Hitler tenía el tiempo para poner por escrito el credo y los objetivos del Partido Nacionalsocialista. Eso fue compilado en su libro de dos volúmenes conocido como Mein Kampf. Los principios encarnados en aquel clásico son hasta este día un brillante faro que señala el camino para la liberación de la Raza Blanca.

Cuando Hitler fue liberado de la penitenciaría en 1924, él encontró que su Partido se había deshecho, estaba desorganizado, y en el caos. Los bienes del Partido habían sido confiscados por los tribunales, y esos mismos tribunales además le habían prohibido hablan en diversos Estados alemanes. Él enfrentaba ahora una tarea más difícil.

Imbuído de una voluntad indomable y un celo ardiente para resucitar su arruinado país, Hitler siguió adelante. Lentamente la prohibición que le impedía hablar fue levantada en los diferentes Estados, y Hitler renovó sus esfuerzos para reorganizar y construír el Partido con una energía que era casi sobrehumana.

Finalmente el 30 de Enero de 1933 los esfuerzos de su partido eran coronados por el éxito y Hitler se convirtió en el Canciller del Reich alemán.

La multitud de problemas que ahora enfrentaba era colosal y casi insuperable. Él había heredado un país que estaba completamente en quiebra, un país que estaba bajo el peso del tiránico Tratado de Versalles y encaminado a un futuro interminable de esclavitud y servidumbre. El propio pueblo alemán estaba dividido entre los seguidores de Hitler y el Partido Nacionalsocialista, por un lado, y, por otro, los comunistas, los bolcheviques y los judíos, que todavía tenían un ilimitado control de toda la propiedad y las finanzas del país. Alemania estaba sin colonias y sin crédito en todo el mundo.

Alemania estaba completamente desarmada ante un mundo hostil que rodeaba a su pequeño país, el cual, después de todo, no era más grande en área que el Estado de Texas. El país estaba lleno de pobreza y desilusión. Más de seis millones de cesantes habían estado mirando sin esperanzas hacia un triste futuro. Después de 13 años de lucha desesperada, el solitario soldado desconocido de la Primera Guerra Mundial no sólo se convirtió en el jefe del gobierno alemán, sino que llegó a ser el líder del pueblo alemán. Mucho más allá de eso, él se convirtió en el símbolo y el líder de toda la gente Blanca de todo el mundo en su lucha contra el monstruo judío.

A partir del momento en que Hitler subió al poder en Enero de 1933, un milagro pareció extenderse a través de la tierra de Alemania. Rápidamente el pueblo alemán otra vez comenzó a tener esperanza y orgullo y objetivo. Con su genio para la inspiración, la organización y el mando, dentro de dos años, mientras el resto del mundo todavía se revolcaba en la depresión y la cesantía, Hitler había solucionado completamente el problema del desempleo para el pueblo alemán. Ahora cada uno estaba trabajando. Las grandes nuevas súper-carreteras estaban siendo construídas. El trabajador promedio comenzó a desear poseer una casa propia. La gente trabajadora que antes difícilmente podía permitirse poseer una bicicleta ahora podía permitirse poseer un Volkswagen. Mientras que Alemania había estado completamente desarmada e indefensa, Hitler instituyó nuevamente el servicio militar, aumentó los armamentos de Alemania y la convirtió en una nación que fue temida y respetada por sus enemigos.

Los judíos fueron echados de sus cargos, de los tribunales y del gobierno. Se aprobaron leyes raciales que prohibían a los judíos ser ciudadanos de Alemania. Ya no fue tolerado que los judíos asumieran posiciones en universidades y colegios donde ellos podrían engañar y contaminar las mentes de la juventud alemana. Los judíos fueron excluídos de la abogacía. Ellos fueron excluidos de posiciones de dirigencia en teatros y centros culturales; ellos fueron excluídos de posiciones de mando en la banca, en los medios informativos y en el campo de la propaganda nacional. Contrariamente a las muchas mentiras judías que han sido publicadas con respecto a ese período en Alemania, los judíos no fueron físicamente maltratados. Tampoco ninguno de ellos fue muerto, o encarcelado, o dañado de alguna manera, aparte de los derechamente criminales. Éstos fueron tratados del mismo modo que cualquier otro criminal, incluyendo cualquiera de nacionalidad alemana. Sin embargo, con su poder trasquilado, muchos judíos decidieron abandonar Alemania, para gran alivio del propio pueblo alemán.

Una vez liberados de la dominación y subyugación judía, el resurgimiento en Alemania fue un milagro digno de contemplar. Al atribuír las razones de la milagrosa recuperación de Alemania bajo Hitler, la mayor parte del crédito debe ser dado al inspirador liderazgo de Hitler. También su genio para la organización y la capacidad de la gente alemana para producir y crear fueron factores principales en su recuperación.

Sin embargo, no la menor de las acciones que emprendió Hitler que cambiaron inmediatamente la angustia económica en Alemania, fue el hecho de que él liberó el sistema monetario alemán de la esclavitud ante el interés monetario de los banqueros judíos. El gobierno de Hitler emitió su propio dinero alemán, dinero que no fue emitido por banqueros judíos o apoyado por el oro judío. Fue apoyado por la capacidad de Alemania para producir, y no estaba sujeto a las manipulaciones de los bancos judíos, ni a la Bolsa. Fue un dinero emitido sin interés, sin el interés judío y sin ninguna manipulación judía. Eso es algo de lo cual ningún otro país en el mundo disfrutó entonces, o disfruta ahora. Ese mismo factor fue de tremenda importancia en la recuperación sin precedentes que se difundió por Alemania durante los años '30.

No es posible enumerar la multitud de logros llevados a cabo en Alemania durante la época de Hitler del tiempo de paz entre 1933 y 1939. Hacer eso requeriría muchos volúmenes de Historia. No tenemos el espacio para hacer aquello, ni ése es nuestro objetivo en este tratado. Haré por lo tanto un muy breve resumen enumerando algunos de los más importantes durante ese período tremendamente productivo en la historia de la raza blanca.

Tras conseguir las riendas del poder en Alemania, Hitler comenzó una reorganización política, económica y social de Alemania, estableciendo al Partido Nacionalsocialista como el único partido político, en Julio de 1933; intentando la coordinación religiosa de los alemanes, en Julio de 1933 y Abril de 1935; regulando el trabajo y la industria nacional, en Enero de 1934; designando al doctor Joseph Goebbels como coordinador de la propaganda y de la vida cultural; y ejecutando a miembros del Partido recalcitrantes y opositores políticos peligrosos en la purga de Junio de 1934. "Los motines están suprimidos", advirtió Hitler, "de acuerdo con leyes de hierro, que son eternamente las mismas". Después de la muerte de Von Hindenburg en Agosto de 1934, Hitler unió los cargos de Presidente y Canciller del Reich en él mismo y asumió el título de Der Führer (el Líder).

Entre 1933 y 1938 Hitler expulsó a los judíos alemanes de la mayor parte de las profesiones, los privó de posiciones de mando en las empresas, y autorizó las leyes de Núremberg que prohibían o regulaban las relaciones domésticas "entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o similar".

Durante el curso de la revolución, entre 1933 y 1939, Hitler fue capaz de despertar, organizar e influír en la educación de la juventud de Alemania, para cambiar la psicología nacional desde una de desesperación a una de confianza en su Tercer Reich, y reducir el desempleo alemán con medidas que culminaron en el plan doméstico de cuatro años de Septiembre de 1936 y mediante un plan anexo para el rearme total.

Ya que él sabía que los judíos harían cada intento para agitar a las naciones circundantes para que aplastaran su nuevo Reich alemán, libre de judíos y floreciente, a partir del mismo momento de su ascenso al poder, Hitler comenzó un ordenado y planificado preparativo para la guerra, si la guerra llegara a ser necesaria para defender su patria y su pueblo. Sin embargo, él alargó su mano de amistad con la esperanza de paz a sus vecinos circundantes, los cuales ahora estaban siendo incitados por sus amos judíos para instigar la guerra y el odio sobre Alemania. Hitler restableció el servicio militar en Marzo de 1935 y por otra parte desechó el tiránico Tratado de Versalles. Él propuso la paz a las potencias occidentales en Mayo de 1935. Él ocupó de nuevo y fortificó la región del Rhineland, y rechazó el Pacto de Locarno en Marzo de 1936. Uno de sus mayores triunfos fue la reunión de su patria de origen, Austria, con su madre patria, Alemania, el 14 de Marzo de 1938.

La unión de la gente alemana de Austria con la de Alemania había sido intentada y anhelada por millones de alemanes durante muchas generaciones. El "Anschluss" o la unión política de Alemania y Austria fue llevada a cabo. Hitler hizo una entrada triunfal en Viena, la ciudad que no le había dado sino privación y angustia en su juventud temprana. Indudablemente cuando él se dirigió a la gente alemana en Viena, que estaba loca de entusiasmo y júbilo, aquélla fue probablemente la hora más grande de la vida de Hitler.

Había todavía más de tres millones de alemanes justo al otro lado de la frontera en Checoslovaquia en un área llamada Sudetenland, un área que había sido separada del corazón de Alemania por el traidor Tratado de Versalles. Los judíos entonces empezaron a perseguir, asesinar y atormentar a esos tres millones de alemanes dentro de sus garras. Ésa era una situación que ningún alemán honorable podría tolerar durante mucho tiempo. El 29 de Septiembre de 1938 los Primeros Ministros de Gran Bretaña y Francia y el Duce de Italia se reunieron en Múnich para oír las demandas de Hitler de la cesión de la Sudetenland por parte de Checoslovaquia. A mediados de Octubre las tropas alemanas ocuparon dicha área, y otros tres millones de alemanes fueron unidos a su madre patria. El 15 de Marzo de 1939 las tropas alemanas ocuparon y absorbieron el resto de Checoslovaquia, una región políglota de nacionalidades mezcladas, antes una parte del Imperio austriaco, pero artificialmente formada como un país separado por los traidores fabricantes del Tratado de Versalles.

Hitler en Karlsbad, República Checa, 4 de Oct. 1938

 El Tratado de Versalles también había puesto clarividentemente las semillas para la disensión entre Alemania y Polonia al formar malévolamente una enorme masa de tierra por el medio de Prusia del Este y traspasándola a Polonia, cortando así a Alemania en dos. Podemos imaginar lo que eso sería si en nuestro propio país aquí en Estados Unidos un corredor enorme fuera establecido por el medio de Texas que cortara la mitad inferior y cediera dicha área, por ejemplo, a Méjico. Eso es lo que los judíos traidores habían hecho a Alemania en el Tratado de Versalles de 1919. Además, ya que los judíos que tenían el control de los países circundantes ahora iban todos a instigar el odio y la guerra contra Alemania, ellos nuevamente aplicaron la misma táctica de asesinato, tortura y acoso de los alemanes que vivían en el corredor polaco, un área que durante siglos había pertenecido a Alemania. Una vez más, los alemanes fueron en ayuda de sus hermanos de sangre. De acuerdo con su honor nacional, ellos no podían sentarse ociosamente y ver a sus hermanos alemanes asesinados, atormentados y torturados justo al otro lado de la frontera, sobre todo en la tierra que en forma legítima pertenecía a Alemania.

Hitler hizo todo lo posible para tratar de solucionar ese problema pacíficamente. Cuando él vio que los gobiernos democráticos controlados por el judío no querían ser razonables ni estaban dispuestos a ningún acuerdo, Hitler dio a los polacos un ultimátum. Ese ultimátum fue arrogantemente rechazado por Polonia, y el 1º de Septiembre de 1939 la Wehrmacht de Alemania marchó hacia Polonia y aplastó completamente a las fuerzas polacas y a su gobierno en un breve período de tres semanas.

Francia e Inglaterra, en ese entonces completamente controladas por los judíos, como de hecho lo están hasta este día, usaron esa excusa para declarar la guerra contra Alemania, siendo la excusa el que ellas estaban obligadas a acudir en defensa de Polonia. El hecho de que ellas no tenían ninguna intención de rescatar a Polonia, y nunca lo hicieron, sino que únicamente estaban determinadas a aplastar a una Alemania que se había liberado de los judíos, dejó de ser percibido por el resto del mundo.

Sabemos lo que siguió después. Con los medios de la propaganda y el dinero, y con el control del gobierno en las manos de los judíos en el resto del mundo, incluyendo a Estados Unidos, un país tras otro fue acuciado y engañado para declarar la guerra al pueblo alemán. En vez de seguir el ejemplo del pueblo alemán y ayudar al resto de la gente Blanca a liberarse de los judíos, la pobre engañada gente Blanca de Estados Unidos, Inglaterra y Francia permitió que ellos fueran usados como un montón de ganado no sólo para ayudar a los judíos a destruír Alemania y a los alemanes, sino al final para provocar su propia auto-destrucción. Nuevamente, no es nuestro objetivo aquí examinar la historia de la Segunda Guerra Mundial. Ha sido examinada y escrita (y distorsionada) por la prensa judía en mil libros y en decenas de miles de artículos.

Sabemos que los títeres judíos, como aquel demencial súper-egotista Franklin D. Roosevelt, y aquel borracho agente sionista Winston Churchill, tuvieron éxito en mentir a sus pueblos, en engañarlos y en incitarlos a una guerra del lado que sería para sus peores propios intereses. El pueblo alemán, con uno de los mayores líderes que la raza blanca haya producido alguna vez, luchó con bravura y valientemente. Sus gloriosas proezas quedarán para siempre grabadas en las páginas de la Historia donde el heroísmo está registrado. Sin embargo, Alemania, que sólo tuvo un breve período de seis años para recuperarse de la bancarrota financiera, industrial y espiritual, y que es un país que en área es sólo del tamaño de Texas, fue capaz de resistir durante 5 años y medio antes de que fuera aplastada por la mayor parte del resto del mundo, incluyendo los recursos enormes de Estados Unidos y de la Rusia soviética.

Nuevamente repetimos, no es nuestro objetivo aquí examinar la historia del trágico Armagedón, esa trágica guerra fratricida en la cual el hermano Blanco mató al hermano Blanco, una mitad luchando por su supervivencia y liberación bajo el talón judío, y el otro lado bajo la influencia demente de su enemigo mortal, el traidor Judío Internacional. Es más bien nuestro propósito aquí esbozar esos acontecimientos en un marco aproximado y sacar nuestras lecciones y conclusiones de esta revisión. ¿Qué lecciones podemos aprender de ese poderoso episodio de la Historia que abarcó un período de menos de 25 años?.

En primer lugar, podemos estar tremendamente orgullosos de que la raza blanca pueda producir a un líder tan grande y magnífico como fue encarnado en Adolf Hitler. Por otra parte, no podemos sino estar completamente avergonzados de que tantas buenas personas Blancas hubieran sido demasiado estúpidas como para no reconocer a ese gran genio en medio de ellos. En segundo lugar, debemos bajar nuestras cabezas de vergüenza porque la gente Blanca haya sido lo bastante crédula para permitir que ellos fueran engañados por el judío traidor para destruír su mayor oportunidad de salvación y liberación de la miserable pestilencia mundial del judaísmo.

Nosotros podemos estar, sin embargo, tremendamente animados y cobrar aliento por el hecho de que el poder judío realmente fue roto dentro de un área grande de Europa. De hecho, Hitler y el pueblo alemán estuvieron a punto de liberar al resto de la Humanidad de la tiranía del judío internacional. Si la mano del destino hubiera intervenido sólo de manera un poco diferente en varias circunstancias, la victoria permanente podría haber resultado en el lado del hombre Blanco.

Por ejemplo, si la ocurrencia de los hechos hubiera sido sólo un poco más tarde, no sólo es posible, sino muy probable, que los científicos alemanes, en una Alemania revitalizada y energética, habrían perfeccionado la bomba atómica antes de que hubiera sido posible en un Estados Unidos decadente y acosado por la depresión. Fue sólo bajo la inspiración y la presión de la guerra que Estados Unidos pudo reunirse para emprender un proyecto tan enorme. Si la guerra hubiera sido retrasada, digamos sólo en tres o cuatro años, es muy probable que Alemania habría tenido la bomba atómica primero, y si ellos la hubieran tenido primero, la historia habría resultado de manera diferente y más favorablemente para la raza blanca, y catastróficamente para la raza judía.

O, si hubiera surgido un líder Blanco de estatura similar a Hitler durante los años '30 en el Estados Unidos acosado por la depresión, las cosas habrían resultado ciertamente muy diferentes para los judíos y para el destino de la raza blanca. Tuvimos realmente unos cuantos líderes que mostraron alguna promesa, como Huey Long en Louisiana —quien, a propósito, fue asesinado por un doctor judío— o Charles Lindberg, que pudo haber conducido al pueblo estadounidense. Lamentablemente, Lindberg no tenía mucho la fibra espiritual.

O, si aquel miserable y borracho títere judío, Winston Churchill, hubiera sufrido la muerte por cualquiera de varios motivos durante la Batalla de Gran Bretaña, la voluntad del pueblo británico podría haber colapsado y con ello los esfuerzos de guerra de los enemigos del pueblo alemán y de su lucha por la libertad.

O quizá si el primer invierno después de que los alemanes invadieron Rusia en 1941 no hubiera llegado tan lamentablemente temprano y no hubiera sido tan tremendamente severo, los alemanes podrían haber conquistado Rusia en el primer año. Habiendo colapsado la resistencia rusa, los alemanes podrían haber sido capaces de organizar los enormes recursos naturales de aquel país y haber proporcionado una amplia y maravillosa base que el resto del mundo no habría sido capaz entonces de aplastar bajo ninguna circunstancia.

O alguna otra invención técnica podría haber surgido en el lado de los alemanes, como los cohetes V2, que les habrían dado una temprana ventaja y liderazgo en la guerra y habrían decidido la victoria en su favor.

En cualquier caso, es seguro suponer que la victoria podría haber llegado muy fácilmente del lado del hombre Blanco que luchaba por su libertad y haberse dado vuelta contra la conspiración judía mundial. El hecho es que ello casi ocurrió, y la última cosa en el mundo de la que la raza blanca debe hacerse cargo es la idea de que la victoria de la conspiración internacional judía es inevitable. Es nuestro destino manifiesto hacernos supremos en todo el mundo. Debemos mantener por siempre esto encima en nuestra mente con una determinación indomable y una pasión inextinguible. La victoria completa del hombre Blanco es de máxima importancia para su supervivencia. Para el hombre Blanco se trata de la Supremacía Blanca o la extinción. El hombre Blanco nunca fue creado para llegar a ser un esclavo de una raza parásita que nunca fue capaz siquiera de fundar una cultura.

Hoy tenemos pruebas abrumadoras de los judíos mismos en cuanto a qué importante amenaza ellos ven en la filosofía racial de Hitler. Casi 30 años después de la muerte de Hitler, es apenas posible tomar un periódico sin ver impresas algunas mentiras falsas y despectivas sobre Hitler. Difícilmente podemos encender un televisor, pero de alguna manera, en algún lugar, una insinuación, un comentario insultante es dejado caer, un ataque al pasar es hecho contra Hitler. Tal como en el ataque que ellos hacen contra los romanos, los judíos continuamente y por siempre siguen atacando y desacreditando aquello que es lo mejor en la Raza Blanca. Por consiguiente, incluso hoy, Adolf Hitler y los romanos reciben más maltrato y difamación del aparato judío de difamación que cualquier otro objetivo.

Hay, sin embargo, algunas deficiencias en la filosofía nacionalsocialista y el programa de Hitler que nosotros también deberíamos reconocer, y debiésemos aprender nuestras lecciones de ellos.

Una de las debilidades básicas del programa de Hitler era que fue fundado casi completamente sobre la estrecha base de la supremacía de la raza alemana más bien que la supremacía inclusiva de la raza blanca. La Historia muestra muy claramente que la nación británica tuvo la voluntad, la energía y el genio para construír el Imperio británico, un Imperio que abarcó aproximadamente un cuarto de la superficie de la Tierra. También sabemos que la nación francesa produjo un gran arrebato de energía y éxito militar bajo el mando de Napoleón. Está también abundantemente claro que grandes genios fueron producidos en el campo de la pintura por naciones tales como Holanda, Francia, Italia, Inglaterra, Bélgica y otras. En el campo de la música tenemos grandes genios de la ópera en Italia, como Verdi, Puccini, Mascagni y muchos otros. En el campo de la ciencia hay muchísimos genios que han contribuído al campo de la química, la física, las matemáticas, la invención y la tecnología desde las filas del hombre Blanco de muchas naciones. En el campo de los descubrimientos tenemos a hombres como Colón, el capitán James Cook y cientos de otros.

En cualquier caso, sin pormenorizar en exceso el asunto, es absolutamente claro que la base debería ser lo suficientemente amplia para incluír a toda la gente Blanca en general. Si bien el llamado de Hitler estuvo básicamente dirigido hacia el pueblo alemán, sin embargo, con toda justicia hacia Adolf Hitler, creemos que era su intención trabajar para la salvación de la Gente Blanca en su conjunto, pero desafortunadamente, a fin de conseguir una organizada base de lucha, él tuvo que organizar en primer lugar al pueblo alemán. Él hizo aquello sobre una base partidista que reunió al pueblo alemán, y describió a los británicos y los franceses como sus enemigos pasados y futuros. Si eso pudo haber sido hecho de un modo diferente en el breve tiempo que él tuvo para impedir la subyugación completa de Alemania ante las garras del bolchevismo, hoy sólo podemos conjeturarlo. En cualquier caso, es deplorable que el corazón y el alma de la filosofía nacionalsocialista estuvieran basados sobre un fundamento estrecho que principalmente incluye sólo al pueblo alemán y que apoya el pan-germanismo.

* * * *

Ideológicamente, nosotros, los de la Iglesia del Creador (Church of the Creator), nos separamos del Nacionalsocialismo en este punto. Apoyamos el Socialismo Racial, no al Nacionalsocialismo. Creemos que el nacionalismo es una idea que desune a la gente Blanca del mundo, no una fuerza de unificación. Al igual que la religión, ha sido usado para dividir a los pueblos Blancos del mundo durante siglos, con guerras y destrucción consiguientes. No sólo han luchado los franceses contra los ingleses, y los ingleses y los franceses contra los alemanes, etc., sino que durante la guerra entre Austria y Prusia incluso alemanes mataron a alemanes, todo so pretexto del nacionalismo.

Por lo tanto rechazamos el Nacionalsocialismo y lo sustituímos por el Socialismo Racial. No estamos particularmente preocupados de si un hombre Blanco es un inglés, un alemán, un francés o un noruego. Nuestro lazo común es la raza, no la nacionalidad. El judío durante siglos ha sido completamente indiferente en cuanto a si uno de los suyos era de nacionalidad estadounidense, inglesa o alemana. El lazo común es su raza y su sangre. Su fuerza ha sido en gran parte debida a esa Lealtad Racial innata.

Tampoco estamos preocupados en cuanto a si un hombre Blanco es nórdico, ario, alpino o mediterráneo. Eso, también, es disgregador y excluiría a muchos de nuestros buenos hermanos Blancos. Por lo tanto, hablamos de la raza blanca y nunca de ario, caucásico, etc.



También debemos pensar de acuerdo a la Lealtad Racial a la Raza Blanca. Nunca debemos ser otra vez atrapados en la red del nacionalismo como una cuña divisoria usada para instigar guerras entre miembros de la raza blanca.

Por esta razón basamos nuestro credo entero en el Socialismo Racial, no en el Nacionalsocialismo. Esta diferencia es de una importante significación. En un capítulo siguiente exploramos esta idea con más detalle.

* * * *

La segunda crítica que tengo contra Adolf Hitler y su programa es que éste fue fundado sobre una base política más bien que construído siempre sobre una base religiosa. Hitler realmente nunca trató con el problema del cristianismo, y en cambio lo toleró y trató de coexistir al lado de ello. En ninguna parte él señaló alguna vez que el cristianismo era una creación judía, perpetrada sobre la raza blanca a fin de destruírla. Mientras Hitler trató de vivir y dejar vivir, en lo que a las religiones cristianas se refiere, ellas por su parte lucharon contra él con dientes y uñas. La Iglesia católica, desde su oficina central mundial en Roma, colaboró con los judíos y con los comunistas e hizo todo lo posible para socavar y bloquear la lucha del pueblo alemán por la libertad contra la conspiración judía mundial. La Iglesia Protestante no fue menos agresiva y fanática en su campaña para aplastar ese gran despliegue racial. Incluso en la propia Alemania las Iglesias católica y Protestante lucharon contra Hitler en cada pulgada del camino y usaron su influencia moral y espiritual para dividir a la gente y ponerla en contra de su gobierno. Incluso durante el crítico período de guerra los líderes de Iglesia en Alemania cometieron actos indecibles de traición contra su propio pueblo y su gobierno cuando éstos estaban involucrados en una lucha de vida o muerte.

Es abrumadoramente evidente que una religión que enseña que los judíos son el "pueblo elegido de Dios", que ellos tienen una componenda amorosa con Yahvé, que ellos son intocables porque Yahvé dijo: "Maldeciré a los que te maldigan, y bendeciré a los que te bendigan", es completamente incompatible con una filosofía de Supremacía Racial Blanca. Por lo tanto, creo que Hitler hizo sólo parte del trabajo abordándolo desde una base política y militar más bien que fundar una religión completamente nueva que abarcara y uniera a la raza blanca entera del mundo en oposición a las razas de color.

También el hecho de que él formara una alianza con el Imperio japonés, un Imperio de la raza amarilla, es algo que debilita el concepto entero de la Supremacía Racial Blanca. Nuevamente, para ser justos con Hitler, quizá bajo la presión del tiempo y la conveniencia, él no tuvo ninguna otra opción. Quizás, una vez que él hubiera ganado la guerra, y estuviera con el firme control de los recursos y los medios para realizar ulteriores cambios revolucionarios, él habría tenido que tratar con las Iglesias y su engañoso e hipócrita socavamiento de la raza blanca. Quizá él lo hubiera hecho, pero en aquella etapa y en aquellas circunstancias él no era capaz de hacer eso.

Él organizó la Juventud Hitleriana e inculcó en ellos una filosofía completamente nueva, a saber, la filosofía de "Sangre, Suelo y Honor". Ciertamente la juventud adoctrinada en las nuevas ideas raciales no era animada a ir a la iglesia. De hecho, la oportunidad de la mayor parte de esas reuniones entraba en conflicto con el tiempo que ellos podrían haber pasado en la iglesia. Los sacerdotes y los "pastores" eran violentamente celosos del atractivo que la filosofía del Partido Nacionalsocialista tenía sobre la juventud, y de que ellos estuvieran perdiendo a la juventud en favor del Partido. Si Hitler hubiera ganado la guerra, y hubiera tenido más tiempo, creo que eso habría resultado indudablemente en la desaparición de las Iglesias cristianas y en el reemplazo eventual de aquella filosofía suicida con una nueva y vigorosa ideología racial basada en la supervivencia y supremacía de la raza blanca.

Sea como fuere, estoy firmemente convencido de que la supervivencia de la religión cristiana y la supervivencia de la Raza Blanca son incompatibles. El cristianismo sobrevivirá el suficiente tiempo para destruír a la raza blanca, en cuyo caso el cristianismo será destruído junto con ella, o la raza blanca recobrará su juicio, se liberará de las garras suicidas de la filosofía cristiana, y encontrará su propia religión basada en la pureza y la supremacía de su gran destino racial.

Primero leí Mein Kampf de Hitler en el original alemán cuando yo tenía 20 años. Lo he releído muchas veces en la versión inglesa. Si bien creo que es uno de los grandes libros de todos los tiempos, no creo que sea de ningún modo la respuesta completa al problema de Estados Unidos, hoy, en los años '70. Tiene muchas deficiencias. Algunos de éstas son: (a) Está basado en un enfoque político más bien que en uno religioso, (b) Enfatiza el pan-germanismo más bien que la raza blanca en su conjunto, y (c) No trata con el cristianismo judío, una omisión muy crucial. Ya he mencionado esto en mi revisión del Nacionalsocialismo. Hay, sin embargo, varios otros factores que lo hacen completamente inadecuado como un programa para la raza blanca de Estados Unidos hoy.

En primer lugar, el libro fue escrito en 1924, hace casi 50 años, en una Alemania derrotada y desgarrada por la guerra, un país en una situación muy diferente de la de Estados Unidos hoy. Si bien la causa de los problemas alemanes de entonces era la misma causa que la de nuestros problemas hoy —a saber, el Judío Internacional— sin embargo, nuestra situación es enormemente diferente. Mientras que Alemania en los años '20 estaba desesperadamente pobre y privada de comida, en Estados Unidos en los años '70 disfrutamos, superficialmente al menos, de la mayor riqueza en la historia de la Humanidad. Mientras que Alemania era una nación derrotada y agobiada con el monstruoso Tratado de Versalles, aquello tiene poco o ningún significado para el estadounidense promedio de hoy. Sin embargo, en una gran parte de su libro Hitler critica fuertemente los males del Tratado de Versalles. El hambre y el desempleo eran desenfrenados en Alemania en los años '20.

Hoy, en Estados Unidos estas cuestiones son irrelevantes para el trabajador estadounidense promedio, ni tampoco él siquiera sabe de qué se trataba el Tratado de Versalles. Nosotros, por lo tanto, encontramos que para el estadounidense promedio Mein Kampf no es sólo difícil de entender, sino también difícil de leer, y no atiza el fuego.

Nuestros problemas son inmensamente diferentes. Mientras que, fuera de los judíos que estaban entre ellos, los alemanes eran racialmente de una clase, en Estados Unidos la marea creciente de los negros es una realidad espantosa y siniestra de la cual cada estadounidense está consciente. Sin embargo, con los judíos, liberales y comunistas que difunden propaganda de mezcla de razas por carretadas, el estadounidense Blanco promedio está terriblemente confundido en cuanto a la solución.

Luego hay muchas otras cuestiones: Vietnam, el abusivo transporte escolar en buses [busing], la asistencia social para los negros, el delito en las calles, y un ejército de otros males que plagan al estadounidense promedio hoy que son diferentes de los de la alemana República de Weimar de los años '20, que es la base del libro de Hitler.

Sin entrar en más detalles, por las razones mencionadas y otras, me parece que no es la solución correcta mirar hacia el Nacionalsocialismo como el programa estadounidense para salvar a la raza blanca. Necesitamos una ideología más completa, de gran alcance, que esté incorporada no sólo en la política sino en nuestra misma religión, una que pueda abrazar a toda la gente Blanca del mundo, lejos y más allá de los alemanes. Además, con el estigma que el judío ha colocado sobre la Esvástica y el Nacionalsocialismo como tales, es un formidable (e innecesario) obstáculo acercarse a la puerta de un potencial miembro de la Iglesia del Creador desplegando un brazalete nacionalsocialista. A usted se le prohibirá la entrada antes de que usted siquiera comience. Cuánto más receptiva sería su bienvenida si en cambio usted se dirigiera a ellos como representando los intereses de su propia raza, la raza blanca.

Por lo tanto, concluyo que si bien Hitler ha hecho una contribución enorme a la raza blanca, ha mostrado que un gobierno con una base racial tiene una gran ventaja sobre una democracia políglota, ha expuesto a la red judía internacional a nivel mundial, y ha mostrado la superioridad del Principio del Liderazgo, no obstante ni el Mein Kampf ni el Nacionalsocialismo son, por sí mismos, más que una solución parcial para los problemas de Estados Unidos hoy, y para la raza blanca del mundo en su conjunto.

Por lo tanto necesitamos, y ahora tenemos, un credo más completo, uno que abarca a la raza blanca total, que está fundado en una base racial y religiosa, y que ha sido puesto al día para que se adapte a la situación en el principal baluarte de hoy del potencial Poder Blanco: Estados Unidos.

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En cualquier caso, debemos construír ahora a partir de donde este gran líder acabó. Debemos hacerlo ahora. Nos ha sido dado un respiro extra, y debido a los sacrificios y los esfuerzos supremos de este gran líder y del pueblo alemán, tenemos más tiempo para llevar a cabo nuestro objetivo. En este tiempo intermedio, con las Iglesias que se han vuelto completamente liberales y se han depravado y degradado ellas mismas con mezcla de razas y que han unido manos con el comunismo judío, ahora tenemos una excelente oportunidad tanto para destruír esas filosofías judías suicidas como para construír una nueva religión para la raza blanca. Podemos agradecer a Adolf Hitler por el tiempo extra que nos ha sido concedido.

En general, hay muchas cosas de las que podemos estar tremendamente agradecidos que las debemos a este el más grande de todos los líderes de la raza blanca. Él nos ha dado una gran inspiración y una gran esperanza de que esta pestilencia judía puede ser destruída. Él ha alertado el mundo entero ante el hecho de que hay una amenaza judía y de que el comunismo es básicamente una creación judía. Él ha mostrado al mundo que la raza blanca, también, puede unirse sobre la base de vínculos raciales, y que una vez que ellos hayan hecho eso, pueden luchar como gatos monteses en defensa de su raza, su país y su honor. Hitler ha mostrado al mundo y a la Historia el valor integral de la raza misma, y que la raza es la base de todo progreso, cultura y civilización. Él ha mostrado al mundo la enorme superioridad del Principio del Liderazgo sobre el proceso democrático judío. Él ha demostrado la superioridad de dicho Principio no sólo en tiempos de guerra sino también en el enorme progreso que una Alemania en bancarrota hizo durante seis breves años de paz. Ese notable registro fue claramente demostrado bajo el liderazgo de un hombre Blanco, con el control del destino de una nación Blanca, empleando el superior Principio del Liderazgo.


Él ha mostrado el camino a la organización superior en la forma misma del gobierno, que es un modelo a imitar para futuros gobiernos Blancos. Él ha avanzado y ha dado una nueva dirección en el campo de las artes y la cultura.

El régimen nacionalsocialista de Hitler puede ser considerado como el primer verdadero gobierno basado en principios raciales que la raza blanca haya tenido alguna vez. La mayor parte de las personas están completamente confundidas acerca del movimiento fascista de Mussolini y el movimiento nacionalsocialista de Hitler. Ellos los equiparan como si fueran lo mismo, pero eso no es verdadero.

Ambos estaban basados en el Principio del Liderazgo, y ambos sacaron a sus países del cenagal del comunismo judío. Pero la diferencia significativa era ésta: mientras que el fascismo de Mussolini consideraba al Estado como la consideración principal, Hitler dijo que la Raza era todo, y que el Estado era simplemente un contenedor para proteger y fomentar los mejores intereses de la raza. Ésta es una diferencia tremendamente importante, y por esta razón considero a la Alemania de Hitler como la que tuvo el primer gobierno realmente racial que la raza blanca haya tenido alguna vez.

En resumen, podemos decir que Adolf Hitler nos ha comprado al menos 50 años de tiempo para vencer a la red judía mundial. Sin su gran lucha, indudablemente el mundo entero estaría ahora bajo la garra de hierro de la tiranía judía en el mismo grado que lo está ahora la Rusia soviética. Él ha hecho a la raza blanca entera sentirse orgullosa del liderazgo heroico que él dio al pueblo alemán y de la inspiración de la que él los imbuyó en su heroica lucha por la libertad. Él fundó una nueva filosofía que estaba basada en el valor de la raza en una forma que nunca había sido antes presentada y a un grado que nunca antes había sido promovido. Él dio a la raza blanca el estímulo enorme de que la conspiración judía puede ser destruída, y de que será destruída. Por estos motivos y muchos otros, podemos decir sin reservas que Adolf Hitler fue el mayor líder que la raza blanca haya tenido alguna vez y el hombre Blanco más grande que alguna vez haya vivido.

El 30 de Abril a las 15:00 horas, Adolf Hitler fue muerto en combate mientras defendía Berlín de las hordas mongolas del Este. Al contrario de la versión enemiga, él no se suicidó, ni tampoco escapó a otro país. El 1º de Mayo de 1945, la radio alemana transmitió el siguiente mensaje: "Desde el cuartel central del Führer se reporta que nuestro líder, Adolf Hitler, fue muerto en acción esta tarde luchando en la línea del deber hasta su último aliento por Alemania, contra el comunismo...". Él no murió en vano. Él y millones de alemanes heroicos murieron luchando por nuestra causa a fin de que la raza blanca pudiera sobrevivir antes de la diabólica embestida judía.

Hoy, más de un cuarto de siglo más tarde, el espíritu de Hitler está más vivo y floreciente en los corazones de millones de camaradas raciales Blancos militantes que nunca antes en la Historia. Con los crímenes de los judíos y los negros que se hacen más escandalosos cada día, la gente Blanca está harta y está lista para luchar. Ellos están buscando a un líder para que se haga cargo del mando en la próxima batalla.

De este el más grande de los hombres Blancos hemos recibido la dirección y la inspiración. Él dijo estas inspiradoras palabras:

"Cuando los corazones humanos se rompen y las almas humanas se hunden en las profundidades de la desesperación, entonces, desde las oscuras sombras del pasado, los grandes antepasados, que supieron vencer la ansiedad y la aflicción, la esclavitud mental y física, los contemplan y ofrecen sus manos eternas a los desesperados mortales. ¡Ay de la nación que se avergüenza de tomarlas!" (Mein Kampf, libro I, cap. 12).

Hitler ha indicado que él y su pueblo han hecho su parte, y la lucha tendrá ahora que ser asumida en el corazón de Estados Unidos de aquí en adelante. Él nos está ofreciendo su mano ahora, animándonos a seguir adelante.

Reanudemos la lucha ahora donde él la dejó, ¡y juremos terminarla!.–



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